Comunitat Valenciana

El suelo agrícola valenciano gana un nuevo fertilizante: la inservible lana del ganado

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VALÈNCIA (EFE). La retirada de la lana de ovejas y cabras, sin ningún valor comercial, tiene un coste añadido para los ganaderos, a los que la Generalitat acaba de autorizar para tratar el producto y que se le pueda dar uso como fertilizante en suelos agrícolas.

Como ya han hecho otras comunidades como Castilla-La Mancha y Aragón, la Conselleria de Agricultura ha resuelto, según ha publicado esta semana en el Diari Oficial de la Generalitat, que la lana tratada puede ser utilizada, sola o mezclada con estiércol, para la nutrición de los suelos agrarios conforme a criterios agronómicos adecuados y bajo condiciones que garanticen la protección de la salud pública, la sanidad animal y el medio ambiente.

Actualmente, según fuentes de La Unió consultadas por EFE, el coste de esquilar la lana de las ovejas es de aproximadamente 1,5 euros por animal una vez al año, un producto con un escaso valor comercial que ha pasado de ser un producto utilizado en la industria textil a un subproducto sin salida en el mercado.

Ese escaso valor hace que se acumule año tras año en las instalaciones de los ganaderos de ovino, una situación que afecta a la ganadería extensiva y a razas autóctonas como la oveja guirra, cuyo vellón de gran calidad se almacena sin una posible valorización.

La escasa demanda de la lana en la industria textil y la falta de regulación técnica para otros usos puede ocasionar consecuencias tanto económicas como de higiene, por un acumulo descontrolado en las explotaciones ganaderas, según recoge la resolución.

200 toneladas de lana

El director general de la Industria y Cadena Agroalimentaria, Ernesto Fernández, ha señalado a EFE que en las granjas de la Comunitat se acumulan cerca de 200 toneladas de lana al año, de las 20.670 toneladas que se calculan en España.

Justamente la oveja autóctona, la guirra, es una gran productora de lana, y las explotaciones se ven agravadas por la acumulación del producto, según Fernández.

Con la autorización de la lana como fertilizante se pretende, en primer lugar, aliviar los costes económicos de los ganaderos y, además, solucionar un problema de higiene ya que se almacena y tiene que ser retirada por empresas especializadas y certificadas. Asimismo, se valoriza el producto para su uso agrario, dentro de la economía circular.

La lana es un mejorante del suelo que se puede utilizar en cualquier tipo de suelo por su efecto esponja que retiene la humedad.

Debido a su capacidad de aireación, acolchado y retención de la humedad, la lana es un material biodegradable que se mineraliza lentamente aportando nutrientes al suelo. Cuando se utiliza en compostaje junto a estiércoles y otras materias orgánicas, se obtiene un producto con características mejoradas, según indica la Conselleria de Agricultura.

Cómo se trata para su empleo agronómico

La lana debe someterse, antes de aplicarse a suelos agrícolas, a algún tratamiento que reduzca su carga microbiológica, estabilice el material y mejore sus condiciones de manejo.

Los tratamientos pueden ser higienizantes (lavado con agua, secado térmico o una combinación de ambos); mecánicos (triturado o desfibrado, combinado con secado o reducción de humedad); y biológicos (mediante compostaje con otros materiales orgánicos). También pueden admitirse otros tratamientos siempre que sean validados.

Según el director general, alguno de esos tratamientos conllevan costes reducidos, como es el caso de los higienizantes simples, y mucho más inferiores que el coste de la retirada por parte de empresas.

La utilización agronómica de la lana deberá cumplir una serie de requisitos relativos al origen del material, su manejo y trazabilidad, así como a las condiciones de almacenamiento, transporte y aplicación al suelo, con el fin de minimizar cualquier riesgo sanitario residual y garantizar un uso seguro y respetuoso con el medio ambiente.

Agricultura reconoce el problema para las explotaciones

Según el censo, en la actualidad hay 237.250 ovejas en 1.266 explotaciones, y 67.413 cabras en 1.240 explotaciones, informa La Unió.

Esta organización agraria valora la autorización de la utilización agronómica de la lana ovina y caprina en suelos agrarios, al considerar que supone un primer reconocimiento institucional de un problema real y creciente para muchas explotaciones ganaderas, la desaparición prácticamente total del valor comercial de la lana.

Esta posibilidad puede abrir una vía alternativa de valorización y contribuir parcialmente a aliviar los problemas de acumulación, pero la organización agraria asegura que la medida, por sí sola, no resuelve el problema porque "no crea un sistema económico estable, no incorpora ayudas directas, no financia los tratamientos necesarios ni articula una red logística que facilite la recogida, transformación y utilización de este material".

El tratamiento previo supone costes adicionales que pueden hacer inviable la medida para muchas explotaciones, especialmente las de menor dimensión, ha advertido.

Además, la lana es un material voluminoso, difícil de transportar y complejo de manipular y, sin centros comarcales de recogida, operadores intermedios o sistemas colectivos de gestión, muchas ganaderías continuarán "sin una salida práctica y económicamente asumible", según afirma

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