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vals para hormigas / OPINIÓN

La sonrisa de medio lado de Barceló

14/10/2020 - 

Vaya por delante que creo que los servicios esenciales, como la educación, la sanidad o los servicios sociales, tienen que estar en manos de la administración pública. En cualquier caso y sin ninguna restricción. Vaya también que defiendo que todos los presupuestos habidos y por haber deberían comenzar por estos tres postulados y, a partir de ahí, repartir el remanente entre todo lo demás. Vaya, finalmente, que considero que la dotación de estas partidas debería incrementarse soberanamente respecto a las actuales. Ahora, respiren. Ya saben a qué atenerse. Decidan si quieren seguir leyendo o no. Y los que siguen aquí, que sepan que a partir de este momento, voy a hablar de la rueda de prensa que ayer protagonizó la consellera de Sanidad, Ana Barceló, en Torrevieja. Pero no de la reversión del departamento de salud a la gestión pública, algo que me obligaría a ser objetivo en una sección, la de Opinión, subjetiva por definición. Sino de la propia consellera, cuya actitud me sorprendió. Respiren, otra vez.

A Barceló le ha caído encima el pearlharbour de los gabinetes sanitarios universales. Como a Illa en el Gobierno, más o menos. La de Sanidad no es una cartera fácil en ninguna ocasión, porque maneja grandes presupuestos y afecta a un servicio por el que, unos más y otros menos, todos acabamos pasando. Gestiona, además, la parte más frágil e inevitable de nuestra existencia, la salud. Y, finalmente, es un departamento en el que es fácil equivocarse con consecuencias que pueden ser fatales. Desde el peldaño más bajo hasta el más alto, el que toma decisiones como la anunciada ayer en Torrevieja. Pero ni Illa ni Barceló podían prever, al tomar posesión, que les iba a tocar lidiar con la mayor alarma sanitaria del último siglo. Con todos los ojos del planeta fijos en su labor. Con comparecencias prácticamente diarias. Con el aliento de la oposición en el cogote. Y con el destino de los ciudadanos en sus manos, tanto de los que toman las precauciones necesarias como de los que convocan manifestaciones automovilísticas en Madrid.

En principio, con las estadísticas en la mano, la exalcaldesa de Sax, municipio que no llega a 10.000 habitantes, tras atravesar un calvario profesional y personal durante la primavera, ha salido triunfante este otoño. La incidencia de la pandemia en la Comunidad es la más baja de España. Parece ser que las medidas tomadas funcionan. No sé si por ese motivo, o porque se encontraba en un ámbito meramente de gestión, Barceló sacó las uñas, ayer. Se mostró irónica, respondona y firme. No va a haber prórroga, los datos que proporciona Ribera Salud no son ciertos y la gestión del departamento solo beneficia a los accionistas del proyecto, argumentó. La consellera dejó incluso traslucir, ante las preguntas de los medios, que sabe más de lo que dice y que la alarma sanitaria la ha preparado, como una pista americana para marines, para las acometidas que le llegarán a partir de ahora. No sabemos si tiene la razón de su parte o es la consecuencia de manejar las riendas. El caso es que sacó pecho y tiró de sonrisa de medio lado. Y eso, créanme, no es algo que solamos permitirnos los que usamos gafas. Y menos, si tenemos raíces en Sax.

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