Por desgracia, será un plebiscito

Opinión

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Publicado: 04/10/2026 · 06:00
Actualizado: 04/10/2026 · 06:00
  • Manifestación por el derecho a la vivienda en València.
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Si Pedro Sánchez buscaba una ventana de oportunidad para convocar elecciones, ahora la tiene. La derogación de los decretos de vivienda no solo le da un argumento frente al bloque de la derecha, sino que además puede generar la movilización de un electorado, el más crítico con el propio Gobierno progresista, que, en condiciones normales, se hubiera quedado en casa y hubiera asegurado la victoria que la mayoría de los sondeos ya dan a la suma de PP y Vox. Pero una oportunidad es una oportunidad. Y en la cabeza de Sánchez está la posibilidad de aprovecharla o no, por inesperada que fuera.

Creo que los planes eran otros: llevar los Presupuestos Generales del Estado y el nuevo sistema de financiación a votación y, con la presumible derrota parlamentaria —también con el rechazo de Junts—, haber convocado a los españoles a votar sobre febrero o marzo, con varios objetivos que son los mismos que los de ahora: plantear una disyuntiva entre lo propuesto en las cuentas y en la financiación, o lo contrario. Presupuestos puede haber otros con una nueva mayoría; lo de la financiación, con Vox, es más complicado.

Pese al desgaste, el PSOE hubiera sacado un resultado aceptable; es decir, mantenerse o crecer ligeramente por encima de los 120 escaños, sobre todo por el desgaste del proyecto Sumar y la división de la izquierda estatal. Incluso, como defiende Iván Redondo, los socialistas se hubieran quedado cerca del PP en escaños —o lo hubieran superado, como sostiene el gurú—, pero el crecimiento de Vox le daría la mayoría suficiente a Feijóo para lograr una investidura y gobernar. El PSOE se quedaría en la oposición, pero con una posición de referente de la izquierda, y buscaría nuevos liderazgos hasta mejor suerte. Esto lo hemos visto ya otras veces.

Ahora bien, otra cosa son las elecciones municipales y autonómicas con un Gobierno del PP y Vox en la Moncloa. Le hubiera generado alguna ventana de oportunidad al PSOE en algún territorio, más allá de lo que pueda conservar. Pero con la caída de los decretos de vivienda se abre otro escenario, siempre y cuando las elecciones se planteen como un plebiscito: la gestión de las soluciones habitacionales.

  • Pedro Sánchez, el viernes, en el Congreso. 

Parece fácil. Feijóo ya ha anunciado parte de la solución: construir viviendas a mansalva y problema resuelto. Pero no es fácil. Ni se va a solventar en un mandato. Construir viviendas es una solución, pero hay un sector importante de la sociedad que necesita soluciones ya. Y las nuevas viviendas tardarán. Hay que hacer crecer el parque público; hay que incentivar que los pequeños propietarios pongan sus viviendas en el mercado; que los grandes tenedores lo hagan con un precio realmente asequible, favorecer la colaboración público-privada, y, sobre todo, hay que evitar los desahucios. Y, si no puede ser, tener alternativas para ello.

Lo que cuesta entender es que los fondos de inversión compren bloques de viviendas enteros e intenten echar a sus inquilinos, que han pagado religiosamente. Como poder ser, puede ser. Lo estamos viendo. Pero los gobernantes no se lo pueden permitir. No puede primar la ley del más poderoso. Y, si sucede, al menos debe haber una alternativa.

Y mientras eso vaya sucediendo, habrá partido electoral, siempre y cuando las elecciones se planteen como un plebiscito. No ya sobre la política de vivienda de PSOE y Sumar, que, a la vista está, ha sido un fracaso, sino sobre una cuestión mucho más directa: si existe la posibilidad de que te echen de la vivienda alquilada siendo un inquilino ejemplar. Y a eso le va la vida a mucha gente, y a muchos jóvenes. Y no son cuatro perroflautas, no.

En la medida en que el debate se simplifique, más movilizarán las elecciones. Da igual lo que haya sucedido en el pasado, que es grave. Pero elegir el orden de las necesidades hace que muchas cosas pasen a un segundo plano.

Por ejemplo, si ahora se planteara un debate en el seno de la Diputación de Alicante entre construir dos palacios de congresos, como hay proyectados en Alicante y Elche, por valor de más de 300 millones, y hacer más viviendas con esta cantidad de dinero, ¿qué elegiría la gente? Es obvio, ¿verdad? Por necesarios que sean esos edificios y por demagógico que pueda parecer el planteamiento, ganaría la opción de las viviendas.

Pues esa puede ser la clave de estos comicios de noviembre, si es que se convocan. Posiblemente sean injustos, porque siempre que se da a elegir entre A y B hay injusticia. En medio hay una escala de grises, con sus matices y con su razón, pero, como excepción que es España (a nivel electoral), vamos camino al abismo.

Después, el pueblo ya pondrá contrapesos, como lo ha hecho en otros tiempos, para resolver la incapacidad y el fracaso del Gobierno de turno. O una repetición electoral, por remota que parezca. Ajusta cuestiones, y premia al grande.

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