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Desde mi rincón

El amor, la forma más elevada de la inteligencia

Publicado: 14/02/2026 ·06:00
Actualizado: 14/02/2026 · 06:00
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No hay palabra en el diccionario más usada en novelas, películas, revistas, canciones, conversaciones que la palabra amor. Atraviesa de forma extensa e intensa todas las actividades del ser humano. Son interminables las definiciones que admite. El amor es una cualidad, una emoción, un sentimiento, un eterno anhelo de superarse que reside en el ser humano desde siempre. El amor, la compasión, la bondad, la empatía, cohabitan en el mismo espacio que el egoísmo, la envidia, los miedos, y son enemigos entre sí. Hace ya mucho siglos que Sócrates quiso enseñarnos, para nuestro bien, el complejo mundo de emociones que anidamos en nuestro interior: conócete a ti mismo.

Estas emociones o pasiones, como todo lo vivo, tienen sus estrategias. Por eso, cuanto más ejercitamos la actividad de amar, más espacio le ocupamos y debilitamos al egoísmo. Y viceversa, cuanto más actuamos de forma egoísta más arrinconamos el amor. Depende de cada persona, de su propia capacidad de elegir, de su decisión desarrollar una vida que podría ser dichosa, alegre, o por el contrario, mediocre y triste.

La calidad del amor, o de dar se mide por la limpieza de sus intenciones. Nada fácil. Nada bueno es gratis. Do ut des, yo doy para que me des, decían los romanos. Dar con la intención de conseguir algo a cambio es el acto habitual de nuestras relaciones en una sociedad que se rige por el comercio y negocios, presentes en todo lo que hacemos. Pero esto no es el amor, o es un amor contaminado.

El amor es dar. Pero dar sin desear o esperar alguna contraprestación. El amor en pareja es darse mutuamente. Sin esta disposición recíproca de generosidad, sin esta calidad de amor es muy difícil una convivencia tan cercana. Por eso aquel momento de exaltación amorosa, muy hormonal, cuando se inaugura el vivir en pareja, corre mucho riesgo que acabe, más pronto que tarde, a desastre.

En una sociedad plural, el amor se manifiesta de múltiples formas. Si éstas se cuidan bien, evolucionan a lo largo de la vida depurándose y se enriquecen. Pero todas, necesariamente, exigen respeto en el trato, generosidad, gratitud, responsabilidad…tanto en pareja, como con padres, hijos, amigos, compañeros, o con el otro. El amor no es un gesto, hechos aislados. Dar o amar es una forma de vivir, una actitud que redunda en todo lo que hacemos, todo lo que nos envuelve, tocamos. Esta intensa experiencia de vida puede provocar la mayor felicidad que se pueda conseguir.

Qué es dar o amar. No se reduce a actos caritativos, limosnas, como podría entenderse de manera deformada. No. Amar es compartir, comunicarse, colaborar, acompañar, alegrarse con el alegre, entristecerse con el triste o humillado. Es ayudar sobre todo a los más necesitados, dar lo mejor de sí mismo, dialogar, tolerar, perdonar.

Amar es quererse bien. Pero quererse bien requiere conocerse bien. Somos unos perfectos desconocidos. Procuramos conocer y hacer funcionar todos los mecanismos habituales que nos ayudan en lo cotidiano y nos despreocupamos de cómo funcionan nuestros mecanismos internos: las pasiones, emociones, reacciones instintivas, pensamientos, miedos… que forman la propia vida. Demasiadas veces amanecemos en calma y bien pronto van surgiendo pequeños sucesos, cambio de planes, desencuentros y consiguen cambiar el clima interno de bonanza a nublado, tormentas, borrascas que nos complican, innecesariamente, la vida. Amarse y conocerse bien requiere saber perdonarse, sentirse humilde y vulnerable, cuidarse, autoestimarse, alimentarse sano, ser optimista, alegre…

Amar es tener una mente abierta, sin prejuicios, traumas o tópicos intoxicantes. Una mente libre de adicciones, universal, que valora y acoge las múltiples diferencias, formas de pensar o ser, aunque estas no sean del agrado. Es ayudar al compañero o compañera a que encuentre su espacio vital, necesario, a que sea lo que quiera ser, aún en contra de nuestro interés. De no ser así, ese amor vendría mezclado de egoísmo o dominio.

Amar exige tener una visión amplia, un posicionamiento consciente y sensible al sufrimiento universal, del que todos formamos parte; aspirar o trabajar en nuestro entorno por una mejor justicia y equidad social; una más eficaz distribución de la riqueza e igualdad; innovar y renovar sistemas mejorables. Exige tener un claro sentido de la justicia; cuidar toda forma de Vida y gozar de la Naturaleza.

Amar es buscar la verdad y empatizar con el contrario; actuar de forma inteligente; esforzarse en obtener criterios objetivos; rechazar las mentiras, las medias verdades, el engaño, las banalidades. Amar es ser honesto y sentirse digno consigo mismo; cultivar, mimar una conciencia limpia; elegir la libertad individual por encima de consignas o mensajes espesos de tribus o arraigados tópicos; preferir la verdad por encima de todo. Es practicar la ética pública, necesaria para que una sociedad pueda ser habitable.

Hace poco se publicó un sugerente libro cuyo título es inquisitivo, La bondad es el punto más elevado de la inteligencia. Su autor es un joven filósofo, José Miguel Valle. Defiende que la práctica de la bondad y la cooperación reportan numerosos beneficios, hace dichoso al que la practica, provoca o anima al que la recibe a corresponder. Es la famosa regla de oro (trata a los demás como quieres ser tratado) de los grandes maestros de la humanidad, que ya fueron aleccionándonos desde varios milenios antes de Jesús de Nazaret, quien también impulsó el amor e inauguró el perdón.

Hoy son numerosos los neurocientíficos que trabajan en desentrañar las capacidades del cerebro. El neurocientífico afectivo, Richard Davidson, ha comprobado a través de la monitorización de la actividad cerebral, cómo la compasión, la generosidad, la amabilidad activan el flujo sanguíneo en partes del cerebro asociadas con la fruición y el disfrute. Y afirma que estas cualidades obran cambios favorables en el cerebro e incluso se extienden al sistema inmunológico.

Estuvo acertado Erich Fromm al escribir en su famosísimo libro el Arte de Amar que en la actividad de amar se manifiesta la fuerza, la riqueza y el poder humano, hace dichoso a quien ama, pues dar produce más felicidad que recibir y es, con diferencia, la mejor expresión de vitalidad.

14 de febrero, del amor y la amistad. Un saludo desde mi rincón.

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