Paco Camps no será el líder que el PP necesita, pero sí el que más apoyo atesora en la conciencia más íntima de la militancia popular. Puede que en público no se atrevan a decirlo, que disimulen tras el cordón sanitario en el que han imbuido al expresident; pero en privado, cuando la corriente fluye en las pasiones personales, no verían con malos ojos que diera el paso para revalidar su cargo.
Juanfran Pérez Llorca no desagrada: tiene más categoría política que su antecesor y ha supuesto un soplo de aire fresco para las aspiraciones del PP en la Comunitat. El problema es que, tal y como soplan los vientos en la derecha española, necesitan un huracán que revolucione las pulsiones orgánicas. Para bien o para mal, Pérez Llorca -pese a haber sido alcalde de Finestrat- ha formado parte siempre de la camarilla privada de Mazón. Una herencia envenenada, un legado al que muchas agrupaciones han renunciado y que, desde hace tiempo, ven con recelo por las maniobras de la dirección del PPCV. En el alma orgánica sobrevuela el fantasma de las Navidades pasadas, ese que sume al partido en el mal sueño de una estructura partitocrática donde la vida interna parece haber muerto.
En la "diáspora campista" existirían dos alternativas, dualidades que podrían ayudar a la formación a fortalecer las debilitadas columnas del Partenón de las ideas. Por un lado, apostar por Francisco Camps como candidato ayudaría a movilizar a las agrupaciones, esa estructura que permite que, a pesar de las vacas flacas, el PP no deje de tener materia prima para ganar elecciones. Impulsaría la maquinaria electoral mucho más que una dirección que, sea por pasividad o por descontrol, no ha hecho lo suficiente para tener satisfechas a las bases.
Otra opción, si Pérez Llorca no quiere dejar escapar el poder que toca con las yemas de los dedos -pero que no termina de agarrar ante las dudas del PP nacional sobre su continuidad en 2027, sería propiciar la llegada de Camps a la presidencia del PPCV. El objetivo: movilizar e insuflar ilusión a los afiliados con un tótem en el que creyeron y que continúa teniendo predicamento. Es más, son muchos los que critican sin disimulo la soledad en la que el partido ha sumido a su expresident. Un apoyo explícito propiciaría un impulso de las almas más "rebeldes con causa" de la formación.
Pérez Llorca debe renunciar al temor que le causa la figura de Camps y aliarse con él. Un miedo que nace de la epifanía espiritual de saber que, de no haber sido por la imputación, quizá Mazón nunca habría sido president y él tampoco estaría donde está. Sin embargo, ese bloqueo existencial puede hacer que los demonios terminen por precipitar al averno a esas almas melancólicas cuya conciencia no cesa de dictar que le deben un tributo a un diosecillo del pasado.