ELCHE. El concejal de Aguas del Ayuntamiento de Elche, Juan de Dios Navarro, ha afirmado en la clausura del VIII Congreso Nacional del Agua: Seguridad Alimentaria, que el evento "vuelve a demostrar que Elche es un espacio de referencia para el diálogo, el conocimiento y la búsqueda de soluciones ante uno de los grandes retos de nuestro presente y nuestro futuro: la gestión sostenible y eficiente del agua. Quiero felicitar a todos los ponentes y comunicantes por la calidad de sus aportaciones, agradecer el respaldo de las instituciones que han hecho posible este encuentro y, muy especialmente, reconocer el trabajo de los científicos e investigadores que, con su conocimiento y compromiso, nos permiten avanzar y tomar mejores decisiones".
Ha añadido que "desde el Ayuntamiento de Elche, queremos que este congreso siga creciendo y consolidándose. Por eso, anunciamos nuestro interés y nuestra voluntad de trabajar para que Elche vuelva a acoger el próximo año la novena edición. Queremos seguir siendo punto de encuentro para administraciones, universidades, expertos y profesionales, porque hablar de agua es hablar de futuro, de sostenibilidad y también del desarrollo y bienestar de nuestro territorio".
Por su parte, el presidente del comité, Joaquín Melgarejo, ha agradecido a los asistentes, así como a los ponentes y comunicantes su participación en este evento que ha centrado toda su atención en la Seguridad Alimentaria.
También ha tenido palabras de agradecimiento para las instituciones que hacen posible el Congreso: Ayuntamiento de Elche, Diputación de Alicante, Universidad de Alicante, Instituto Universitario del Agua y de las Ciencias Ambientales de la UA, Cátedra del Agua Universidad/ Diputación de Alicante y Aigues d’Elx / Veolia.
Joaquín Melgarejo ha presentado las conclusiones de aportaciones realizadas desde la universidad, las administraciones públicas, el sector agrario, el ámbito jurídico y empresarial y los profesionales de la gestión del agua.
Conclusiones
1.- España dispone de tecnología, conocimiento científico y capacidad técnica suficientes para mejorar su seguridad alimentaria.
El déficit fundamental es institucional y de planificación a largo plazo. Los años húmedos no deberían llevar a relajar la política hídrica, sino aprovecharse para invertir y prepararse para el siguiente ciclo de sequía.
2.- La seguridad hídrica y la seguridad alimentaria son inseparables.
El agua no solo determina cuánto se produce, sino también la estabilidad del suministro y el precio final de los alimentos. Una menor disponibilidad hídrica puede traducirse en menor producción, volatilidad de precios y dificultades de acceso económico a productos básicos.
3.- España afronta una vulnerabilidad hídrica estructural, especialmente en el Mediterráneo.
El cambio climático implica sequías más intensas, mayor evapotranspiración y una creciente variabilidad. A ello se suma una fuerte desigualdad territorial: Segura y Júcar presentan una fragilidad crónica precisamente en zonas fundamentales para la producción hortofrutícola y la exportación. Por ello, es necesario elevar el problema desde el ámbito regional hasta considerarlo una cuestión de seguridad alimentaria nacional y europea.
4.- La solución no pasa simplemente por reducir el agua destinada a la agricultura, sino por conseguir que cada metro cúbico produzca más valor.
Es necesario sustituir el debate “agricultura frente a sostenibilidad” por un modelo basado en producir más y mejor con los recursos disponibles. La respuesta a la escasez no puede consistir únicamente en disponer de nuevos recursos, sino también en incrementar la productividad del agua existente. La modernización del regadío, el riego localizado, la sensorización, el telecontrol y la agricultura de precisión permiten avanzar hacia una producción más eficiente, demostrando que es posible aumentar la capacidad productiva sin incrementar proporcionalmente el consumo de agua.
5.- Tecnología, digitalización e innovación deben ser el núcleo de la adaptación.
La agricultura de precisión, sensores, teledetección, inteligencia artificial, riego localizado, mejora genética, digitalización de redes y optimización energética, son cuestiones clave para la seguridad alimentaria.
6.- Las aguas regeneradas y la desalación ya no son recursos complementarios, sino estratégicos.
En las regiones mediterráneas deben formar parte de un mix hídrico diversificado junto con los recursos convencionales, el ahorro y la modernización. El siguiente reto consiste en reducir su coste energético y vincularlas a energías renovables.
7.- Hace falta una gobernanza del agua menos territorializada y más basada en evidencia científica.
Es muy difícil construir una estrategia nacional de seguridad alimentaria mientras la gestión hídrica quede atrapada en enfrentamientos territoriales. Hay que deslindar las cuestiones que deben determinarse científicamente —disponibilidad del recurso, escenarios climáticos y necesidades de los cultivos— de aquellas que corresponden legítimamente a la negociación política, como costes e inversiones.
8.- La escasez hídrica puede convertirse en desigualdad social a través de los precios.
El riesgo principal no es necesariamente que desaparezcan alimentos de los supermercados, sino que algunos productos básicos se encarezcan estructuralmente y resulten menos accesibles para los hogares vulnerables, deteriorando además la calidad de su alimentación.
9.- España está mejor preparada que hace una década, pero todavía no es suficientemente resiliente.
Las mejoras en regadío, reutilización y desalación proporcionan una base importante, aunque persiste un punto débil: el litoral mediterráneo y, particularmente, las zonas donde coinciden estrés hídrico y agricultura intensiva de alto valor.
10.- La investigación debe anticiparse a los problemas de las próximas décadas.
Es necesaria más inversión en modelización climática a escala regional, efectos a largo plazo de aguas regeneradas y desaladas, variedades agrícolas resistentes al estrés hídrico y nuevos sistemas de gobernanza y asignación del agua.
11.- La seguridad alimentaria comienza por la seguridad hídrica.
No es posible garantizar de manera estable la producción de alimentos sin disponer de recursos hídricos suficientes, de calidad y con una garantía adecuada. Agua y alimentación constituyen, por tanto, dos dimensiones inseparables de una misma política estratégica.
12.- Producir alimentos es una cuestión de autonomía estratégica
Las crisis internacionales y las alteraciones de las cadenas globales de suministro han demostrado la importancia de mantener una capacidad propia, próxima y diversificada de producción de alimentos. España y Europa deben preservar su agricultura productiva como elemento esencial de su autonomía estratégica.
13.- El agua para la agricultura genera alimento, empleo, riqueza y territorio
El agua de riego no solamente produce cosechas. Sostiene empleo, actividad económica, exportaciones, industria agroalimentaria, población rural y equilibrio territorial. Garantizar agua para una agricultura eficiente y sostenible beneficia al conjunto de la sociedad.
14.- El TTS, es fundamental para la seguridad alimentaria de España y Europa
El Trasvase Tajo-Segura (TTS) constituye una infraestructura estratégica para uno de los principales territorios productores y exportadores de frutas y hortalizas de España y Europa. Su aportación trasciende el ámbito estrictamente territorial: contribuye al abastecimiento de los mercados, al empleo, a las exportaciones y a la estabilidad de una agricultura altamente tecnificada.
En un contexto de creciente incertidumbre climática, preservar su funcionalidad y su capacidad para aportar garantía, dentro de una gestión sostenible y equilibrada de las cuencas, debe contemplarse como una cuestión vinculada a la seguridad alimentaria española y europea.
15.- Las infraestructuras hidráulicas son infraestructuras de seguridad
Embalses, trasvases, canales, conducciones, redes de distribución e interconexiones permiten almacenar, transportar y gestionar agua frente a la irregularidad climática. Su conservación, modernización y adaptación deben formar parte de las políticas estratégicas del país.
16.- El cambio climático obliga a pasar de reaccionar a anticiparse
La reducción de aportaciones, el incremento de temperaturas, las sequías prolongadas y los fenómenos extremos exigen abandonar progresivamente una política basada en responder a las crisis cuando aparecen. La planificación hídrica debe incorporar prevención, adaptación y escenarios de largo plazo.
17.- Cada metro cúbico de agua debe producir más valor
La respuesta a la escasez no puede consistir únicamente en disponer de nuevos recursos. También debemos incrementar la productividad del agua existente. La modernización del regadío, el riego localizado, la sensorización, el telecontrol y la agricultura de precisión permiten avanzar hacia una producción más eficiente.
18.- Agricultura y protección ambiental deben avanzar conjuntamente
La conservación de ríos, acuíferos, suelos y ecosistemas es imprescindible para mantener la producción de alimentos a largo plazo. El reto consiste en alcanzar equilibrios duraderos entre las necesidades ambientales y los usos sociales y económicos del agua, evitando planteamientos que presenten agricultura y medio ambiente como realidades necesariamente enfrentadas.
19.- Modernizar el regadío no significa borrar su patrimonio
Los sistemas históricos de riego constituyen un extraordinario patrimonio hidráulico, cultural y paisajístico. La modernización tecnológica puede y debe ser compatible con la conservación de aquellos elementos que explican la historia, identidad y configuración de nuestros territorios agrícolas.
20.- La seguridad hídrica necesita seguridad económica y energética
Producir y transportar agua requiere inversiones y, cada vez en mayor medida, energía. La modernización, desalación, reutilización y digitalización necesitan modelos económicos sostenibles, financiación adecuada y una integración creciente de las energías renovables que permita contener los costes para agricultores y usuarios.
Conclusión del Congreso
La seguridad alimentaria de España y de Europa dependerá de nuestra capacidad para garantizar el agua necesaria para producir alimentos, gestionar inteligentemente cada recurso disponible y preservar las infraestructuras que hacen posible llevar el agua desde donde está disponible hasta donde genera mayor valor social, económico y alimentario.
En un escenario de creciente incertidumbre climática, gestionar el agua es gestionar nuestra capacidad de producir alimentos; y garantizar esa capacidad es proteger nuestra autonomía estratégica.