En nombre del municipalismo. Sí, digo bien, el municipalismo como primera línea de defensa del estado del bienestar y de la prestación de servicios públicos de calidad. Un municipalismo que, en su tarea de diseñar la ciudad y el espacio común de todos y todas, precisa -con el Estatut de Autonomía en la mano- de un gobierno autonómico financieramente sólido, con recursos suficientes y puntual en sus compromisos.
La gobernanza de nuestros pueblos y ciudades solo puede desplegar su potencial si la institución que acumula el conjunto de competencias esenciales para generar calidad de vida está a la altura de las circunstancias. Claro que resulta determinante y trascendental el modelo de financiación que tengamos. Y ahora, tras muchos años de quietud acumulada, se nos abre una ventana de oportunidad.
Sin duda, la financiación local es una piedra angular pendiente de solución, pero el debate sobre la mejora de los recursos autonómicos nos afecta directamente. No es un tema menor o ajeno. Es, también, nuestro gran tema.
Quiero apelar a ese municipalismo transversal que no debería atender a directrices partidistas sino, por el bien de sus vecinos y vecinas, ubicar el foco en la vida diaria de los problemas que necesitan más recursos para su solución.
Por supuesto que la propuesta de un nuevo modelo de financiación autonómica se puede y se debe defender desde muchos ángulos y perspectivas. Claro que debería ser el Consell el primero en abrazar una propuesta que -atención- duplica la petición que el actual President de la Generalitat realizó recientemente al Gobierno de España. Exigió 1.700 millones anuales para la Comunitat Valenciana y, en cambio, la propuesta del Gobierno de España asciende a 3.669 millones al año. Y la pregunta es: ¿Porqué el PP está en contra de recibir el doble de lo que exigía?
Despreciar el modelo que tenemos sobre la mesa hunde a la propia Generalitat y, en la misma jugada, a los ayuntamientos y sus proyectos pendientes. Grotesco. Los ayuntamientos necesitamos objetivamente que la Generalitat disponga de más recursos. Necesitamos conselleries solventes y no al borde del colapso. Necesitamos que se materialicen los servicios, equipamientos y dotaciones que garantizan derechos y que, obviamente, solo se residencian en nuestros municipios.
Los pueblos y ciudades son el gran teatro de operaciones donde todo sucede. Construir la ciudad de los ciudadanos y ciudadanas exige una mirada de estado, integral y leal ante la gran oportunidad que tenemos para llegar más lejos. La Generalitat no debería ensimismarse y perder el norte de sus obligaciones con los municipios valencianos.
Debería entender que competencias como educación, cultura, sanidad, servicios sociales, vivienda, dependencia y un largo inventario condicionan la configuración de nuestro espacio urbano. No son competencias menores. Constituyen la clave de bóveda de nuestra calidad de vida y de nuestros modelos de ciudad.
El anterior gobierno que presidió Ximo Puig tejió su propuesta de Comunitat a través de una gran alianza con el municipalismo. De ahí nació el Fondo de Cooperación Municipal que dormía encajonado en el sueño de los justos desde la reforma estatutaria de 2006.
Motivo de más para no descartar el incremento de los 3.669 millones anuales que tenemos a nuestro alcance. A ver si lo entienden algunos: más financiación autonómica, más fondo de cooperación incondicionado, más servicios públicos, más justicia social y más ciudad. Esa ciudad de los ciudadanos por la que muchos alcaldes y alcaldesas nos dejamos la piel. Y de eso va la propuesta del actual Gobierno de España.
En consecuencia, el municipalismo debe constituirse como un actor político para reivindicar con fuerza este nuevo modelo porque ganamos todos. Más allá de quién lo haya propuesto, nadie puede obviar que la Comunitat Valenciana, sus instituciones públicas, la sociedad civil, universidades, sindicatos y empresarios han contribuido a crear el contexto necesario para el nuevo escenario. Ha empujado para generar la percepción de la infrafinanciación autonómica como un tema que debía escalar en la jerarquía de interés de las fuerzas políticas de este estado complejo, polifónico y compuesto llamado España.
Estamos ante uno de esos temas que, filtrados por el sectarismo y la deslealtad, nos perjudican a todos por intereses espurios. Ni hay argumentos en contra que merezcan la pena ni hay modelo alternativo. Las derechas no lo tienen. El PP, de manera indisimulable trata de esconder sus múltiples contradicciones entre comunidades. No tienen propuesta común. No tienen nada en sus manos. Sólo un ‘no’ a todo cronificado en sus labios.
Además, la presidenta de la Comunidad de Madrid jamás consentirá que las periferias mejoremos. Sobre la extrema derecha no merece la pena opinar demasiado. En su ramplona sinceridad antisistema no engañan a nadie: no quieren ni este ni ningún modelo que mejore la financiación de las autonomías porque, sencillamente, las desprecian y no creen en ellas. Ese es el socio de honor del PP. Un auténtico caballo de Troya contra el modelo de estado que sanciona la Constitución de 1978. Terrible.
El PP en esta comunidad está dispuesto a despreciar que incrementemos el 18% respecto a lo que recibíamos y que obtengamos, a pesar de ser el 10% de la población, un 17,5% del total de recursos adicionales que el Gobierno ofrece.
Además, ya rechazó una quita de la deuda de 11.200 millones, lo que rebajaría anualmente más de 100 millones al año de gasto en intereses que se podrían dedicar a contratar más sanitarios, profesores, fortalecer los servicios públicos o dedicar gran parte a invertir en vivienda pública para nuestros jóvenes.
Pero no. Les importa más quien hace la propuesta, qué partido la propone o con quien se hace la foto el presidente del Gobierno que la propuesta en sí. Prefieren rechazar una propuesta positiva para la Comunitat Valenciana simplemente por partidismo, electoralismo y frentismo.
Nunca tendremos una propuesta tan beneficiosa para los valencianos y valencianas como la que tenemos encima de la mesa gracias a Pedro Sánchez y el compromiso del Gobierno de España.
En nombre del municipalismo debemos apoyar lo mejor para nuestra gente, para nuestros vecinos y vecinas. El modelo del Gobierno de España genera más transparencia, más solidaridad, más recursos, más autonomía, más corresponsabilidad en tributos como el IVA o el IRPF.
El modelo que las derechas desprecian incorpora, además, una derivada milmillonaria ligada a la lucha contra el cambio climático. ¿Hace falta recordar qué pasó el 29 de octubre de 2024? ¿No se sienten aludidos, ni concernidos? ¿Esto no va con ellos? Deben preferir el colapso, la bancarrota, el deterioro de los servicios públicos, ciudades menos prósperas y con menos derechos.
Por primera vez en muchos años, tenemos una buena propuesta a nuestro alcance, histórica, con luces largas y lealtad constitucional entre las diferentes esferas del Estado.
Gobernar es interpretar cada momento y hacerlo en favor de la gente. O se está con la mejora de la vida de las personas o no se está. De esto va, en última instancia, el debate de la financiación autonómica.
Carlos Fernández Bielsa es portavoz del PSPV en la Diputación y secretario general de la provincia de València