Lo mejor es votar

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EL BILLETE
Publicado: 04/10/2026 · 06:00
Actualizado: 04/10/2026 · 06:00
  • Pedro Sánchez, reflexionando.
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Hay un momento en las reuniones de comunidades de vecinos en el que los asuntos se enquistan: las discusiones suben de volumen y los argumentos se arman con agravios que nada tienen que ver con el punto del orden del día que se está tratando, haciendo el acuerdo imposible. Es en ese momento cuando los buenos administradores curtidos en mil batallas vecinales resuelven el bloqueo con un: “Señores, ¿votamos?”.

Los problemas en España lleva años enquistados debido a la ajustada configuración de ese patio de vecinos que es el Congreso, donde la mayoría absoluta de derechas hace muy difícil que un gobierno de izquierdas pueda sacar leyes adelante. 

De este bloqueo se sale votando en las urnas y configurando un nuevo Parlamento. Nadie garantiza que no vuelva a salir una aritmética diabólica, pero al menos hay que intentarlo. 

Cuando Pedro Sánchez subió el viernes, por sorpresa, a tomar la palabra antes de la votación de los dos decretos de vivienda, debió anunciar que la de la vivienda era la última votación en la Cámara y que había llegado el momento de que votara la ciudadanía. 

Algo insinuó cuando acabó su intervención con la grandilocuente frase: "La historia les juzgará antes de lo que creen y con más contundencia de la que imaginan", dirigida a quienes iban a votar en contra (PP, Vox, Junts y UPN). Pero no remató. 

En lugar de eso, consumada la derogación de los decretos, nos regaló otro fin de semana de reflexión para analizar si la calentura de la calle le da opciones de resistir otra convocatoria electoral.

En su reflexión quizás llegue a la conclusión de que con su intervención en el Congreso ha despertado la ilusión de todo el mundo, izquierdas y derechas, que se ven ganadores de las elecciones. Y puede que se dé cuenta de que no tendrá otra oportunidad como esta. 

El desahucio de Maricarmen y todo lo que ha venido detrás ha abierto un resquicio en sus hasta ahora nulas posibilidades de sobrevivir a esta legislatura y, si es el Pedro Sánchez que conocemos, el del Manual de resistencia, tratará de aprovecharlo.

Los votantes de derechas, que llevan tres años pidiendo elecciones anticipadísimas, celebran que pueda haber llegado ese día, aunque les ha entrado el miedo en el cuerpo porque conocen la singular propensión de Núñez Feijóo a perder partidos en tiempo de descuento.

Estos votantes, movilizados desde hace meses, pedirán que no nos olvidemos de Ceuta, del apagón, de Ábalos, de las joyas de Zapatero, del hermanísimo, etc., pero no lo tendrán fácil porque la memoria electoral es corta y la justicia, lenta.

  • Manifestación por la vivienda en València. 

La izquierda está dispuesta a tomar la calle para que no se hable de otra cosa que de la vivienda. El problema de Ceuta se irá solucionando y el de la vivienda continuará agravándose. Continuará el goteo de maricármenes, de manifestaciones y de acampadas —“estos no son perroflautas”, me decía el otro día uno del PP—, con los focos y las cámaras recogiendo testimonios desgarradores. Y en la calle de al lado, otros colectivos descontentos, como los docentes. Lo que viene siendo un “otoño caliente”. Donde puede que pinchen es en la convocatoria de una huelga general.

La desfachatez de Sánchez llegará al extremo de plantear las elecciones como un plebiscito sobre su política de vivienda, con la facilona disyuntiva: o estás con los vulnerables o estás con los buitres, como si la actividad de los carroñeros no se hubiese multiplicado durante sus ocho años de gobierno.

Será, como siempre, una batalla por el relato, por señalar quién tiene la culpa, pero esta vez centrado en un problema que para muchas personas puede decidir el sentido del voto.

Quienes viven angustiados porque no encuentran una vivienda, quienes están siendo expulsados de sus casas alquiladas desde hace años porque el dueño quiere subirse a la ola de los disparatados precios del alquiler, las familias hacinadas en una habitación sin armarios con la ropa metida en bolsas, los jóvenes sin expectativas de formar un hogar..., a todos esos no les hables de Ceuta, de Begoña o de Leire, porque no son esos sus problemas.

Lo único malo de una convocatoria electoral es que retrasará a 2027 cualquier nueva medida para solucionar el problema.

 

PS: Aunque era improbable que saliera adelante, una eventual convocatoria electoral acabaría con el proyecto de reforma de la financiación autonómica que el Gobierno quería aprobar en las próximas semanas. Y nos quedaríamos con el caducado en 2014 hasta no se sabe cuándo. Lo bueno es que si llegara Feijóo a la Moncloa, al menos nos daría el fondo de nivelación, ¿no?

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