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POLÍTICOS AL HABLA

El scroll infinito de la antipolítica

Publicado: 08/04/2026 · 06:00
Actualizado: 08/04/2026 · 06:00
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Dicen que las épocas cambian y que hay que adaptarse, que el reguetón es como la música electrónica de mi generación y la ropa de solo una manga como las hombreras de los años noventa. Pero ello no puede ser óbice para preocuparse por algunos de esos cambios e incluso protestar y denunciarlos cuando lo que hay detrás es una seria pérdida, no solo de derechos, sino también de capacidades.

Y más todavía cuando se deduce que estas pérdidas no son cambios casuales, sino están orquestadas por la avaricia de determinadas personas, que además de acumular poder buscan amontonar  una riqueza que no la podrán gastar en varias vidas.

El mayor experimento sociológico al que estamos sometiendo a nuestros hijos va de la mano de esas redes sociales con scroll infinito, que por tanto nunca mandan al cerebro la señal de que se ha terminado. Peor que la serie más adictiva, que al menos tiene un final en cada episodio y te recuerda que es la hora de irte a dormir.

Las redes como TikToK o Instagram nunca tienen un final, por lo que puedes invertir horas y horas de un tiempo que quizás antes dedicabas a leer, estudiar, conversar o simplemente pensar.

Desconocemos qué consecuencias tendrá este nuevo entretenimiento en el desarrollo cognitivo de la gente joven, pero si a ello le sumamos que jóvenes y adultos utilizan estas redes sociales como fuente de información para saber qué ocurre en el mundo (incluida la política), los efectos globales del experimento se multiplican. A modo de ejemplo, es mucho más fácil no creer en la ciencia si tu fuente de información es el TikTok o un youtuber, donde no existe ni rigor ni exigencia de veracidad.  Por ese camino se llega a negar el cambio climático y que éste esté causado por la acción humana.

Y mientras unos están dándole al dedo para seguir viendo videos cortos hipnotizados y utilizando la IA para que les haga los deberes evitando ejercitar el cerebro, otros se dedican a acumular fortunas de uno de los bienes más preciados con el que especulan, a pesar de ser un derecho imprescindible para la vida digna: la vivienda.

Así,  aprovechando la inexistencia de limitaciones a la acumulación de este bien y un sistema impositivo favorable a la especulación, sumado a  las desigualdades de riqueza y capacidad económica entre los distintos países, los fondos buitre compran viviendas por lotes como pura inversión especulativa, disparándose el precio en las ciudades para los residentes que necesitan una vivienda para vivir.

Y no olvidemos sumar el impacto del incremento del turismo, con la conversión descontrolada de viviendas en apartamentos turísticos, generando mayor especulación sobre un bien fundamental, clave en la emancipación  de los jóvenes.

Y en este panorama hay un trasfondo que no para de crecer pues está bien alimentado: se trata de la antipolítica o la idea de que la política y, por ende, la democracia, no sirve para nada. La trampa es hacerte creer que cualquier control, límite o norma que ponga freno a algo va contra tu sagrada libertad individual, cuando las normas nacen para protegerte pero de ello uno se acuerda sólo cuando pasa algo grave. ¿Acaso no es peligroso para tí y para los demás conducir a 200 km/h?

Se empieza cuestionando la política para acabar menospreciando la democracia. El objetivo no es otro que conseguir que ese gran poder que cada uno de nosotros tiene con su voto se lo regalemos a quienes van a tomar todas las decisiones que van contra nuestros intereses.

A través de normas, impuestos, movilizaciones sociales, lucha sindical, se logró construir la universidad y la escuela pública para que toda la sociedad tuviera acceso al conocimiento; una sanidad pública y bajas laborales para que enfermar no supusiera perderlo todo; unos servicios sociales para que el Estado te cuide cuando lo necesitas; normas de transparencia y buen gobierno para que sepas en qué se gastan tus impuestos. No es un sistema perfecto, pero si miras alrededor a otros países sabes que podría ser mucho peor.

En este mundo global gobernado por los smartphones, las aplicaciones y los deseos inmediatos, quizás mientras contemplamos entretenidos videos de gente desconocida, estamos perdiendo conquistas de derechos sin los cuales este mundo será mucho peor para la grandísima mayoría de ciudadanos.

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