Opinión

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De la Dana a Adamuz: nadie al volante

Publicado: 20/01/2026 ·06:00
Actualizado: 20/01/2026 · 06:00
  • Un tren Irlo y un Avant parados en la estación de Santa Justa de Sevilla
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Con la tragedia del tren en Adamuz, de momento, ha habido cierto enterramiento de las armas de guerra. A excepción de Vox que, en su afán de recolectar votos antisistema, no ha perdido ocasión de recrear una conspiración de las vías contra las víctimas. Que nos gobiernan incompetentes ya lo sabemos; no hace falta que Santiago Abascal venga a decírnoslo. Los que conocemos a la "tropa" que habita en los puestos de poder asumimos esa negligencia de dejarles a cargo de la vida de los demás; lo que ocurre es que hemos querido cerrar filas en torno a algo más importante: el dolor de las víctimas.

Algo no ha funcionado, es evidente. Cuando da la sensación de que ya no podemos tener certezas de seguridad y solo nos queda resguardarnos en la fe, es porque el poder terrenal se desvanece. Ya escribí en alguna ocasión que uno de los motivos por los que ha aumentado el número de creyentes en el misticismo religioso es, precisamente, porque la mística del poder ya no escucha nuestras plegarias. Necesitamos creer en algo y, si los seres de carne y hueso no nos dan motivos para confiar en ellos, nos aferramos a lo espiritual. Victoria Camps ha escrito La sociedad de la desconfianza porque ya no ponemos la mano en el fuego por nadie. Antaño existía la certeza, o la seguridad intrínseca, de que si salías de casa no te iba a pasar nada porque tenías la garantía de que enfrente había gente que sabía hacer su trabajo. Ahora ya no.

Es más, les propongo un reto: hagan memoria de las veces que han ido a restaurantes de seguido en algún viaje; seguro que les habrá costado encontrar un sitio en el que de verdad hayan comido bien. Antes, al entrar en un restaurante, se le presuponía a los fogones cierta solvencia culinaria; ahora todo es puro azar, dependiendo de si el cocinero estaba de humor ese día.

Si nuestra clase dirigente es incompetente en muchos casos, es porque nuestra sociedad tiende a lo mediocre, a lo chabacano. Seguramente el accidente de tren no habría ocurrido si uno de los encargados de la toma de decisiones no hubiese dormido mal esa noche. Ya sea por la falta de mantenimiento o por, paradójicamente, ahorrar unos euros en la restauración de la vía con un acero de baja calidad que no tuvo la elasticidad suficiente y se rompió… El caso es que alguna "mente pensante" pudo cometer un error y ahora han muerto casi cincuenta personas.

Por surrealista que parezca, históricamente las grandes tragedias han sucedido por culpa de malas decisiones en el proceso productivo. El Titanic se hundió como consecuencia de que se utilizó un acero de poca calidad ante los problemas que tuvieron los constructores para recibir suministros de las acerías galesas. El bombardeo de Pearl Harbor en la Segunda Guerra Mundial pudo haberse evitado si un alto rango del ejército estadounidense no hubiese valorado más su tiempo de asueto que la vida de sus soldados cuando le advirtieron de que debía estar alerta.

No sé si a ustedes les pasa lo mismo, pero estoy en un momento de mi vida en el que no me da confianza ninguno de los que están al mando. Con el juicio de la DANA me ocurre lo mismo. En ese correcalles procesal no parece honesto ninguno de los que se suben al estrado a declarar. Paradójicamente, nadie tiene la culpa, pero a la vez todos se acusan entre sí. Un amigo expolítico dice hasta la saciedad que la culpa de lo que pasó aquel 29 de octubre fue de los técnicos. ¿Y si la culpa es de ambos, de técnicos y de políticos? Por no hablar de unas acusaciones populares que están más pendientes de pelearse entre sí que de encontrar la verdad. En esa sala el único que fue a calzón quitado fue el dueño de El Ventorro. 

Si Vox aprovecha la tragedia del tren para hacer política es porque sabe que somos conscientes de que nos gobiernan incompetentes. El problema es que ellos tampoco lo harían mucho mejor: la incompetencia no hace acepción de personas.

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