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Tribuna libre

El desarrollo humano, en la encrucijada

"La ruta de Trump parece seguir otros caminos que nos tienen bastantes confundidos"

Publicado: 24/01/2026 ·06:00
Actualizado: 24/01/2026 · 06:00
  • El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
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Nadie discute que mejorar las condiciones de vida de los suyos, también el económico, constituye uno de los objetivos de cualquier persona y de todo Gobierno responsable. Para lograrlo, es patente que diversos factores condicionan la productividad de una economía. Además de los recursos naturales, salud y educación, tecnología y calidad de infraestructuras, podrían resultar determinantes. La estabilidad y fiabilidad de las instituciones, que influyen en el acceso de las infraestructuras a los mercados internacionales, también los financieros, de los que dependen en gran medida las posibilidades de desarrollo de cada nación habría que tenerlos en cuenta. Así, la mejora de algunos sectores esenciales serán la clave que contribuya al estímulo de la productividad y al crecimiento de las economías menos desfavorecidas.

Tanto los seres humanos como los pueblos son los primeros responsables de su propio desarrollo y, sobre la base del reconocimiento de ciertos derechos de propiedad, la palanca principal para impulsar ese desarrollo que es el trabajo. A su vez, el trabajo es motor de desarrollo tanto en el plano personal como en el social; en sentido económico, como factor de producción, y también ético, como fuente de autorrespeto y manera práctica de canalizar la personal contribución al bien común.

Reparar en las dimensiones éticas del trabajo, pone de relieve que el florecimiento humano comprende más perspectivas que el mero crecimiento económico. Por deseable que resulte desde un punto de vista macroeconómico, la productividad no garantiza el desarrollo. Basta pensar a modo de ejemplo, en la primera revolución industrial: a pesar de los notables avances tecnológicos y económicos alcanzados, las condiciones laborales infrahumanas padecidas por gran parte de la población hacen que resulte cuestionable calificar dicho -progreso- de verdaderamente humano. Para lograr un desarrollo humano es preciso tener prioridades claras, que siempre exceden a la economía.

 

Ni el Banco Mundial ni el FMI han sabido amoldarse a un nuevo contexto geopolítico"

 

En cualquier caso, nadie argumenta que mejorar las condiciones de vida de los suyos, también el económico, constituye uno de los objetivos de cualquier persona y de todo Gobierno responsable, equilibrado y moralmente conocido. Para lograrlo, y con independencia de las diferencias entre culturas, es patente que diversos factores condicionan la productividad de una economía. Además de los recursos naturales, circunstancias como la salud y educación, tecnología y calidad en infraestructuras, resultan determinantes. La estabilidad y fiabilidad de las instituciones, que influyen en el acceso a los mercados internacionales, también los financieros, de los que dependen en gran medida las posibilidades del desarrollo de cada nación.

Algo no ha funcionado hasta el momento y hasta es posible la necesidad de reformar la arquitectura financiera internacional. Un síntoma elocuente de esta crisis es que los países en vías de desarrollo recurren a China para sufragar sus gastos. Ni el Banco Mundial ni el FMI han sabido amoldarse a un nuevo contexto geopolítico. Con el tiempo, China se ha convertido en una verdadera alternativa de financiación. Hemos tardado demasiado tiempo en darnos cuenta, peor aún, que seguimos sin adaptarnos a la realidad.

Que el gigante asiático ostenta un poder hegemónico es un hecho indiscutible. Lo que no está tan claro, y es aquí donde Occidente, en particular Europa, se juega su futuro, es qué camino queremos tomar ante esta encrucijada. Podemos hacer memoria de las dos grandes guerras del siglo XX y recapitular lo aprendido: que merece la pena trabajar por la paz y esforzarse por construir un mundo unido; que es posible adherirse al principio básico de solidaridad, cooperar en el desarrollo de otros países y facilitar su acceso a los mercados internacionales. Hoy, lo de “Europa Unida” – ni por asomo-.

La ruta de Trump parece seguir otros caminos que nos tienen bastantes confundidos. Europa está a tiempo de elegir su propio destino desmarcándose de unos y de otros si de verdad desea seguir siendo ella. Esta encrucijada, más bien, debería llevarnos a repensar una estrategia de buena convivencia, de estar más unidos, que permita proteger bienes comunes de nuestro continente y fuera de él. Ello fue lo que hicimos en 1945, tras mucho sufrimiento. ¿Hacemos memoria?

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