La pareja de Pérez Llorca ha pedido el traslado a Valencia porque sabe que su Juanfran va a estar mucho tiempo en la capital del Turia. Si el cambio intimísimo de colchón de Pedro Sánchez auguraba un plácido sueño en La Moncloa, este movimiento personalísimo del president de la Generalitat le acerca al intento de reválida. En el fuero interno del Partido Popular existe la tradición de que todo presidente en ejercicio debe repetir como candidato, salvo honrosas excepciones como la de Carlos Mazón. De hecho ya ha habido algunos medios que han adelantado la apuesta de Génova por Pérez Llorca.
Mientras el president busca acomodo a su pareja, Carlos Mazón levanta la mano y le dice que no se olvide de él. Ya están en la planta noble del PP yendo a misa con Isabel Díaz Ayuso para que al ex president se le quite la idea de la cabeza de ir en listas en las elecciones de 2027. No quiere tener una cita con la jueza de Catarroja, que lo manden a otro parlamento autonómico como hicieron con la ex lideresa del PP catalán, Alicia Sánchez Camacho cuando la colocaron en la Asamblea de Madrid. No entiendo la estrategia de Mazón, más que movimientos lo que no comprendo son sus impulsos torpes y que confirman lo que ya se sabía: no tiene gente competente a su alrededor. No les voy a negar que siento misericordia por él viendo su maltrecho semblante. Si sus amigos como José Manuel Cuenca le quisieran bien y no sólo los emolumentos que le proporcionan su privilegiada fraternidad, le dirían que lo dejara todo. Abandonar el aforamiento e inmolarse en el sacrificio de la imputación podría ser la forma de librarse del calvario y que resucite en una defensa de la que seguramente salga redimido y salga del sepulcro en el que está emparedado.
El problema es que además de importarles un bledo la suerte de su amigo, tampoco son los más competentes; es lo que tiene rodearte de un comité de compañeros de piso en lugar de uno de sabios aunque vivan a tres manzanas de ti. No es más que en un reflejo de los problemas que tienen los partidos y de forma acuciante en el Partido Popular, como refleja el ensayo coordinado por Armando Zerolo, La derecha desnortada (Península). Las maquinaciones desesperadas de Mazón y la revalidación de un Pérez Llorca que es calificado como un bluf en el seno de las confesiones privadas de algunos pesos pesados exdirigentes del PP, demuestra que atravesamos una profunda crisis de liderazgos.
Si Pérez Llorca es candidato en 2027 es simple y llanamente porque no hay nadie mejor. No es que él sea una reencarnación de Cicerón y de Churchill, sino que las alternativas al ex alcalde de Finestrat no existen por ausencia de talento en los cuadros orgánicos. Lo mismo pasará si Carlos Mazón es incorporado en las listas del PP a las autonómicas, no será porque el ex president sea un incomprendido que busca una reconciliación con su alma política sino porque directamente no habrán encontrado a muchos que tengan espíritu. Fíjense cómo estará el PP de capital humano que cuando tuvieron que elegir a un diputado para que cogiera el relevo de Mazón como president no sabían a quien poner. De haber tenido a gente capaz, seguramente habría habido un intenso debate en el seno del partido, una batalla política por recabar apoyos y seducir a las alianzas con el juego del cortejo de las prebendas, pero el nivel era tan bajo que nadie se atrevió a ni tan siquiera a marcarse un farol; un faro que es lo que precisamente necesita el PPCV para que su barco no vaya a la deriva en las aguas resacosas de la Dana.