Una de las características que nos afectan a los ciudadanos, especialmente en las sociedades más desarrolladas, es que de forma voluntaria o inconsciente estamos sometidos al envolvente "ruido social" que genera el efecto internet, sobre todo ese artefacto que un día, casi sin saber cómo, apareció en nuestro bolsillo y que designamos como teléfono inteligente (el antiguo móvil). Este medio, y sus redes sociales que nos atrapan, genera un diluvio de noticias, la mayoría innecesarias, informaciones banales sin argumentos objetivos que las sustancien, desinformaciones en realidad, ofrecidas con intereses oscuros por parte de grandes empresas tecnológicas.
Estamos invadidos, somos víctimas de un agresivo marketing consumista que consigue ocupar y colonizar nuestra mente, ánimo, tiempo y que no aporta nada positivo, y en realidad nos distraen de las verdaderas cuestiones de interés que deberían ocuparnos. Nos incapacitan para imaginar un verdadero diseño de sociedad adecuado para desarrollar nuestras vidas, las de nuestros hijos y nietos en un futuro que casi siempre nos va a coger desprevenidos.
Si supiéramos desenchufarnos de dicho “ruido social” podríamos dedicar nuestra atención a uno de los problemas más graves de la Humanidad en todos las épocas, las migraciones. Migrantes del planeta que antes como hoy se juegan la vida todos los días para sobrevivir. Podríamos situarnos en la grave situación de indefensión e injusticia que padecen actualmente en todo el mundo.
Si observáramos con atención, alejados del colosal barullo, podríamos comprender que no hay nada químicamente puro en la Naturaleza, ni en la Sociedad. Todo está mezclado, mestizado. Sin recurrir a tiempos más remotos, nuestros genes biológicos y culturales son fenicios, grecorromanos, judeocristianos, procedemos de los pueblos suevos, vándalos, alanos, godos, visigodos, árabes, mozárabes. Hemos recibido de todos ellos la diversidad de caracteres y de culturas, y con este crisol de genes y culturas hemos creado nuestras sociedades, más ricas y más diversas. Toda Europa y toda América ha sido y es población migrante. La migración ha sido y seguirá siendo consustancial al género humano, bien para sobrevivir, o bien para progresar. Somos todos ciudadanos en un mundo mestizo.
Si nos situamos en España, podría sorprendernos tanta insensatez con la que actúan los partidos conservadores a la hora de afrontar el tema de la migración. Y en particular su irracional rechazo al proyecto de ley regulación. El actual gobierno pretende conceder un estatus de legalidad jurídica a unos quinientos mil migrantes que viven ya en nuestro país en situación de ilegales.
Les necesitamos. Gobiernos anteriores de distinto signo político ya regularizaron resolviendo penosas situaciones. Hoy, el Banco de España, nada sospechoso de ser de izquierda sigue insistiendo; la Confederación Española de Organizaciones Empresariales, nada sospechosa de ser revolucionaria; distintas federaciones regionales de empresarios; la Conferencia Episcopal Española; los sindicatos. Todos están urgiendo la necesidad de concederles la legalidad, “los papeles” para lo más elemental o básico, que los migrantes puedan ser contratados para trabajar con todos los requisitos de seguridad jurídica.
Existe la necesidad de incorporar e integrar en la sociedad española a este gran colectivo de trabajadores que están invisibilizados, desprotegidos y con demasiada frecuencia son víctimas de abusos y menosprecio de crueles explotadores. Podrían convertirse en ciudadanos con derechos a residir legalmente, a ser contratados a trabajar, estudiar, atención sanitaria… y lo más relevante, serían tratados como seres humanos, personas titulares de derechos, obligaciones y oportunidades según marque la ley de regulación. Será este un gesto humanitario con un amplio colectivo que clama compasión y justicia.
España recibiría beneficios, como resolver el déficit demográfico que aumenta progresivamente, aliviar el envejecimiento de la población activa, realizar trabajos que ya nadie quiere, asegurar el sostenimiento de las pensiones, contribuir al desarrollo económico…
La situación política hoy está enrarecida y dificulta dicha regulación. Un partido de extrema derecha, aprovechando las situaciones de crisis y vulnerabilidad propias de cualquier sociedad, ha intoxicado las mentes y el ánimo de millones de ciudadanos rechazando y estigmatizando a los migrantes. Partido político que crispa y tensa situaciones, degrada instituciones, y no tiene intención ni un plan de resolver ninguno de los problemas de la sociedad española. Su única aspiración, utilizando toda clase de medios sin ética ni moral, es alcanzar poder político.
Más grave todavía es que el Partido Popular, que ha gobernado España y aspira a gobernar, hoy está confundido, desnortado. Hasta hace pocos años desarrollaba una política pública moderada, tanto en el gobierno como en la oposición, se debatían y se firmaban acuerdos para un bien general con otros partidos. Hoy los líderes del PP, en competencia con Vox, han puesto en práctica contenidos, formas y maneras de la extrema derecha.
Hace días el Partido Popular acordó medidas, en un gobierno regional, para endurecer y extorsionar al límite al colectivo migrante, algunas podrían ser contrarias a la ley, y obstaculizar en la práctica, aún más, sus vulnerables vidas. Precisamente en Extremadura, una región de donde salieron en el siglo pasado casi un millón de migrantes, tanto dentro como fuera de España, huyendo de la pobreza. Es un giro peligroso que puede extenderse a otras regiones. Una deriva irracional que para nada favorecería a la sociedad española, más bien originaría un retroceso de derechos conseguidos y aumento de conflictividad.