En sus ideas delirantes, Irene Montero ha tenido una ocurrencia que en su cabeza debía sonar estupenda. Vamos, sería la solución a lo que ella y sus camaradas ven como el problema más grande de la humanidad - incluso mayor que su terrorífico “cambio climático”- que existan españoles que no piensen como ellos, incluso me atrevería a decir que simplemente piensen. Para la izquierda, todo lo que no se pliegue a sus designios totalitarios es facha o fascista. Y claro, hay que erradicarlo de la faz de la tierra. Entonces, ahí es donde se le ocurre la genialidad del reemplazo de los fachas por inmigrantes ilegales. En el siglo pasado, la costumbre de la izquierda con el disidente era enviarlo al gulag pero ahora ha ideado algo más sofisticado: reemplazar a la población a la que no puede adoctrinar y manipular a su antojo y que obviamente ya no le vota, por inmigración a la que cree puede manejar. ¡Pobre ilusa!
El problema para ella es que, antes de que consiga construir una ciudadanía a su gusto, es esa ciudadanía la que está reemplazando a la izquierda elección tras elección, reduciendo su representación y consiguiendo, en algunos casos, su desaparición.
Las elecciones autonómicas celebradas, primero en Extremadura y luego en Aragón, han puesto de manifiesto una realidad de la que Vox venía advirtiendo hace tiempo: la sociedad está cansada de políticas tibias, alejadas de sus problemas y, cómo no, de la corrupción.
La política de tapar grietas ya no les sirve a los ciudadanos. Cada vez más, los españoles no quieren “zapateros remendones” que tan solo ponen parches. Lo hemos visto con el acuerdo de Mercosur. Primero lo apoyan condenando al sector primario y luego lo intentan remendar con las salvaguardas.
Los ciudadanos tienen problemas reales y cercanos y quieren que alguien se ocupe de ellos. Poco le importa a un agricultor que se arruina, a un joven que no puede tener una casa o a una mujer que no se atreve a andar sola por la calle por miedo a ser violada, lo que sucede en Groenlandia. Con todos mis respetos a Groenlandia.
Los resultados de Vox, duplicando su representación en Extremadura y Aragón, no son un accidente. Son el reflejo de que los ciudadanos reclaman políticas serias, sensatas y reales. En definitiva, sentido común.
Irene Montero clamaba por el reemplazo de los que ella llama fachas por inmigrantes ilegales que ellos traen. Y lo que se está produciendo es el reemplazo de la izquierda y sus políticas destructivas por el sentido común de Vox. Y todo esto impulsado por los españoles hartos de la estafa de unos y la mafia corrupta de otros.
Así, las izquierdas, cual plañideras, se preguntan: ¿Qué hemos hecho para merecer esto?
No quiero hacer un paralelismo con la protagonista de la película de Almodóvar, pero deberían reflexionar de qué se han rodeado. Ahí lo dejo.
Mientras tanto, el reemplazo ya está en marcha y es Vox.