VEGA BAJA

Guadassuar, la planta de tratamiento con la que Vega Baja quiere mostrar que no hay olores ni molestias vecinales

Un equipo de Alicante Plaza visita la instalación valenciana, que da servicio a 52 municipios y se presenta como referencia para la futura infraestructura comarcal de residuos

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GUADASSUAR. Un equipo de Alicante Plaza ha asistido a la visita organizada por el Consorcio Vega Baja Sostenible al complejo de valorización de Guadassuar, la planta de tratamiento de residuos que la entidad comarcal toma como ejemplo para defender que una instalación de este tipo puede funcionar sin olores en el exterior ni afecciones para los vecinos. La visita reunió a alcaldes, concejales y técnicos municipales.

La instalación valenciana presta servicio a 52 municipios y fue construida hace una década. Se trata de una planta de tratamiento mecánico-biológico (TMB) que trabaja durante todo el año y que basa su funcionamiento en la separación de residuos mezclados, el tratamiento de la fracción orgánica y la recuperación de materiales reutilizables. Todo ello sin vertedero asociado dentro del complejo.

Durante la visita, responsables de la planta explicaron que el modelo permite adaptarse a la evolución de la recogida selectiva. Es decir, si aumenta la llegada de residuos separados en origen, la instalación redistribuye tiempos y espacios para priorizar esas líneas de trabajo. 

Uno de los mensajes que más quiso trasladar el consorcio de la Vega Baja fue la ausencia de olores en el exterior. El presidente de la entidad y alcalde de Formentera del Segura, Francisco Cano, aseguró durante la visita que había comprobado personalmente que fuera de la planta "no hay ningún tipo de olor ni de molestia". Y así lo percibió también el equipo de Alicante Plaza desplazado hasta las instalaciones. Y es que, desde el exterior, no hay ningún indicio de que se esté ante una planta de tratamiento, ni se percibió olor alguno durante el trayecto hasta la misma, ni siquiera una vez allí, antes de entrar a la nave donde se trata la basura, pese a que durante la visita llegaban camiones para descargar.

Fuentes técnicas explicaron que el control ambiental se logra mediante naves cerradas y sistemas de aspiración y filtrado del aire. En las zonas de tratamiento orgánico sí se generan olores intensos por gases como el amoniaco o compuestos sulfurosos, pero ese aire es captado y tratado para evitar emisiones al exterior.

La planta divide el proceso en dos grandes flujos. Por un lado, la materia orgánica, que se estabiliza y afina hasta convertirla en compost apto para uso agrícola. De hecho, agricultores de la zona acuden regularmente para retirarlo de forma gratuita. Por otro, el flujo técnico, donde se recuperan materiales susceptibles de tener una segunda vida.

En términos de volumen, los envases apenas representan el 25% del peso total, aunque ocupan cerca del 50% del espacio de las bolsas de basura. También se destacó que entre un 6% y un 7% de lo que se desecha corresponde a ropa textil, que cuando llega mezclada y humedecida por lixiviados acaba siendo irrecuperable y termina en vertedero.

Actualmente, alrededor del 37% de los residuos tratados acaba en vertedero, una cifra que la normativa europea obliga a reducir progresivamente hasta el entorno del 10%. Además, la legislación marca que más del 55% en peso debe recuperarse como materia prima secundaria.

Los técnicos insistieron también en la importancia del contenedor marrón para la recogida separada de materia orgánica. En los municipios donde se utiliza de forma abierta, la fracción orgánica llega con más de un 20% de impropios, mientras que en sistemas controlados, donde se pierde el anonimato del depósito, ese porcentaje baja al 1% o 2%, aunque el servicio resulta hasta tres veces más costoso.

En el área de influencia de Guadassuar, una veintena de municipios ya han implantado este sistema y siete u ocho encabezan los mejores resultados. Según los responsables de la instalación, mejorar la separación en origen reduce la tasa de tratamiento, abarata costes globales y evita posibles sanciones europeas por incumplimiento de objetivos ambientales.

La visita sirvió así para mostrar el modelo que el Consorcio Vega Baja Sostenible quiere trasladar a la comarca: una planta moderna, centrada en recuperar materiales y minimizar el vertido, con tecnología capaz de compatibilizar la gestión de residuos con la convivencia vecinal.

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