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TÚ DALE A UN MONO UN TECLADO

Docentes egoístas y subida de sueldos

Publicado: 09/05/2026 · 06:00
Actualizado: 09/05/2026 · 06:00
  • Protesta de profesores del IES Campanar de València.
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Lo que van a leer a continuación puede parecer una ficción, tal vez una exageración o una parodia. Pero les aseguro que es real y todo ha ocurrido (y sigue ocurriendo) en el instituto Campanar de Valencia. Sirva este ejemplo, que yo conozco bien, como muestra de la degradación a la que ha llegado el sistema educativo público en la Comunidad Valenciana.

El gobierno valenciano ha puesto el foco de la huelga en la subida de salarios. Le viene bien caricaturizarnos como peseteros que solo miran por su cuenta corriente y poner a la población en nuestra contra. Pero la realidad es que nuestro sueldo como docentes (por dar el dato: uno de los más bajos de todas las comunidades autónomas y congelado desde hace más de una década) es el menor de nuestros problemas.

Les cuento:

En lo que llevamos de año, una profesora y una alumna han sufrido golpes de calor. Ambas necesitaron la intervención de los servicios de emergencia. Porque el calor en meses como junio o septiembre puede acercarse a los cuarenta grados en las aulas, lo que convierte en una escena habitual que los profesores caminen por el pasillo arrastrando su propio ventilador de pie, con el pelo pegado a la frente por el sudor y un círculo húmedo en el sobaco.

Tan habitual como las mantas en invierno. 

Desde que comencé a dar clases, hace veinte años, no he podido quitarme la chaqueta en mi puesto de trabajo. Y les aseguro que no estoy exagerando. Ya he asumido que el uniforme de profesor lleva una chaqueta calentita durante los meses de invierno. Los institutos cuentan con calefacción, sí, pero la mayoría no tienen dinero suficiente para mantenerla encendida todo el día por lo que hay que racionar el calor. De hecho, en épocas de mucho frío, no es tan extraño que parte del alumnado acuda al centro con una manta. ¿Se imaginan lo que es estudiar empapado de sudor en verano y congelado en invierno?

Una humillación. Y, queridos políticos, fíjense que no tiene que ver con el sueldo. 

Tiene que ver con la dignidad. 

Este año, también hemos tenido un brote de legionela por el mal estado de las instalaciones. El instituto se construyó a finales de los años 70 y sigue exactamente igual. En 2004 se creó el anteproyecto para la reforma, que quedó paralizada con la crisis de 2008. En 2017 volvieron a hablar de la necesidad de reformarlo. En 2026 sigue exactamente igual, incumpliendo la mayoría de las mínimas normas de seguridad, con grifos oxidados, cableado eléctrico colgando de las paredes y el techo. Y sin ascensor.

¡Pues que suban andando!, dirán algunos. Y sí, subimos andando. El problema viene con los esguinces y las lesiones tan habituales en los jóvenes. Cada lesión obliga a reconfigurar las aulas y bajar a la planta baja toda la clase de la persona afectada. Durante el año se producen decenas de cambios, lo que genera mucho caos. Y no solo eso. Los laboratorios de ciencias y el aula de informática están en el primer piso. El aula de dibujo está en el segundo piso. ¿Cómo llega el alumnado lesionado? 

Exacto, no llega. No puede asistir a todas sus clases. 

Fíjense, queridos políticos, aquí no hablamos del sueldo. Hablamos de peligros para la salud, hablamos de falta de inclusión y hablamos de mínimas normas de higiene y sanidad que en la empresa privada serían multadas.

En realidad, estos problemas de los que les he hablado son nuestro menor problema. Nuestras reivindicaciones centrales son otras, ya históricas:

La primera, queremos que las bajas se sustituyan con rapidez. Este año, entre una enfermedad, una jubilación y una plaza vacante, nuestro alumnado no tuvo a todos los profesores de matemáticas hasta finales de octubre. La baja por maternidad de la jefa de estudios tardó un mes en cubrirse. Así podría hablarles de decenas de casos. Por alguna razón, que es fácil de adivinar, esta es la tónica habitual: muchas clases sin algunos de sus profesores durante un tiempo poco razonable. Un tiempo que depende mucho del partido político en el poder, como hemos comprobado con el último cambio de gobierno.

La segunda y tercera reivindicación son las más importantes: necesitamos bajar las ratio y más especialistas. ¡Pero si en mi época éramos cuarenta en clase!, dirán algunos. Y sí, es verdad, y así iba todo. Pero independientemente de que queramos mejorar el sistema, llámennos ilusos, antes las clases eran mucho más homogéneas: los niños con algún tipo de espectro iban a centros especiales, los niños de familias problemáticas no estaban obligados a llevarlos a clase por ley, no había estudiantes recién llegados que desconocían el idioma español, ni tampoco otros niños venidos de sistemas educativos con un nivel varios años por detrás del nuestros. Antes estábamos todos más o menos cortados por el mismo patrón. Ahora nos encontramos con que los docentes, sin apenas ayuda de especialistas, son incapaces de atender bien toda la casuística de su alumnado.

Fíjense, queridos políticos, esto nada tiene que ver con el salario. Tiene que ver con la degradación de la actividad docente. Con que la mayoría de maestros y profesores somos vocacionales. Nos encanta nuestro trabajo y eso es un problema. porque nos frustra el doble no poder enseñar en condiciones. No poder atender a todos. Y es por eso que somos un sector cada vez más desmotivado con problemas de ansiedad o depresión. 

El sector que está educando a las nuevas generaciones. Al futuro de este país por el que deberíamos luchar de formas más útiles que poniéndonos una pulserita.

Aquí hay un problema gordo.

A todo esto podemos sumar una excesiva burocratización que a veces nos hace pensar que somos oficinistas, no docentes. Realizamos un montón de papeleo inútil que en su mayoría nadie leerá cuando deberíamos estar trabajando con nuestros estudiantes.

O podemos sumar unas leyes que culpabilizan a los docentes de todo lo que ocurre, por lo que cada vez nos atrevemos menos a hacer actividades fuera del centro e incluso a dejarlos salir en Bachiller por si les pasa algo y acabamos con una demanda.

También podemos sumar el hecho de que, en mi centro, y no creo que en otros sea muy diferente, el alumnado que cursa religión (católica) es el 8,6% Para que ellos puedan dar religión obligan al otro 91,4% a quedarse una hora más en el centro. Y la Conferencia Episcopal ha decidido que en esa hora no puede impartirse ningún tipo de conocimiento porque sería discriminatorio para los que dan religión. Ni siquiera podemos dar ética o historia de las religiones. Nada. Cero. Tampoco pueden hacer ejercicios porque discriminaría a los que dan religión tener una hora de repaso. Así que tenemos a más del 90% del alumnado una hora sin hacer nada. Imagínense. Con profesores allí aguantándolos y cobrando, claro. Que para algunas cosas sí hay dinero. 

Y al año que viene han dicho que la religión serán dos horas. Porque la religión, como bien saben Irán o Afganistán, es superimportante que se dé en el sistema público. Eso de que cada religión se vaya a su templo son moderneces de los woke.

¿Hablamos también del sistema para elegir a los profesores de religión frente a las oposiciones del resto de profesores? Aunque poco podemos hablar porque es un sistema opaco. El obispado puede meter a quien le dé la gana. Meritocracia medieval que a mí, como persona que ha estudiado años para sacarse una oposición, me molesta bastante. También porque intento educar en valores y llegan ellos y te sueltan que si una mujer va con minifalda y la violan igual se lo han buscado. Esto lo dijo una profesora de religión en mi centro hace cuatro años.

Las religiones siempre educando en valores modernos.

Mi centro escolar, a pesar de todo, tiene una alta calidad educativa y muy buen nivel. Por poner un ejemplo, ahora leemos 30 minutos cada día para fomentar la concentración (que las redes sociales les hacen perder) y puedes verlos devorando 1984, Crimen y castigo, Un mundo feliz, Lolita, Doña Perfecta, Siddharta, Cumbres borrascosas o Apocalipsis. No me invento ningún título, todos los he visto entre mi alumnado. Los menos lectores sostienen tochos de ochocientas páginas de fantasía romántica, el género de moda. Ese alumnado que elige Dostoievsky quizás está envuelto en una manta en invierno y pueda sentir en sus carnes el clima de San Petersburgo. El que eligió Apocalipsis de Stephen King quizás coja legionela si bebe del grifo debido a una ola de calor. El que eligió Siddharta, si se hace un esguince jugando a fútbol, no podrá acudir a su optativa de laboratorio pero puede quedarse meditando en clase. El que eligió 1984 podrá tener religión si es católico. Eso sí, mientras la mayoría de sus compañeros están una hora en clase sin hacer nada (nada de nada) por ley.  

Así que, señores políticos, sigan ensuciando nuestra imagen. Degraden más a los docentes. Continúen con la cantinela de que todo está perfecto pero queremos, como buenos egoístas, que nos suban el sueldo.

¿Aunque saben una cosa? 

Estamos muy quemados. Por todo lo anterior y por su falta de tacto ante nuestras demandas legítimas. Creo que no son conscientes de cuánto. Y, aunque no lo crean, tenemos el apoyo de los estudiantes y de las familias que ven, como nosotros lo vemos, las condiciones en las que estudian sus hijos. 

Esta vez no nos vamos a conformar con cualquier cosa.

Queremos una buena educación para nuestros hijos. 

Pública y de calidad.

Y la queremos ya.

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