La valenciana Proyme monta una fábrica para producir 1.000 baños industrializados al año

Plaza Inmobiliaria

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VALÈNCIA. Las casas del futuro empiezan a construirse lejos de la obra. La imagen tradicional de ladrillos, hormigón y operarios levantando una vivienda sobre el terreno empieza a convivir con otra forma de construir: hacerlo entre cuatro paredes y trasladar después las piezas a su destino. Y es que el contexto actual, marcado por la emergencia habitacional y la falta de mano de obra, está acelerando este cambio y situando la industrialización como una de las principales vías para aumentar el ritmo de producción de viviendas. Tanto es así que cada vez son más las empresas que se suman a esta transformación, con sistemas que van desde elementos concretos, como fachadas o baños, hasta módulos completos e incluso viviendas enteras.

Un cambio al que se sumó hace unos años la constructora valenciana Proyme, especializada en construcción e ingeniería tanto de obra privada como pública, y que ahora da un paso más con la puesta en marcha de una fábrica propia de cuartos de baño industrializados en Carlet, con capacidad para producir hasta 1.000 módulos al año. La instalación, que opera bajo la marca Proyme Lab, cuenta con cerca de 7.000 metros cuadrados y ha supuesto una inversión de alrededor de tres millones de euros entre la compra, adecuación y equipamiento. Con ella, la compañía busca ganar capacidad y posicionarse en un segmento que se va haciendo un hueco en el mercado español. 

De esta forma, en la planta se fabrica desde cero el cuarto de baño para que, posteriormente, sea montado in situ en la obra. El proceso arranca sobre grandes mesas de trabajo con la conformación de las paredes, que son colocadas en una losa de hormigón que hacen de base para, poco a poco, ir tomando forma como si de un puzle se tratase, con la incorporación de la fontanería, electricidad, plato de ducha, revestimientos y sanitarios. Después, el módulo se embala, viaja en camión hasta su destino y una grúa lo introduce en el edificio para colocarlo directamente en su ubicación definitiva. Un proceso que permite ahorrar tiempos, controlar la producción, reducir errores, minimizar los residuos y hacer frente a algunos de los problemas que arrastra el sector como la falta de mano de obra o el alza de costes.

"La industrialización es el futuro de la construcción", subraya José Samaniego, director de Industrialización de la empresa. "Al final, todo este proceso lo controlas dentro de un entorno. Cada baño se somete a pruebas de iluminación y fontanería, lo que permite detectar y corregir los problemas en un espacio reducido. También puedes comprobar la calidad de los acabados en un espacio cerrado y más seguro para los trabajadores", subraya.

  • Fábrica de baños modulares de Proyme. -

Precisamente, para optimizar recursos y responder a los retos que afronta la construcción en España, Proyme comenzó a acercarse a la industrialización en 2020, incorporando a sus obras sistemas como fachadas de paneles de hormigón o estructuras prefabricadas. Aquella experiencia se extendió tanto a los proyectos de su propia promotora, IHomes, como a los encargos de terceros. Fue el primer paso de un proceso que pronto llevó a la empresa a querer hacer sus propias pruebas. En unas instalaciones situadas en Alginet, cerca de su sede, Proyme comenzó a experimentar con la fabricación de baños y a poner a prueba el sistema antes de dar el salto a una escala mayor.

Surgió así la idea de levantar una gran planta como la de Carlet, que lleva ya unos meses de rodaje y cuenta con una veintena de trabajadores. Aunque tiene una capacidad de producción de 1.000 cuartos de baño anuales, en este primer año la previsión es fabricar alrededor de 700 módulos. De momento, sus clientes se dividen prácticamente al 50% entre el mercado residencial y el terciario. En este último segmento, la compañía trabaja especialmente para hoteles, residencias de mayores y alojamientos de estudiantes, tipologías en las que este tipo de producción en serie resulta más rentable por los ahorros en los tiempos de construcción. 

En cualquier caso, la repetición del producto no implica que todos los baños sean iguales. Proyme cuanta con un catálogo con ocho tipologías distintas de dimensiones, así como ofrece distintos materiales y acabados en función de la demanda de sus clientes y las características de cada proyecto.

Según explica Samaniego, la elección del baño como puerta de entrada a su propia industrialización no ha sido casual. Y es que se trata de uno de los espacios de una vivienda en los que intervienen más oficios como albañilería, revestimientos, fontanería o electricidad, por lo que coordinar todas estas tareas puede provocar interferencias y demoras. "Es un elemento importante de industrializar porque permite evitar muchos problemas durante la obra y, con ello, reducir retrasos", explica. Por ello, Proyme ha decidido comenzar por este producto que, además, requiere "cierta complejidad". Además, la experiencia de la compañía como constructora tradicional fue otro de los factores que la llevó a apostar por este sistema dentro de su estrategia.

Proceso productivo

El proceso arranca con el diseño del prototipo digital bajo el modelo BIM, en colaboración con cada cliente para adaptarse a sus necesidades. Posteriormente, este modelo se traslada al taller para conformar el módulo. La primera parte consiste en ejecutar la base y las paredes mediante tabiquería de pladur para continuar con la fontanería y la electricidad, la colocación de la cisterna y la culminación de toda la parte técnica. En el interior se coloca el plato de ducha, se realizan las impermeabilizaciones y se incorporan los revestimientos y sanitarios hasta dejar el baño prácticamente terminado y preparado para viajar a la obra.

  • Fábrica de baños modulares de Proyme. -

Esta metodología permite no solo agilizar procesos sino ahorro de tiempos. Según las estimaciones de la valenciana, logran "hasta un mes menos de construcción por cada 35 viviendas". De ahí que cada vez sean más las compañías que se suman a esta nueva forma de construir. También, desde las administraciones públicas se está impulsando la industrialización con ayudas e, incluso, un PERTE a nivel nacional, que prevé movilizar una inversión pública de 1.300 millones en diez años. El objetivo es contribuir a transformar un mercado nacional que todavía se encuentra lejos de los niveles de industrialización de otros países europeos: estos sistemas apenas representan el 1% de las viviendas que se construyen en España, frente al 80% en mercados como el de Holando o Finlandia.

En este panorama tienen mucho que ver algunas de las barreras que detecta la compañía. Una de ellas es que la industrialización todavía entra demasiado tarde en muchos proyectos. Lo habitual es que el promotor o constructor acuda al fabricante cuando el diseño del edificio ya está cerrado e incluso comercializado, de forma que dimensiones y distribuciones están fijadas y la solución industrializada tiene que adaptarse a ellas. "La cultura de intervenir en esa fase inicial de diseño todavía no está suficientemente extendida. Ese es uno de los obstáculos: no se trata solo de fabricar, sino de incorporar ese conocimiento desde el principio del proyecto", explica Samaniego.

Planes de crecimiento

De momento y a corto plazo, el objetivo de Proyme pasa por consolidar la actividad de Carlet e incrementar progresivamente la carga de trabajo hasta alcanzar su máximo rendimiento. Sin embargo, existen posibilidades de hacer crecer del negocio. La planta dispone de suelo adyacente para futuras ampliaciones, si la demanda así lo requiere y a medida que vaya aumentando la carga de trabajo.

De hecho, Proyme ya estudia nuevas líneas de negocio para ese horizonte más a largo plazo como cocinas industrializadas e incluso módulos habitacionales completos. "Estamos avanzando porque esas son las líneas a futuro", concluye.

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