Yo confieso que una vez voté a Zapatero

Opinión

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Publicado: 25/09/2026 · 06:00
Actualizado: 25/09/2026 · 06:00
  • Archivo - El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero a su llegada a la Audiencia Nacional, a 17 de junio de 2026, en Madrid (España).
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Dado que en un proceso penal el investigado formalmente tiene derecho a ocultar todo aquello que le pueda inculpar, e incluso a mentir sobre tales circunstancias, porque es quien acusa el que tiene que probar la realidad de los hechos incriminatorios, estoy más que dispuesto a creerme, en principio, y si nada prueba lo contrario, que Zapatero recibió las joyas encontradas en una caja fuerte de su propiedad de un ya convenientemente fallecido rey saudí, que eso fue hace tanto tiempo como el necesario para alcanzar la prescripción de una posible responsabilidad criminal penal, y hasta que en su honorabilidad quepa el pedirle al juez que reclame a Arabia Saudí los papeles que demuestran lo que dice y que él no ha podido conseguir, porque es más fácil que te regalen joyas valiosísimas que el que te certifiquen que eso ha sido así. Cualquiera diría que el motivo del regalo es algo que los saudíes no pueden asumir…

Pongamos que todo lo que el abogado de Zapatero ha alegado ante el juez Calama es cierto y que esto ya no da más de sí. Procesalmente, claro. Archivo y chimpún. Disculpe por las molestias y recoja sus collares y pendientes, que ya le acompaña alguien a la salida. Y hablemos ahora de la absoluta falta de vergüenza, del rostro diamantino y de la manifiesta falsedad de un personaje al que en alguna ocasión algunos incluso creímos y a quien llegamos a entregar nuestro voto. Una vez solo, eso sí.

José Luis Rodríguez Zapatero, el simpático ZP de la ceja arqueada en quien una mayoría de españoles confió ante la desquiciada gestión comunicativa y política del PP de los atentados islamistas del 11 de marzo de 2004, que nos sorprendió con sus brotes verdes en 2011, después de negar una y otra vez una crisis económica con aquello de que España estaba en la Champions League de las economías mundiales, como afirmó en 2007, ha resultado ser el mayor fraude de la historia democrática española. Y eso que su partido, el PSOE, lleva años paseándolo por foros y escenarios de todo tipo como el ejemplo del talante para el interés general que ha resultado ser realmente un talento para sus intereses particulares, sus negocios y sus comisiones, procedentes todos de sus relaciones e influencias como ex Presidente del Gobierno, obviamente.

  • Archivo - Algunos de los objetos intervenidos en el registro al despacho de Zapatero en el informe enviado por UDEF al juzgado -

Zapatero, de la misma manera que negaba imprudentemente la realidad de una crisis económica que nos devoró y de la que seguimos sufriendo sus consecuencias, es aquel que aseguraba también en 2005 que ya estábamos en el camino de resolver el problema de Cataluña de manera definitiva y para siempre -y veamos lo que ha pasado y dónde estamos-. No es de extrañar, por tanto, que la primera versión sobre unas joyas halladas en el registro de su despacho en Ferraz, ofrecidas por su portavoz, Luis Arroyo, fuera que se trataba de una “herencia”, negando categóricamente lo que ahora ha terminado reconociendo su abogado: que eran un regalo de Arabia Saudí.

Sin embargo, y tras constatar la revelación de una mentira y, como digo, aceptando por el momento tal versión, a uno no se le olvida que fue un Consejo de Ministros presidido por Zapatero, en 2005, es decir, dos años antes del pretendido obsequio árabe, el que aprobó pomposamente una norma denominada Código de Buen Gobierno por el que sus miembros y altos cargos debían rechazar los presentes que fueran más allá de los usos habituales de cortesía, así como que los obsequios institucionales de mayor significación tenían que incorporarse al Patrimonio del Estado. La norma estaba (Orden APU/516/2005, publicada en el BOE el 7 de marzo y en vigor desde el día 27 del mismo mes), por tanto, plenamente vigente cuando a Zapatero, según afirma él, un rey árabe le regaló esas joyas, un regalo que, por muy personal que fuera, lo fue en atención a su condición de Presidente del Gobierno de España, que ya me dirán si no por qué le iba a regalar un monarca nada a un plebeyo de declarada ideología republicana. Y el hombre se dejó olvidada la bisutería en una caja fuerte.

Y sí, les reconozco que un servidor votó al PSOE en aquellas elecciones de marzo de 2004: yo voté a ZP. Y les juro que nunca me he arrepentido tanto de nada como de aquel voto. Un voto de hace más de dos décadas con el que dejaba de votar al PP y que ahora duele como nunca. Un voto que nunca he repetido para ninguno de esos dos partidos desde mis primeras elecciones, allá por 1989. Así es que, de la misma manera que otro famoso personaje, que ha resultado en esto compartir curiosamente talante y, sobre todo, talento con ZP, solemnemente les aseguro que lo siento, me he equivocado, no volverá a ocurrir.

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