Muerte a los viejos rockeros

Opinión

Revista Plaza Principal

DIVINAS PALABRAS

El rock gagá se resiste a jubilarse. Con la ayuda del bótox y el antifranquismo, cantantes de la izquierda prehistórica intentan disimular la vejez. Pero es hora de que bajen del escenario. Por dignidad, por decoro, por vergüenza torera

Publicado: 02/08/2026 · 06:00
Actualizado: 02/08/2026 · 06:00
  • Miguel Ríos.
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Miguel Ríos tiene 82 años. Su último gran éxito fue el tema Bienvenidos. Eso fue en 1982. La mitad de aquel público ha muerto. Pero él, viejo rockero con callo, sigue vivito y coleando. Unos días nos interpreta, por enésima vez, el Himno de la alegría del pobre Beethoven, y otros hace de telonero de candidatos socialistas desahuciados.

Miguel Ríos (Mike Ríos durante el franquismo) vive razonablemente bien gracias a la industria boyante del antifranquismo. Come en buenos restaurantes y reside en una urbanización de lujo en Madrid. Desde el siglo pasado no se le ve tomando cañas en los bares de Orcasitas y San Blas, regentados por emprendedores chinos.

Miguel está alarmado por el auge de la extrema derecha. Yo también. Ve camisas negras por todas partes. Como artista comprometido con la democracia, firma todo manifiesto en defensa del Gobierno y su presidente. También asiste a actos en el Ateneo de Madrid, presentados por el poeta viudo, tristón y oficialista Luis García Montero.

Ese compromiso por defender las libertades del asedio de los fascistas (aquellos que no firman manifiestos ni viven en El Viso como él) debe tener recompensa. La pensión que le queda a un artista es de risa, menos que el ingreso mínimo vital que cobra un joven con alergia al trabajo. Por tanto, el sistema debe acordarse de Miguel Ríos. Ahí están los ayuntamientos socialistas para contratarlo. A antifascistas como Ríos se les hace siempre un hueco en los espacios de Televisión Espantosa y otras cadenas del Régimen.

«Miguel Ríos no está solo en la empresa de cazar ultras. Es punta de lanza del mundo de la cultura, aliado oportunísimo del Gobierno de progreso»

Miguel Ríos no está solo en la empresa de cazar ultras. Es punta de lanza del mundo de la cultura, aliado oportunísimo del Gobierno de progreso. Comparte generación con Víctor Manuel (79 años), Ana Belén (75), Joan Manuel Serrat (82), Lluís Llach (78) y Rosa León (74). Con la excepción de Llach, hoy vicepresidente de una cosa independentista y también represaliado por Franco (su padre fue alcalde franquista de Verges), todos interpretaron el papel de la ceja en apoyo a esa joya de persona que es el siniestro  Zapatero, a quien le deseamos la peor de las suertes en sus tratos con la Justicia.

Los artistas de la ceja, hoy mudos, se han convertido en el sostén de una democracia amenazada por los fascistas. De paso, salivan para limpiarle la punta de la bota al amo que les da de comer. Pero veamos quién es quién entre estos viejos rockeros (o cantautores) que se resisten a jubilarse.

Empecemos por Víctor Manuel & Ana Belén S.A. Es sorprendente que estos comunistas de lujo sigan traumatizados por Franco. Víctor Manuel, de jovencito, le cantó la canción Un gran hombre al Caudillo en 1966. Su compañera fue una niña mimada en las películas del Régimen del 18 de julio. Luego supieron adaptarse a los nuevos tiempos. Aunque votantes del PCE, apoyaron a Felipe González cuando los necesitó. En la huelga del 14 de diciembre de 1988 trabajaron. Después estuvieron con Zapatero y ahora con Sánchez.

Serrat ha prometido que esta gira será la última de su carrera. Confiamos en que cumpla su palabra. Es otro artista del Régimen, y catalán. También ha puesto su talento al servicio del PSC, que vive del voto de los electores castellanohablantes para luego castigarlos, si cabe con más dureza que los nacionalistas, cuando toca poder.

Rosa León sigue cantando Al Alba, como si no hubieran pasado cincuenta años. Menos mal que Aute no está entre nosotros para verlo. De Llach lo mejor que se puede decir es que nadie con menos de cuarenta años, exceptuando algunos catalanes, recuerda L’estaca.

Le pido a Dios que la vida no me sea indiferente, pero además que estos viejos rockeros se piren de una vez por todas. Que no den más la brasa. La jubilación no tiene por qué ser mala si tienes millones en el banco. Aún están a tiempo de envejecer con dignidad. De momento, ni siquiera han dado la talla como juglares del Régimen.

 

* Este artículo se publicó originalmente en el número 138 (julio 2027) de la revista Plaza

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