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Desde mi rincón

Hombres feministas

Publicado: 07/03/2026 ·06:00
Actualizado: 07/03/2026 · 06:00
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La escritora Nuria Varela, especializada en feminismo, sitúa las dificultades y la lucha de la mujer para conseguir sus derechos e igualdad de oportunidades al decir “el Feminismo es un impertinente. Se dice “feminismo” y nuestros interlocutores inmediatamente se ponen a la defensiva. Por qué? Porque el feminismo cuestiona el orden establecido. Y el orden establecido está muy bien establecido para quienes lo establecieron. Es decir, para quienes se beneficiaron de él”. Es una historia muy larga de dominación e injusticia, y recientemente, de lucha y liberación.

Los historiadores de la Antigüedad describen como un hecho o cambio transcendental para la Humanidad cuando el ser humano pasó de ser nómada, cazador y recolector, a posicionarse en un territorio fijo, sedentario. Este importante paso propició muchas de las instituciones que han ido surgiendo y evolucionando con el paso de los siglos: el capitalismo que surgió de la riqueza agrícola, el comercio, las ciudades estados, la propiedad privada, la esclavitud, leyes y religiones, la administración pública, los ejércitos…, y destaca la división de funciones del hombre y la mujer. Él, dedicado a guerrear y a organizar las actividades públicas. Ella, subordina a casa, cocinar, parir y criar numerosos hijos. Es el nacimiento del Patriarcado.

El patriarcado, y sus formas de gobernanzas machistas han ido adaptándose a las culturas de las distintas épocas y han conseguido instalar en nuestro cerebro masculino durante miles de generaciones falsas creencias de superioridad y poderío que intoxican todos los ámbitos de la vida social, normas, costumbres, educación… Es como un dañino e imperceptible virus.

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, sería oportuno detenerse y reflexionar la deriva de esta separación de funciones entre hombre y mujer que ha conducido a dos clases de ciudadanos con distintas categorías. Salvo muy honrosas excepciones, las mujeres fueron apartadas de las organizaciones de poder y control, e incluso de su presencia física en los ámbitos sociales. Fue el fruto de una infravaloración por parte de los hombres que no la consideraron semejantes a su valía e inteligencia durante miles de años, sino como objetos secundarios Esta cruel y milenaria situación ha desencadenado un decidido rechazo de sus víctimas en la actualidad.

Si los hombres decidiéramos despertar de nuestra anestesia y falsas creencias masculinas tomaríamos conciencia del sufrimiento que hemos provocado al género femenino, sentiríamos verguenza y responsabilidad masculina. Afrontaríamos que nunca ha existido en la Historia una injusticia mayor. Media humanidad menospreciando a la otra media Humanidad, que por cierto son las mujeres que hemos elegido como compañeras. Una irracional paradoja!

Urge que los hombres, con este historial en las espaldas, seamos conscientes de que dicha injusticia, en la que nos encontramos acomodados, ha sido y es todavía, un insulto a nuestras parejas en la vida diaria. Nuestra inconsciente rutina nos obstaculiza reaccionar contra unas normas y costumbres sociales, familiares y domésticas que son privilegiadas y abusivas. Eliminar este virus y sus prejuicios nos liberaría y enriquecería como personas.

Han sido numerosos los hombres feministas, sobre todo desde la época de la Ilustración, siglos XVIII en adelante, que han defendido la dignidad, las capacidades mentales de la mujer. Hoy también van aumentando los numerosos grupos de hombres, cada uno con sus medios, que apoyan y colaboran a una igualdad real de derechos, obligaciones y oportunidades entre hombres y mujeres, tanto en la vida pública como en la privada y hogar. Por brevedad, destacar solamente al jurista Octavio Salazar, autor de un inspirador libro reciente, el hombre que no deberíamos ser. Es un manual práctico, directo para poner en marcha “la revolución masculina que tantas mujeres llevan siglos esperando”. Urge comprender, descubrir cómo en el amplio entramado de la sociedad, tanto a nivel público o privado/familiar, está presente este virus machista.

En España el joven movimiento feminista ha realizado un valiosísimo trabajo. Ha influido de tal manera que una ingente cantidad de mujeres, ajenas al Movimiento Feminista, han sentido un fuerte impulso de liberarse, sentirse valoradas, capaces, dignas que han cambiado a mejor sus vidas para siempre. Es una rotunda lección para nosotros. Nos llevan mucha ventaja.

Simone de Beauvoir ya lo anunció, “cambiar la vida social de las mujeres transforma la estructura de la sociedad”. Y abundando en este particular, también la escritora Carmen Domingo insiste que “para el avance sólido de la sociedad es necesaria una coeducación y un convencimiento compartido entre hombres y mujeres”.

Este es un apasionante trabajo pendiente para un esperanzador cambio, que interpela a elaborar un proyecto común entre mujeres y hombres con una estrategia eficaz para ir acercándonos todos a una sociedad mejor compartida y más justa.

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