Opinión

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EN LA FRONTERA

Empatía

Publicado: 25/01/2026 ·06:00
Actualizado: 25/01/2026 · 06:00
  • El president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca.
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Se puede tener mucha empatía, mediana empatía y empatía regular tirando a cero. Eso en política cuenta mucho porque es un factor clave, no el único, para que la gente sienta identificación con sus representantes. El presidente de la Generalitat Valenciana. Juanfran Pérez Llorca es por ejemplo un personaje bastante empático. Un hombre 'normal' que ha sido muchos años alcalde de su pueblo, Finestrat, y que transmite las cosas de forma sosegada. También tiene un puntito de cara de pillo cuando cuela alguna acción aun a sabiendas que le va a sentar como un tiro a su aliado parlamentario, Vox: pongamos por ejemplo la restitución del presupuesto, 500.000 euros, a la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL); institución que para los ultras es un nido de 'rojos' pancatalinistas.

Ser empático es tener un mínimo de gancho, 'un nosequé' difícil de explicar. La amargura que ha tenido que tragarse, en dosis casi venenosas, la exconsellera Salomé Pradas, investigada por la dana, está deviniendo por ejemplo en cierto grado de empatía tras ponerse en modo "este marrón no me lo como yo sola". Empoderada. Y menos cuando le mintieron como bellacos: el presidente tiene un par de actos y no se le puede molestar, cuando la realidad es que estaba comiendo en El Ventorro, en cuatro horas cruciales, con una periodista: ¿un acto público? ¿privado? No lo sé. Elijan. Pradas ha pedido reunirse con las asociaciones de víctimas. José Manuel Cuenca, exjefe de Gabiente de Carlos Mazón, está transitando al revés que doña Pradas: se le ha quedado la cara avinagrada. Me dicen por ahí que está hundido, cosa que siento. Pero hay lo que hay, incluido el pancartazo que le estamparon en la cabeza el otro día, en el paseíllo de entrada a los juzgados de Catarroja. La jueza que lleva la dana, Nuria Ruiz, va a muerte: ha pedido a Meta que rescate los mensajes de móvil de Cuenca y de varios más.

Mónica Oltra es empática con un puntazo de retranca y socarronería. Todas las miradas en Compromís se dirigen hacia ella (antes, Iniciativa tiene que resolver sus líos) ¿Volverá Oltra? Joan Ribó fue un alcalde muy empático, con pintas de Gary Cooper y con gestos soberbios: cuando le dieron la vara de mando en su primera investidura en el Ayuntamiento de València, 2015, lo primero que hizo fue rechazarla. La vara como metáfora autocrática. Se puede ser chistoso y bienhumorado y no ser empático; no son conceptos homologables. También hay excesos de empatía como le ocurre al alcalde de Elche el popular Pablo Ruz; pero bueno, se lo está currando a tope, con ganas y convicción y con propuestas hábiles como la de elevar en altura las edificaciones en zonas de expansión con el fin de no acabar invadiendo determinadas pedanías catalogadas como suelo rústico (algo que sí ocurrió en València con Rita Barberá, que era empática y populachera, y pelín depredadora). Le afea un poquito ese afán cristianizador; capaz que un día nos pone a todos a rezar el rosario, descalzos y de rodillas. Es un decir: es 'bromi'.

Diana Morant, secretaria general del PSPV, no es empática. Se la ve rígida. Lo mismo que la candidata socialista en Aragón, Pilar Alegría. En Sumar hay de todo mientras que en Podemos van todos y todas y todes a cara de perro. Todo el día enfadados, ofendiditos.

  • El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente. -

El ministro de Transportes Oscar Puente es la antítesis de la empatía, asumiendo con gusto ser el pitbull del PSOE. Eso le quita muchos puntos en estos días complejos por el trágico accidente de Adamuz con el choque de dos trenes; luego vino el suceso del tren de cercanías en Barcelona. Lo primero que tenía que haber hecho es pedir disculpas ante la ciudadanía con humildad. Lo segundo que tiene que hacer es no demonizar (como lo está haciendo todo el PSOE) a los que preguntan, periodistas y partidos políticos, y a la ciudadanía en general.

Él, Puente, no ha ido con una radial a Córdoba a serrar unos centímetros de raíl. Nadie está diciendo eso salvo algún descerebrado que lo desliza en términos metafóricos. Pero Puente ladra y sigue ladrando cuando es evidente que en los siete años que lleva el PSOE en el Gobierno hay más accidentes y muchísimo caos (fallos técnicos, descoordinación, retrasos interminables...) en la alta velocidad. Si todo estuviera perfecto el también jefe del ente gestor ferroviario, Adif, no hubiera dado la orden de reducir la velocidad de forma drástica en algunos recorridos. Él mismo se contradice. Y eso pasa por asumir responsabilidades políticas, un eufemismo que se solo puede traducirse en dimisiones.

Tenemos la mayor red de 'AVE' de Europa, más que Francia e Italia juntos. Pero algo está fallando. Algunos expertos cifran en al menos 1.000 millones de euros el dinero en el que habría que incrementar la partida de mantenimiento, donde se han invertido en los últimos años 5.870 millones de euros con los llamados fondos de recuperación.

La falta de empatía de Puente, decíamos, le afea mucho la faena. Lo mismo que al ministro de la Función Pública Óscar Lopez, todo el día con cara de amargado. Crudo lo va a tener en las elecciones autonómicas de Madrid contra Díaz Ayuso, popular entre las masas, le pese a quien le pese. También hay ministros empáticos como Carlos Cuerpo. Y encima habla japonés. ¡Toma ya!

Coda: Donald Trump es el mayor anti-empático del Universo, aunque baile, hable en tono chabacano, y proclame chistes de dudoso gusto. A mí personalmente me da dentera: por dictador, por caprichoso, por presunto menorero, por putero, por mala persona, por xenófobo, y por cazar violentamente a niños de origen latino en el trayecto que va de su casa al colegio. Infame.

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