Gloria Juan y Bárbara González: "No tenemos que explotar para pedir ayuda"

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La neuróloga y la psicóloga de Affidea analizan cómo la hiperproductividad, la conexión permanente y la falta de descanso afectan al cerebro y al bienestar emocional

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Vivir deprisa, enlazar obligaciones y sentir que descansar equivale a perder el tiempo se han convertido en hábitos cotidianos. La doctora Gloria Juan Catalá, neuróloga de Affidea Clínica Atenea, y Bárbara González Horna, psicóloga de Affidea Clínica Tecma, analizan en este pódcast las consecuencias de esa cultura de la hiperproductividad y explican cómo recuperar el equilibrio sin renunciar a los objetivos personales o profesionales.

Ambas especialistas coinciden en que la presión no procede únicamente de la cantidad de tareas. También influye una creencia cada vez más extendida: identificar la valía personal con lo que se produce. González señala que esa asociación genera culpa durante el descanso y alimenta una conducta de actividad constante. El resultado es una vida en "piloto automático", pendiente de lo siguiente y con poco espacio para atender al presente.

Un cerebro que permanece en alerta

Juan recuerda que el estrés puntual es una respuesta biológica y adaptativa frente a una amenaza. El problema aparece cuando deja de ser excepcional. Si la activación se mantiene, la amígdala permanece en alerta y dificulta el funcionamiento de la corteza prefrontal, relacionada con la planificación, el razonamiento y la introspección. La especialista vincula esta situación con una mayor irritabilidad, vulnerabilidad y dificultad para pensar con claridad.

La sobrecarga también puede traducirse en fatiga mental, olvidos, problemas de atención, lentitud para procesar información o dificultad para tomar decisiones sencillas. Algunos pacientes describen esa sensación como una "niebla mental". A ello pueden sumarse alteraciones del sueño, dolor de cabeza, tensión muscular, síntomas digestivos, ansiedad, apatía o pérdida de interés por actividades que antes resultaban agradables.

El móvil impide cerrar la jornada

La conexión permanente amplifica el problema. Un correo o un mensaje de trabajo recibido durante la cena basta para devolver la mente a las obligaciones y activar de nuevo la sensación de amenaza. Juan advierte además de que las notificaciones favorecen una búsqueda continua de gratificación inmediata y dificultan mantener la atención. La pantalla luminosa, especialmente antes de dormir, interfiere también en el descanso.

González cuestiona además la multitarea, que suele presentarse como una virtud pese a que impide concentrarse plenamente en una actividad. Leer mientras se consulta el móvil, se escucha la televisión y se prepara la cena no es descansar. Su recomendación es recuperar momentos con un único foco y aprender a tolerar la espera en una cultura que exige respuestas inmediatas.

Las señales para pedir ayuda

Cuando el estrés laboral se prolonga puede desembocar en burnout o síndrome del trabajador quemado. González lo asocia con el agotamiento, la desmotivación y la desesperanza, especialmente cuando las demandas superan los recursos disponibles, falta reconocimiento o el trabajo entra en conflicto con los valores personales. No se trata de una mala semana, sino de un desgaste mantenido que termina afectando a la energía, el ánimo y la relación con el empleo.

Las especialistas aconsejan buscar ayuda cuando los síntomas persisten, afectan a la vida laboral o familiar o aparecen somatizaciones. También conviene escuchar al entorno, porque la persona puede acostumbrarse progresivamente a la ansiedad y dejar de identificarla. González lo resume con una advertencia clara: "No tenemos que explotar para pedir ayuda".

Descansar también forma parte del rendimiento

Para proteger la salud, Juan recomienda dormir entre siete y nueve horas, abandonar las pantallas luminosas dos horas antes de acostarse y realizar pausas reales durante las tareas exigentes. Parar 10 minutos por cada hora de trabajo, sin sustituir la actividad por el móvil, permite al cerebro recuperar recursos. Pasear, mirar al horizonte, escuchar música, realizar una actividad manual o practicar ejercicio físico son alternativas para desconectar.

Poner límites completa esa estrategia. González propone técnicas asertivas como el banco de niebla, que permite rechazar una petición explicando las circunstancias sin empezar con un no tajante, y el disco rayado, que consiste en mantener la misma respuesta ante la insistencia. Para comenzar, aconseja fijar objetivos realistas y dividirlos en acciones pequeñas, como cenar en familia sin televisión ni teléfono.

Las dos especialistas defienden que la productividad puede ser compatible con la salud si la energía se utiliza de forma sostenible y el descanso deja de interpretarse como falta de compromiso. A su juicio, escucharse, establecer fronteras digitales y aceptar que haber hecho lo razonable también es suficiente permite mantener los objetivos sin convertir cada jornada en una carrera contra uno mismo.

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