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el tintero / OPINIÓN

La convivencia Europea

En estos primeros días del Nuevo Año se cumplirá un cuarto de siglo desde que la banda terrorista ETA asesinó en Valencia a Manuel Broseta Pont y el XXV Premio Convivencia exalta los valores de “convivencia, democracia y derechos humanos” que impulsaron la UE, esa unión política y social que hoy disfrutamos los españoles

8/01/2017 - 

Empezamos 2017 con la macabra noticia del atentado en una sala de fiestas de Estambul, de nuevo el terrorismo yihadista golpeaba a la sociedad occidental –en un país que está inmerso en esa pugna entre Occidente y Oriente–, además en un momento de especial festejo como es el Año Nuevo. Parece que ese es el sino de esta época.  Pese a todo en España y Europa estamos infinitamente mejor que en muchas partes del mundo. Los atentados con cientos de muertos se suceden casi a diario en algunas partes del mundo como África u Oriente Medio; en otras se viven situaciones dramáticas a nivel humanitario como vemos en la Venezuela de Maduro y hay países donde la falta de libertades y derechos fundamentales es flagrante, por ejemplo Corea del Norte.

El mundo está cada vez más interrelacionado, la globalización que parecía centrarse en el comercio y las relaciones personales, por desgracia ha demostrado también que tiene una vertiente en el terrorismo yihadista. En el año que acabamos de dejar atrás hemos empezado a habituarnos a los atentados indiscriminados en suelo europeo –Francia, Bélgica, Alemania– y todo apunta a que esta cruel realidad seguirá presente en nuestras vidas. Terrorismo que destroza la vida humana y altera la convivencia pacífica, ese anhelo que fue una de las claves que dio origen a la Unión Europea, cuando sus líderes visionaron una Europa hermanada, sin fronteras, con un mercado único, una moneda común y una estructura supranacional a nivel político.

Esa Europa que hoy se enfrenta al reto de diluirse en el discurso impuesto desde las élites políticas y sobre todo económicas, esas mentes ilustradas que desde apartamentos a orillas del Sena y recepciones diplomáticas entre los muros de los viejos palacios de las capitales más bellas del planeta, pretenden ignorar la dureza a la que se enfrentan millones de europeos. Ciudadanos franceses, alemanes, españoles, polacos, austriacos o belgas que viven en pueblos y barrios y comprueban a diario lo duro que es sobrevivir entre los excesivos impuestos de la burocracia estatal y la inseguridad ciudadana y la falta de convivencia entre razas y culturas que poco o nada tienen en común.

La muerte del profesor Broseta sirvió para que a través de la Fundación que lleva su nombre se recuerde su figura y obra y se enarbolen valores positivos para la sociedad, pero no podemos negar que nos arrebató a un ser humano, con su dimensión personal y profesional, un hombre de gran valía que podría seguir entre nosotros y haber aportado mucho a nuestra convivencia. El jurado de este XXV Premio Convivencia presidido por el Presidente de la Generalitat, Ximo Puig ha tenido a bien premiar a dos veteranos políticos europeos socialistas: Jacques Delors y Felipe González. Aquel porque presidía la Comisión Europea en 1985, año del ingreso formal de España y éste porque era el presidente del gobierno del Reino de España.

Más de tres décadas después de aquella firma histórica, la situación ha cambiado. Es cierto que si hiciéramos una lista, en la mayoría de ítems marcaríamos el tic verde porque en muchos aspectos nuestras vidas han mejorado y se ha logrado profundizar en eso que desde Bruselas llaman el ‘acervo común europeo’; no menos cierto es que hay cruces rojas en esa lista. Nos enfrentamos a problemas de difícil solución, especialmente cuando no queremos ver o reconocer el origen de los mismos. La convivencia que el jurado ha valorado en esta edición del Premio que otorga la Fundación Broseta se basa en una cultura de la que emanan unos valores comunes y que pese a las diferencias entre los pueblos y regiones de Europa, tiene un común denominador que permite e incluso fomenta la interrelación que en las últimas décadas se ha puesto de manifiesto entre los países integrantes de la UE.

Libertad frente a intolerancia, seguridad frente a terrorismo, estas dicotomías que afronta la Unión Europea en este siglo XXI quizá tengan respuesta en no olvidar que esta Unión tiene sus raíces en una serie de estados-nación que la conforman, con sus leyes y costumbres. Ignorar o reescribir la historia, aunque se haga desde la corrección política y las instancias oficiales, no impedirá colisionar con una tozuda realidad. Aquí parece que hemos olvidado el daño que sigue causando el terrorismo etarra en las casi mil familias que perdieron a uno de sus miembros, como nuestro paisano Broseta, y en Europa no debemos ignorar que tras siglos de guerras y totalitarismos alcanzamos una paz y estabilidad inimaginables hace unas décadas. Perseveremos en respetar la historia y la tradición de la Europa que pensaron y crearon cada uno desde su realidad nacional aquellos hombres: Churchill, Adenauer, Monnet, Schuman o Gasperi entre otros. 

 

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