Cuando la movilidad fue una moda

Opinión

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Publicado: 18/09/2026 · 06:00
Actualizado: 18/09/2026 · 06:00
  • Peatones por la calle Sant Llorenç de Alcoy, peatonal, en la primavera de 2021.
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La moda suele ser lo contrario a la convicción. Lo primero, arrastra. Lo segundo, conduce. La ocurrencia suele ser un buen remedio para tapar la falta de proyecto. Suena moderna, atractiva e incluso innovadora. Pero a la larga, corre el riesgo de caer en el olvido, bien por inconsistencia o bien porque una nueva tendencia se ha llevado por delante la anterior. Eso es lo que ha sucedido en muchos municipios con un concepto que durante años ocupó un lugar central en el discurso de gestión y que hoy parece haber quedado relegado. Me refiero a la movilidad.

Hubo un tiempo en el que el concepto parecía instalado en el centro de la gestión pública, básicamente en las ciudades. Se trataba de un factor de carácter transversal que debía incidir en prácticamente todas las decisiones para conseguir tres principios fundamentales: la equidad, la sostenibilidad y la eficiencia. La equidad, para garantizar que todos puedan acceder y desplazarse por un espacio público necesariamente limitado. La sostenibilidad, para reducir la contaminación y mejorar la convivencia. La eficiencia, para que los sistemas de transporte permitan desplazarse de forma ágil, accesible y asequible.

Lo que parecía un nuevo paradigma se ha revelado con el tiempo como una moda pasajera, como un mero postureo en no pocos municipios. Un buen ejemplo es Alcoy, donde la Semana Europea de la Movilidad ha vuelto a pasar inadvertida para el Ayuntamiento. Como ya hace demasiados años. Y no será porque no existen problemas en la ciudad. Ni tampoco porque el Consistorio no haya invertido fondos públicos en habilitar nuevas infraestructuras encaminadas a mejorar la movilidad.

Solo en carriles bici, el Ayuntamiento de Alcoy ha superado ampliamente los dos millones de euros. Sin embargo, la inversión no se ha traducido, al menos hasta ahora, en un uso proporcional de estas infraestructuras. Polémicas sobre los datos al margen, hay una evidencia difícil de discutir: construir carriles bici no genera por sí mismo una legión de bicicletas y patinetes circulando por la ciudad.

Parecía difícil que eso sucediese en una población de orografía complicada y tendencia al envejecimiento demográfico. Precisamente por esas dificultades, la política pública debía ser más sofisticada, no simplemente construir infraestructura. Se hacía necesario un ejercicio de didáctica con el que convencer a los vecinos de las ventajas de aparcar el coche y apostar por otros sistemas de movilidad. Eso, ni qué decir tiene, no se ha producido, por lo que la ciudad, de momento, pierde una gran oportunidad de transformación. Otra inversión desaprovechada.

Hubo un tiempo, no hace tanto, en el que la movilidad estuvo focalizada en la peatonalización. Como en tantas otras ciudades, Alcoy miró a su centro histórico. Sorprende que sean escasos los municipios que proponen peatonalizar espacios muy transitados, muy comerciales y necesitados de ser librados del tráfico, pero fuera de los cascos antiguos. Esta circunstancia invita a preguntarse si algunos procesos de peatonalización han acabado priorizando la experiencia turística sobre la vida cotidiana de los residentes. No en vano numerosos expertos alertan de que una peatonalización mal planificada puede contribuir a procesos de gentrificación de las ciudades.

En el caso concreto de Alcoy, donde el turismo no es precisamente masivo, sigue pendiente la reconversión del centro. A ella habría que añadir la movilidad en la avenida de la Hispanidad, en la Zona Norte, una de las vías con mayor tránsito peatonal de la ciudad y hoy convertida en un enorme comedor rodeado de coches circulando entre las mesas de las terrazas y los bares. Sin embargo, nada hace indicar la apertura de un debate de gran calado y amplísima repercusión en el barrio más poblado de la ciudad. ¿Cómo puede una ciudad hablar de movilidad sostenible mientras uno de sus espacios con mayor actividad peatonal sigue organizado alrededor del tráfico rodado?

Tampoco ha sido una prioridad el fomento del transporte público como alternativa real al vehículo privado. El actual contrato del autobús, firmado en 2000, ha alcanzado ya su séptima prórroga. El Ayuntamiento prevé licitar el nuevo servicio antes de que termine este año, con la intención de que entre en funcionamiento en 2027. Mientras tanto, resulta difícil no preguntarse por qué una ciudad que supera los dos millones de viajeros anuales sigue funcionando con un contrato concebido hace más de un cuarto de siglo. A este estancamiento se unen intentonas fallidas, como la del alquiler de patinetes eléctricos, que apenas sobrevivió al periodo de pruebas.

Alcoy, como muchas otras localidades, se apuntó a una moda que le concedía aspecto de modernidad. Claro, era lo que se llevaba. Sin embargo, el tiempo nos ha indicado que Vitoria no hay más que una. Allí no hubo una sucesión de iniciativas aisladas, sino una estrategia sostenida durante décadas, con actuaciones sobre el transporte público, la bicicleta, el espacio peatonal y el vehículo privado. Hoy, dos tercios de los desplazamientos urbanos se realizan a pie o en bicicleta, según el propio Ayuntamiento. Es lo que tiene pilotar con decisión el tránsito hacia la ciudad del futuro y no simplemente encadenar ocurrencias con las que impresionar temporalmente al personal.  

Juan Enrique Ruiz es periodista y profesor

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