Me resulta estrambótica la capacidad de Isabel Díaz Ayuso para politizar cualquier cosa, desde una pelea de MMA dejando constancia fehaciente de que ha estado con Ilia Topuria, hasta un paseo matutino con su mascota; si me apuran intentará forzar el relato hasta los límites de la metáfora sentenciando que ella es la que saca a pasear al Perro Sanxe. Está tan metida en su papel, subyugada por la propaganda política, que hace de cualquier acontecimiento cotidiano una proclama para reproducir sus soflamas cotidianas. Tiene que ser insoportable en una comida de Navidad, además de por ella, por tener como cuñado a uno como su novio, que le llevará al precipicio ante una prensa que ya no se cree sus desvaríos.
La presidenta de la Comunidad de Madrid es la quinta esencia política de nuestros tiempos, época en la que la polarización está haciendo mella, parasitando el ecosistema, matando con metástasis todo tipo de credibilidad de los dirigentes y de aquellos que sucumben a la realidad paralela polarizada. Llegará un momento, que como en Estados Unidos, haremos política hasta con el tipo de café que tomamos o con el tipo de vehículo que conduzcamos. Si bebemos capuchino seremos de izquierdas y si preferimos un americano nos encasillarán directamente en la derecha; de la misma forma que si tenemos un coche eléctrico tendremos espíritu progresista y si por el contrario conducimos una ranchera seremos unos conservadores convencidos. Puede parecer una película de política ficción, pero está más cerca que nunca. Antes, cuando sucedía una tragedia, había un decoro colectivo, se velaba en conjunto a las víctimas, se construía un relato unitario, con el paso del tiempo, hemos empezado a hacer un uso político de los muertos. Me da vergüenza ajena cómo los partidos de izquierdas están intentando llegar al poder en la Comunitat Valenciana escalando por encima de las víctimas y del dolor de sus familiares.
Carlos Mazón debe dimitir, eso lo saben aquí y en Madrid, incluso desde la capital no dejan de seguir los escenarios de la Comunitat con cierto morbo, el problema que hay es que para que el PSOE y Compromís azucen el relato están traspasando todos los límites. No dejan de pasear los muertos por aquí y por allá, tanto, que ya empieza a oler mal. Oportunismo que ya ni se molestan en disimular, se lucen con discursos necrofílicos cargando sus comentarios de frías metáforas que rezuman desinterés por el dolor real de los muertos por la Dana. Me está viniendo a la cabeza, un dirigente de cuyo nombre no quiero acordarme, que en una intervención señaló el hecho de que Carlos Mazón había perdido 240 votantes. Hay que ser gilipollas, con perdón. No sé cómo les habrá sentado a las familias de los fallecidos esa ocurrencia, pero manifiesta un profundo desinterés por el sentimiento póstumo. Lo que en un principio eran manifestaciones legítimas y sensatas, han desvariado en una especie de caricatura de las propias proclamas, profanando el respeto que se debe tener por los muertos. Unos, que en ocasiones, están siendo defendidos por partes interesadas como la madre de Vicent Marzá, que qué quieren que les diga, no lo veo lógico, y menos cuando el eurodiputado presume en redes sociales de lo que está haciendo su progenitora. Puede su madre hacer lo que le plazca, pero que no se note tanto el intento de utilización política para beneficio de la formación en la que milita su hijo.
En Madrid, a cuatrocientos kilómetros de la tragedia de Valencia, hace cinco años, la frívola incompetencia de unos y de otros provocó la muerte de más de siete mil muertos en las residencias geriátricas madrileñas. Pues bien, tras ese tiempo, fíjense ustedes lo que ha llovido ya de la pandemia, la izquierda en Madrid encabezada por los primos hermanos de Compromís se ha hecho hasta camisetas con la cifra de los ancianos muertos en los morideros. Ni el capitalismo yankee se atrevió a hacer merchandising con los muertos del 11-S… Disculpen el humor negro. El hecho de que después de tanto tiempo se sigan sacando a la palestra los corrompidos cuerpos inertes pone de manifiesto la frivolidad de la clase dirigente.
Que no se crean que son diferentes a Mazón o a Ayuso, si me apuran están demostrando que son peor. El presidente de la Generalitat y la presidenta de la Comunidad de Madrid serán unos incompetentes, pero ustedes, con el uso de los fallecidos para su propio beneficio están demostrando ser unos psicópatas sin escrúpulos.
Que a los muertos la tierra les sea leve y a vosotros vuestra conciencia. Dejad que los muertos entierren a sus muertos.