Plaza Inmobiliaria

La población crece once veces más rápido que la vivienda en la Comunitat Valenciana

La Comunitat ganó 103.000 habitantes en 2025, pero solo levantó 9.000 nuevas casas

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VALÈNCIA. La fuerte presión que sufre el mercado residencial valenciano tiene cada vez más cifras que explican la dimensión de este problema. Y una de ellas es cada vez más evidente: la enorme brecha que existe en estos momentos entre el aumento de la población y la disponibilidad de vivienda. Y es que mientras la Comunitat Valenciana sigue ganando nuevos residentes, principalmente por la inmigración, su parque inmobiliario crece a un ritmo más lento, siendo incapaz de absorber esa nueva demanda. Un desfase que está agudizando el déficit residencial y posiciona la transformación demográfica como uno de los principales desafíos económicos y sociales de la región.

La fotografía y los números no engañan. Entre el 1 de enero de 2025 y el 1 de enero de 2026, el territorio valenciano incorporó 102.998 nuevos habitantes, al pasar de 5.425.182 a 5.528.180 residentes, según datos del INE. No obstante, en los tres primeros meses de este año ya ha aumentando ese volumen de población un 0,39 %, siendo la Comunitat Valenciana el territorio que encabeza el aumento de habitantes en España, según la Estadística Continua de Población del INE. 

En cambio, durante el pasado ejercicio de 2025 el parque de viviendas de la autonomía valenciana se incrementó en 8.846 unidades, una cifra claramente insuficiente para el alza de vecinos registrado, según la estadística del Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana. Por tanto, por cada nueva vivienda incorporada al mercado durante 2025, la Comunitat ganó alrededor de 11 habitantes. Cierto es que el crecimiento de población no implica que cada nuevo residente necesite automáticamente una vivienda nueva, pero esta disparidad sí refleja el desequilibrio entre oferta y demanda a la que, además, hay que añadir los de la creación e nuevas familias, cambios sociales o la demanda temporal de estudiantes y profesionales desplazados, entre otros.

En concreto, según los datos del Ministerio, a cierre de 2025 el parque residencial en la Comunitat Valenciana estaba formado por 3.332.698 de viviendas, de las que 2.210.931 eran viviendas principales y 1.121.767 no principales. La serie histórica recoge que la Comunitat Valenciana ha sumado cerca de 774.000 viviendas entre 2001 y 2025, un aumento aproximado del 30% sobre el parque inicial. Entre 2001 y 2008 se concentró el gran salto a nivel constructivo, coincidiendo con el auge inmobiliario en España previo a la crisis. Y es que en apenas siete años, el número de viviendas pasó de 2,56 millones a 3 millones, un incremento de más de 440.000 viviendas. Sería a partir de 2009 cuando el ritmo de crecimiento se ralentizó y entre 2009 y 2025 se levantaron alrededor de 290.000 unidades.

La época más contenida fue el periodo 2010-2016 con algo más de 75.000 unidades, mientras que de 2017 hasta 2025 los niveles han presentado un mayor dinamismo, incorporando al mercado valenciano unas 97.000 nuevas viviendas, aunque lejos del ritmo registrado durante el boom inmobiliario. Además, según la estadística del Gobierno, la región cuenta con 62.632 viviendas nuevas sin vender, el 1,8 % del total del parque existente.

Y mientras tanto, la población no ha dejado de crecer en tierras valencianas. Tras el paréntesis provocado por la crisis financiera, que incluso llevó a la Comunitat a perder habitantes entre 2013 y 2015, la tendencia dio un giro a partir de 2016 y se aceleró especialmente tras la pandemia. Desde 2022, la autonomía suma cada año más de 100.000 nuevos residentes, una cifra que se ha mantenido prácticamente estable: 108.079 personas en 2022, 103.090 en 2023, 105.897 en 2024 y 102.998 en 2025, según datos del INE. 

Aunque estos incrementos todavía quedan lejos de los registrados durante el 'boom inmobiliario' de principios de los 2000, cuando la Comunitat llegó a ganar cerca de 250.000 habitantes en un solo año, la gran diferencia es que el parque residencial ya no crece al mismo ritmo. Mientras entonces la construcción de vivienda acompañaba el aumento de población, ahora la oferta avanza a un ritmo mucho más contenido, lo que agrava el desequilibrio entre demanda y disponibilidad de inmuebles.

Buena parte de este crecimiento demográfico responde al saldo migratorio, tanto de población extranjera como de residentes procedentes de otras comunidades autónomas, atraídos por factores como el clima, la calidad de vida o las oportunidades laborales. Sin embargo, esa mayor capacidad de atracción no ha ido acompañada de un aumento del parque de viviendas, alimentando la presión sobre los precios de compra y alquiler y dificultando el acceso a la vivienda.

Crecimiento heterogéneo por provincias

Por provincias, el dinamismo constructor tampoco ha sido homogéneo. En 2025, Alicante fue la provincia que más viviendas añadió, con 5.493 nuevas unidades, al pasar de 1.368.460 a 1.373.953 viviendas. La provincia concentra así más de la mitad del crecimiento residencial de la Comunitat y mantiene su posición como uno de los principales focos de atracción residencial, tanto por la llegada de nuevos habitantes como por la demanda vinculada al turismo y a la segunda residencia.

Por su parte, Valencia sumó 2.962 viviendas durante el último año, hasta alcanzar las 1.508.589 unidades, frente a las 1.505.627 de 2024. Es, por tanto, la provincia, con el mayor parque residencial de la Comunitat. En cambio, el comportamiento más contenido se registró en Castellón, donde el aumento fue de apenas 391 viviendas, al pasar de 449.765 a 450.156 unidades. La provincia todavía presenta un crecimiento residencial más moderado.

Por tanto, este escenario muestra el fuerte desfase entre creación de hogares y producción de inmuebles, lo que está agudizando aún más la actual crisis habitacional. Y, de momento, no parece que esta situación se vaya a resolver en el corto plazo, lo que amenaza con cronificar la presión sobre el mercado residencial, imposibilitando el acceso a muchas familias. 

De hecho, si esta tendencia se mantiene, solo la provincia de Valencia acumulará un déficit de 133.340 viviendas hasta 2030 para atender la demanda, según un informe de Cámara Valencia. Al actual ritmo de construcción, apenas podrá cubrirse alrededor del 30% de las necesidades residenciales previstas, un escenario que amenaza con intensificar el hacinamiento, impulsar una nueva escalada de los precios de compra y alquiler, favorecer la proliferación de asentamientos informales y acelerar el desplazamiento de población hacia la periferia. 

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Ante esta situación, el sector insiste en que resulta imposible incrementar de forma significativa la producción sin disponer de más suelo listo para desarrollar. Por ello, promotores y expertos llevan años reclamando el desbloqueo de grandes actuaciones urbanísticas en municipios bien conectados con las principales capitales y con capacidad para absorber este crecimiento residencial. En este contexto, cobra fuerza la idea de una "Gran València" en la que la capital y su área metropolitana actúen de forma conectada como en otros puntos de España, dado que en algunas localidades todavía quedan sectores por ejecutar. Eso sí, no todos se encuentran en la misma situación administrativa ni a nivel de desarrollo ni de tramitación. 

Por ello, y con el fin de encontrar aquellas bolsas más favorables no solo para aumentar el parque residencia, sino también el industrial, la Generalitat Valenciana, a través de la Dirección General de Urbanismo, ha encargado a la Universitat Politècnica de València (UPV), la redacción de un plan para radiografiar la disponibilidad de suelo en el entorno metropolitano de Valencia. Este primer 'mapeo' se hará sobre la provincia de Valencia ante la necesidad de revitalizar los municipios afectados por la Dana, pero la intención del gobierno valenciano es radiografiar otras grandes áreas urbanas de la Comunitat Valenciana como son Castellón, Elche y Alicante. Porque, más allá del análisis urbanístico, el reto de fondo sigue siendo el mismo: adaptar el crecimiento de las ciudades a una demanda residencial que avanza mucho más rápido que la construcción de nuevas viviendas.

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