¿Defensa? La oportunidad no viene de uniforme

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Publicado: 07/07/2026 · 06:00
Actualizado: 07/07/2026 · 06:00
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¿Qué tienen en común un fabricante de componentes de automoción, una empresa de ciberseguridad, un instituto tecnológico y una startup de inteligencia artificial? A priori, poco, muy poco. Sin embargo, hoy pueden acabar trabajando por y para un mismo proyecto europeo de defensa. Quien todavía piense que hablar de defensa consiste únicamente en fabricar tanques o munición, probablemente también siga creyendo que internet era una moda pasajera. La realidad hace tiempo que tomó otro camino. Si hablamos de empresas, esa realidad va diez pasos por delante.

Europa vive la mayor transformación de su industria de defensa de las últimas décadas. Y no solo porque el belicoso contexto internacional haya cambiado, sino porque la seguridad se ha convertido en un factor de competitividad económica. Hoy, un hub de defensa es, sobre todo, una sólida red de innovación donde conviven grandes empresas, pymes, universidades, centros tecnológicos y startups para desarrollar tecnologías que, en muchos casos, tienen aplicaciones duales. O sea, tanto militares como civiles.

La receta no es nueva; los enfoques y estrategias, sí. Francia lleva años construyendo polos industriales alrededor de Toulouse y París. Alemania ha reforzado su capacidad tecnológica desde Baviera. Suecia convirtió Linköping en un referente internacional gracias al ecosistema creado en torno a Saab. Ninguno de ellos nació porque estuviera de moda. Surgieron porque entendieron algo sencillo: la industria de defensa genera innovación, atrae inversión, crea empleo altamente cualificado y fortalece el conjunto del tejido empresarial.

España tampoco quiere quedarse al margen. El nuevo ciclo inversor impulsado por Europa está favoreciendo la consolidación de corredores industriales y hubs especializados en comunidades como País Vasco, Andalucía o Aragón. Todos parten de la misma lógica: organizar las capacidades existentes para competir mejor, captar proyectos internacionales y generar más valor añadido.

Es precisamente ahí donde la Comunitat Valenciana tiene mucho más que decir de lo que algunos imaginan.

Durante años hemos asociado nuestro potencial industrial a la automoción, la cerámica, el calzado o la alimentación. Todo eso sigue siendo cierto. Pero la economía valenciana también dispone de empresas líderes en ciberseguridad, electrónica, inteligencia artificial, movilidad avanzada, fabricación de componentes, logística o materiales innovadores. Es decir, exactamente muchas de las capacidades que hoy demanda la industria europea de la seguridad y la defensa.

Por eso resulta especialmente interesante que el Hub de Defensa de la Comunitat Valenciana no haya nacido desde un despacho administrativo, sino desde la propia iniciativa empresarial. Distintos clústeres y organizaciones decidieron sentarse en la misma mesa para identificar oportunidades comunes. Después ha llegado el respaldo institucional mediante el futuro Plan Estratégico para los sectores industriales de seguridad y defensa. Ese orden no es un detalle menor; todo lo contrario, es un valor añadido. Los hubs que mejor funcionan en Europa son aquellos donde la empresa marca el ritmo y la administración acompaña, facilita y genera un entorno estable.

Además, conviene desterrar otro tópico. La defensa no beneficia únicamente a las grandes multinacionales. De hecho, buena parte del crecimiento europeo está llegando a través de miles de pequeñas y medianas empresas que aportan software, sensores, materiales, robótica, ciberseguridad, comunicaciones, fabricación avanzada o inteligencia artificial. Muchas de ellas ni siquiera nacieron pensando en trabajar para este sector.

Naturalmente, no todo será automático. Los errores también están bastante estudiados e identificados. Fragmentar esfuerzos, competir entre iniciativas similares o intentar abarcar todos los ámbitos tecnológicos suele conducir a perder foco y credibilidad. Mucho más inteligente resulta especializarse allí donde ya existen ventajas competitivas y construir una identidad propia alrededor de ellas.

La verdadera oportunidad no consiste únicamente en participar en el incremento del gasto europeo en defensa. Consiste en aprovechar ese impulso para fortalecer y consolidar un modelo productivo made in Valencia. Un modelo basado en innovación, transferencia tecnológica, empleo cualificado y capacidad exportadora, pero a partir de la realidad del tejido actual. Y lo que no tengamos, hay que tener capacidad de atraerlo. Es una diferencia importante. Muy importante.

Quizá dentro de unos años nadie recuerde cuándo comenzó realmente esta apuesta. Lo que sí recordaremos será si la Comunitat Valenciana supo aprovechar una oportunidad histórica o decidió contemplarla desde la barrera mientras otros ocupaban ese espacio. Ya queda claro que no se trata de si fabricamos tanques o munición. Europa ya está escribiendo esa nueva página industrial. La Comunidad Valenciana tiene que decidir si queremos limitarnos a leerla... o formar parte de ella desde el primer capítulo.

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