Las cuentas no salen para el PSOE, y cada vez salen menos: con la suma de PP y Vox muy por encima de la mayoría absoluta, incluso por encima del 50% en votos; con un rosario de elecciones autonómicas que va a suponer una serie de golpes electorales para el Gobierno, a cual más duro (lo que pase en Aragón posiblemente muestre que Extremadura no fue un accidente por presentar un pésimo candidato, sino el estado actual de las cosas); con enormes dificultades para aprobar nada en el parlamento, una vez perdida la cohesión del bloque de la investidura; y con una sensación más que asentada en la ciudadanía de "fin de época", en fin, se diría que no queda más que resignarse y administrar la inevitable derrota con la mayor dignidad posible, como hiciera Alfredo Pérez Rubalcaba en la anterior debacle socialista, en 2011 (PP 186 escaños, PSOE 110).
Todo está perdido... Pero sólo un poco. Una nueva luz, que es a la vez luz que ilumina y resplandor que oscurece (según el afortunado aforismo de James Thurber, que definía así los dos tipos de luz), ha surgido en el horizonte. La luz naranja del presidente de Estados Unidos y fallido candidato al premio Nobel de la Paz, Donald Trump, y su cohorte de tecnobros, oligarcas tecnológicos que en un pasado no tan lejano (más concretamente, antes de que Trump venciese en las elecciones presidenciales) eran más demócratas que John F. Kennedy y ahora son más trumpistas que el mismo Trump. Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Sam Altman, y por supuesto Elon Musk (este, al menos, tuvo el mérito de ser "bro de primera hora", antes de las elecciones), se pusieron en fila para alabar las virtudes del nuevo líder y congraciarse con él por todas las vías posibles, y fundamentalmente la del dinero.

- Elon Musk.
- Foto: BRITTA PEDERSEN / DPA / POOL / DPA
Así, por poner un ejemplo reciente, en la misma semana en la que Jeff Bezos, el antaño increíblemente progre jerarca de Amazon (que te monta una carrera espacial turística "desde la izquierda" que daba gusto verla), ha despedido a un tercio de la plantilla de su periódico, el Washington Post, adquirido hace unos años como símbolo de su compromiso con el progresismo y la libertad de prensa, se ha producido el estreno mundial del infame documental "Melania" (repercusión en España: 5375€ de recaudación en su primera semana) a mayor gloria de la primera dama de Estados Unidos, con un coste para Amazon de 75 millones de dólares.
Los tecno-oligarcas y Trump han certificado una sólida alianza que durará lo que dure el poder de Trump. Que puede ser mucho tiempo, si al presidente de EEUU le sale bien el control que busca detentar de la opinión pública vehiculada a través de las redes sociales. Una alianza que se extiende a amenazar a cualquiera que ponga en duda la impunidad de sus monopolios digitales para extender sus tentáculos en otros países según sus propias normas y apetencias, sin atender a regulaciones locales. La Comisión Europea ya ha tenido que recular varias veces ante sus intentos de controlar diversos desmanes. La dependencia es tan evidente que los que protestan contra el control tecno-oligarca del espacio público digital acaban protestando en las mismas redes controladas por dichos oligarcas, que es el espacio en el que ahora se anuncian, explican y debaten los asuntos de interés público.

- Donald Trump.
- Foto: ANDREW LEYDEN / ZUMA PRESS WIRE / DP / DPA
Sólo una aldea gala, en este caso hispánica, se ha resistido siempre, o desde hace tiempo, al invasor: España y su presidente, Pedro Sánchez, que lleva desde la misma noche electoral que certificó la victoria de Trump haciendo grandes aspavientos ante las cámaras para intentar que el mandatario estadounidense se fije en él. Así como otros dirigentes mundiales, durante estos meses, han intentado por todos los medios congraciarse con Trump, Sánchez ha hecho la lectura correcta para nuestra situación: España está protegida, en la práctica, por su pertenencia a la UE (las sanciones que pueda idear Trump tendrían que aplicarse a toda la UE, también a sus socios italianos) y por las bases de Rota y Morón, que siguen teniendo una gran importancia estratégica para Estados Unidos y que en un contexto de ruptura de la OTAN y choque frontal con Trump podrían peligrar. Pero, sobre todo, Sánchez ha visto claramente lo sucedido en Canadá y después en Dinamarca, y probablemente en otros países occidentales: enfrentarse a Trump renta electoralmente y no es tan peligroso como parece, porque el presidente de EEUU (al igual que el propio Sánchez) es un jugador de póker amante de tirarse faroles. Y, además, se le ve venir.
Y si enfrentarse a Trump es rentable, hacerlo con sus acólitos digitales no lo es menos. Sánchez ha propuesto una normativa para prohibir el acceso a las redes sociales hasta los dieciséis años, justo después de que Elon Musk criticase el anuncio de regularización de inmigrantes irregulares del Gobierno español. Los choques con Musk y, después, con el dueño de Telegram, Pavel Durov, han llegado al exótico mensaje que Durov envió a todos los suscriptores de Telegram en España. Para regocijo de Sánchez, que por lo que se ve es mucho más consciente que ellos de que estos rifirrafes no le ponen en dificultades, pues no hemos llegado, ni mucho menos, al punto en que los usuarios de una red social tengan como referentes de sus ideas a los dueños de dicha red social; de hecho, probablemente la inmensa mayoría ni siquiera sepan quiénes son. Sólo saben que son multimillonarios que se creen con derecho para irrumpir burdamente en el debate público de otro país. Multimillonario extranjero que da lecciones y trata a tu país como una colonia y presidente del país que les hace frente; la clásica receta para el éxito, como bien explica este afortunado meme de Internet: