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VALS PARA HORMIGAS / OPINIÓN

Entre Despeñaperros y el Oder

5/12/2018 - 

De todo lo que he leído sobre la llegada de Vox al Parlamento andaluz, quizá lo más inquietante es que lo ha hecho sin un programa específico para solventar los problemas que florecen al sur de Despeñaperros. Y lo es, en mi opinión, porque revela ese carácter expansivo que suele mostrar la derecha más radical cuando le entran ganas de cruzar el Oder para ver cuántos judíos viven en el país vecino. Muchas son las causas que han roto la excepción europea, como la llamaban los franceses, de que en España no hubiera más representación fascista que la que cada 20 de noviembre, como siempre y sin tarjeta, se celebraba en el Valle de los Caídos para exaltar las figuras de Franco y José Antonio. Algunas las he leído. Otras, especialmente las que provienen del otro lado del espectro político, están tan desatinadas como un esquimal en el Serengueti. Pero lo que más me preocupa es el ansia transnacional de este tipo de partidos. Ansían Europa. Entraron en Inglaterra, en Francia, en Holanda, en Alemania,en Hungría, en Italia. Ahora asoman al sur de los Pirineos. Y pronto querrán que el Himno a la Alegría que resuena desde Bruselas se transforme en los himnos nazis que en Casablanca acallaban con la Marsellesa.

Mientras tanto, y a falta de comprobar que la estampida andaluza rompe varias paredes en las próximas elecciones generales, lo segundo que más me preocupa es la reacción de la izquierda. Que ha llegado a decir que estamos ante el advenimiento de un nuevo partido de ricos, cuando da toda la impresión de que estamos ante una revuelta generalizada contra lo que había (el hastío bipartidista), lo que se desmoronó (las clases medias y bajas, abrumadas por los recortes económicos globales) y la nada (el aporte de soluciones desde todos los lados de la oferta política). Y, sobre todo, a favor de un acusado sentido de la propiedad que propone que la extensión de los países sea la menor posible. Y que sus únicos usuarios tengan carné, bandera y exaltación a discreción. No se excluye que pueda activarse, a partir de ahora, la defensa a ultranza de cada barrio, independiente.

No hay que irse demasiado lejos para ver de dónde vienen los disparos. Por mucho que la izquierda desestime sin juicio la posibilidad del fuego amigo. En primer lugar, la alternancia en el poder debería instituirse por decreto. O por sentido común, como sucede en algunos países. Cuarenta años en el trono son casi el doble de lo que anduvo por aquí el PP, con las consecuencias de todos conocidas. El enquistamiento socialista es uno de los motivos que pueden haber enclaustrado a sus votantes andaluces en casa, dados los elevados niveles de abstención. Algo así fue lo que permitió el acceso al poder del actual tripartito autonómico valenciano. O al que sobrevoló el ayuntamiento alicantino. Y aquí vienen más curvas. Los resultados obtenidos por la izquierda alicantina son tan gloriosos que, en menos de tres años, vuelve a gobernar el partido de Sonia Castedo y Luis Díaz Alperi. Los políticos de izquierda suelen comportarse como los youtubers y no aceptan bien las críticas. Pero se ha demostrado que pueden ser un auténtico desastre a la hora de gestionar los fondos públicos y los egos.

Quizá sea que la autocrítica no aparece en las obras de Marx y Engels. Y aquí viene la tercera andanada. Para combatir a unos personajes anclados en el más rancio de los pasados, incapaces de someterse al progreso e investidos por designio divino como defensores de la tradición y la familia cristiana, la izquierda patria ha recurrido a los eslóganes y las octavillas con cierto estilo Renau. Sin duda, alentar la memoria es un ejercicio sano ante el empantanamiento neonazi mundial. Da la impresión de que el XXI está repitiendo los esquemas del XX. Y lo sabemos porque no hay documentales con más audiencia que los protagonizados por Hitler. Pero si la izquierda reconsiderara su postura y atacara directamente los intolerantes postulados de Vox, dando a la vez soluciones para los problemas que pueden esgrimir sus votantes, todo sin salir de lo ocurrido desde el crack del 2008 hasta acá, quizá las papeletas rojas volverían otra vez a las urnas. Es peligroso el avance de la extrema derecha en todo el planeta. Pero mucho más que la izquierda no tenga ni idea de cómo frenarla. Y no, la respuesta no está en la derecha actual. Ni en el periodismo. Ni en las redes sociales.

@Faroimpostor

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