VEGA BAJA

ANUARIO EMPRESARIAL: TIERRA DE EMPRESAS 2025

La Vega Baja: El corazón agrícola resiste entre sequía e innovación

La Vega Baja del Segura mantiene vivo su motor agrícola en un contexto adverso marcado por los recortes de agua, la presión del mercado y la falta de relevo generacional. Lejos de retroceder, el sector ha apostado por la tecnificación, la diversificación de cultivos y la eficiencia hídrica, convirtiendo a la comarca en un referente internacional en gestión del agua y producción sostenible

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ORIHUELA.El campo sigue siendo el motor económico de la Vega Baja pese a los recortes de agua y la falta de relevo generacional. El sector apuesta por la tecnificación, los nuevos cultivos y la formación para sostener su peso en la economía comarcal y europea.

La comarca de la Vega Baja del Segura mantiene su pulso agrícola con una tenacidad casi milagrosa. En un territorio históricamente acostumbrado a mirar al cielo, la falta de agua ha sido siempre una amenaza recurrente, pero también un estímulo que ha impulsado una cultura de eficiencia, organización y Resistencia durante siglos. La comarca se ha consolidado como una de las zonas más productivas de Europa en relación al agua disponible, hasta el punto de convertirse en un referente internacional de gestión y reutilización de recursos hídricos. A pesar de las restricciones, de la presión del mercado y de los cambios en los hábitos de consumo, la agricultura no solo permanece: continúa siendo una de las columnas vertebrales de la economía y de la identidad de este territorio.

“Sigue siendo un motor económico en alza”, afirma el presidente de Asaja Alicante, José Vicente Andreu. El sector primario ha logrado mantener su peso, adaptarse a nuevas exigencias y sostener empleo y riqueza. La comarca produce alrededor del 10% de todos los cítricos de España, unas 500.000 toneladas de limón, naranja, mandarina y pomelo cada año. A ello se suma una producción hortícola continua durante los doce meses: brócoli, lechuga, coliflor y alcachofa en invierno; tomate, melón, sandía y pimientos en verano. Una rotación ininterrumpida que mantiene viva la economía local.

A diferencia de otras zonas agrícolas de España, el modelo dominante en la Vega Baja sigue siendo el del pequeño agricultor, el autónomo que trabaja su tierra —propia o arrendada— y que ha construido redes de cooperativismo y comercialización que permiten sostener la actividad. “Aquí el 95% de la producción procede de explotación familiar o de pequeña escala —explica Andreu—. Es agricultura profesional, pero sin grandes latifundios”.

La Vega Baja no cultiva solo para abastecer su entorno inmediato. Es un territorio profundamente conectado con los mercados internacionales. “El 75-80% de la producción agrícola se exporta”, recuerda el presidente de Asaja. Hay un dato que lo ilustra con claridad: el 80% de las ensaladas que se consumen en Europa provienen de Alicante, Murcia y Almería. La comarca alimenta hogares, supermercados y restaurantes desde Bruselas hasta Berlín.

Esta capacidad exportadora está directamente vinculada al trasvase Tajo-Segura, herramienta esencial para la supervivencia agrícola del sureste español. Sin él, la imagen de la Vega Baja sería otra muy distinta. Por eso la gestión del agua es una cuestión que se vive aquí no como debate técnico, sino como condición existencial.

Sin embargo, la comarca se enfrenta a restricciones constantes. Actualmente la cuenca del Segura soporta recortes medios del 28%. A pesar de ello, los agricultores han continuado sembrando y produciendo. “Si a un mecánico le dicen que cierre el taller porque no va a haber electricidad, ¿qué hace? —reflexiona Andreu—. Pues lo mismo ocurre con el agricultor: no puede permitirse parar”.

El presidente de la Cámara de Comercio de Orihuela, Mario Martínez, introduce aquí un matiz clave: “No tenemos un problema de agua; tenemos un problema de administración del agua”. Mientras la Vega Baja reutiliza casi el 90% de sus aguas depuradas, regiones de gran peso político como Madrid apenas alcanzan el 28%. La eficiencia hídrica se ha convertido, paradójicamente, en argumento para justificar recortes en lugar de ser reconocida como modelo.

“Somos junto con Israel y Singapur el territorio que mejor gestiona el agua en el mundo”, insiste Martínez. Y subraya: “Si no existiera el trasvase, en 40 años el desierto estaría en Albacete y Madrid”.

La agricultura de la Vega Baja combina tradición e innovación. La columna vertebral sigue siendo la misma, pero se abren paso nuevos cultivos como la pitaya —la conocida fruta del dragón— o la recuperación rentable de higueras y granados. Productos como la breva de Albatera o el higo de Crevillent, que requieren conocimiento especializado, han encontrado un hueco en mercados nacionales e internacionales.

La innovación también se manifiesta en técnicas agronómicas: semillas resistentes al estrés hídrico, plantas de ciclo corto, acolchados, nuevos sistemas de riego y mecanización creciente. Todo ello permite mantener e incluso aumentar la productividad con menos recursos.

Si el agua es el problema visible, la falta de relevo generacional es el subterráneo. La población rural envejece y la formación agraria ha desaparecido en buena parte de los ciclos de FP. “Se ha extendido la idea de que el que no sirve para estudiar se va al campo, y es justo lo contrario. Para ser agricultor hoy hay que saber de economía, de gestión, de biología y de química”, advierte Andreu.

La consecuencia es clara: menos agricultores, pero explotaciones más grandes y profesionalizadas. El reto es cómo acompañar este proceso sin romper el vínculo cultural con la tierra.

La Vega Baja es la tercera comarca más poblada de la Comunidad Valenciana, con medio millón de habitantes y un peso económico decisivo. Sin embargo, carece de una estrategia comarcal común. “Nos falta influencia política y capacidad para defender nuestros intereses”, afirma Martínez. La Cámara ha intentado impulsar proyectos de visión conjunta, pero la fragmentación municipal dificulta la coordinación.

Y, aun así, la comarca resiste. Produce, innova, exporta y sostiene empleo y paisaje. “Obras son amores y no buenas razones”, resume Martínez. La Vega Baja no pide discursos: pide decisiones.

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