VEGA BAJA

Almoradí como síntoma: recuperar el PSOE de las bases frente al rodillo de los despachos

  • El Ayuntamiento de Almoradí, en una imagen de archivo.
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Hace décadas que muchos nos afiliamos al PSOE por una convicción inquebrantable: entender estas siglas no como un fin en sí mismo para conservar parcelas de poder, sino como el instrumento más limpio y eficaz para transformar la sociedad, garantizar la justicia social y mejorar la vida de la gente. Somos la socialdemocracia de base, la que no vive de la política, sino la que vive el socialismo desde el tejido civil, profesional y cotidiano.

Sin embargo, hoy asistimos con una profunda preocupación a una deriva que aleja irremediablemente al partido de la calle. Se ha instalado en las estructuras de dirección una dinámica híper profesionalizada donde demasiados compañeros han hecho de la política su único medio de vida. Y cuando la supervivencia económica individual depende estrictamente de mantener el favor de quien reparte los cargos o elabora las listas, el pensamiento crítico se convierte en un artículo de lujo.

¿Contra quién se defienden entonces estos cuadros orgánicos? Lamentablemente, no del adversario político, sino de la propia autocrítica interna. ¿Haciendo qué? Mirando hacia otro lado, justificando virajes ideológicos injustificables y aplicando un cierre de filas automático. En definitiva, mimetizando paso por paso las peores tácticas del "ordeno y mando", que siempre hemos detectado y criticado en la derecha española. En ese fuego cruzado de intereses personales, se olvidan de lo fundamental: las necesidades reales de los ciudadanos.

Esta alarmante desconexión nacional tiene su reflejo más doloroso a escala municipal. Lo vivido recientemente en la agrupación local de Almoradí es el ejemplo de manual de cómo las dinámicas del aparato terminan asfixiando la política de cercanía. La suspensión de funciones de la Comisión Ejecutiva Local el pasado 22 de mayo de 2026 por parte de los órganos superiores, tras meses de tensiones internas y un intento de desautorizar la expulsión de concejales por parte del grupo municipal, ha dejado a la militancia sumida en un "sainete" orgánico impropio de nuestra historia.

Mientras la casa se consume en una guerra de guerrillas por el control de las siglas y las actas, los vecinos de Almoradí asisten estupefactos a un espectáculo donde el debate ya no es cómo mejorar el municipio o defender los servicios públicos, sino meramente cómo salvar el puesto. La imposición de una Comisión Gestora externa solo confirma el fracaso de un método vertical que anula la soberanía de la asamblea local y de los afiliados que trabajamos a pie de calle.

El escenario actual es complejo. Tras tanta hostilidad interna y fractura, resulta extraordinariamente difícil encontrar hoy un perfil de consenso en las bases capaz de enderezar y unir el esfuerzo de todos los afiliados sin sufrir el veto automático de un bando o de otro. El riesgo real e inmediato es que la dirección provincial aproveche este vacío orgánico y esta parálisis para aplicar el rodillo definitivo: imponer desde arriba, en un despacho alejado de Almoradí, una lista artificial de cara a las próximas citas electorales.

Los verdaderos socialistas de izquierdas no podemos resignarnos a ser meros espectadores de la demolición de nuestro espacio político. Si queremos que el PSOE vuelva a ilusionar a la sociedad y recupere la confianza perdida, la regeneración debe empezar desde abajo. Necesitamos recuperar el debate de principios en las Casas del Pueblo, exigir procesos democráticos radicalmente limpios y transparentes, y apostar por métodos de transición corales y horizontales liderados por personas con independencia laboral y económica demostrada fuera de las instituciones.

Solo volviendo a mirar a la cara a los ciudadanos y dejando de mirarnos el propio ombligo orgánico lograremos que el PSOE vuelva a ser el vector de progreso y dignidad que España necesita. La reconstrucción de la confianza será lenta, pero la dignidad de la base militante debe ser el primer ladrillo.

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