BENIDORM. Veolia es la empresa responsable de gestionar en Benidorm dos instalaciones clave para garantizar el ciclo urbano del agua: la Estación de Tratamiento de Agua Potable (ETAP) y la Estación Depuradora de Aguas residuales (EDAR), cuya labor cotidiana resulta esencial para la ciudadanía, pero también para el mantenimiento de uno de los destinos turísticos de referencia nacional e internacional. Porque, tal como señala el gerente de Veolia en la ciudad, Ciriaco Clemente, “en un territorio donde la presión sobre los recursos hídricos es estructural y permanente, garantizar que el agua llega al grifo en perfectas condiciones sanitarias y que, una vez usada, regresa al entorno sin dañarlo no es una opción, es una obligación”.
La ETAP: agua potable de calidad, sea cual sea su origen
La Marina Baixa es una de las comarcas valencianas con mayor estrés hídrico. La demanda de agua en Benidorm presenta una estacionalidad muy marcada, con picos de consumo durante los meses de verano que multiplican la presión sobre el sistema de abastecimiento. En este contexto, la ETAP no se limita a asegurar que haya agua suficiente: su función principal es garantizar que esa agua sea, en todo momento y bajo cualquier circunstancia, apta para el consumo humano según las cada vez más exigentes normativas y legislaciones vigentes.
Para ello cuenta con una instalación de referencia como es la ETAP, que ha sufrido diversas ampliaciones y actualizaciones a la largo de su historia. La última en 2010 con una inversión superior a los 9 millones de euros.
La planta puede trabajar con agua de distintos orígenes —entre ellos el embalse de Guadalest, el embalse del Amadorio y el Canal Bajo del Algar—, cuya calidad y características pueden variar de forma significativa en función de la época del año, las condiciones meteorológicas o el estado de los propios embalses. De hecho, la ETAP adapta en tiempo real sus procesos de tratamiento para que el agua resultante cumpla siempre con los estándares sanitarios exigidos, independientemente de cuál sea su procedencia.

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Uno de los escenarios más exigentes para la planta se produce tras episodios de lluvia intensa. Las precipitaciones provocan arrastres de sedimentos y materia inorgánica que elevan de forma brusca la turbidez del agua captada, alterando sus características físicas y químicas. La respuesta ante estas situaciones es parte del trabajo habitual de la instalación.
"Nuestra responsabilidad no termina con que haya agua; termina cuando esa agua llega al grifo en perfectas condiciones, y eso lo garantizamos independientemente de dónde venga o de lo que haya pasado antes de entrar en la planta", señala Noelia Llinares, jefa de planta de la ETAP.
Este compromiso con la calidad tiene una dimensión especialmente relevante en Benidorm. La ciudad acoge cada año a millones de visitantes y cuenta con una importante planta hotelera que requiere un suministro fiable, continuo y de calidad contrastada. Para el sector turístico, disponer de agua potable que cumpla con todas las garantías sanitarias no es un detalle secundario: es un requisito básico para operar y para mantener la confianza de los visitantes. La ETAP es, en ese sentido, una infraestructura de soporte directo a la actividad económica de la comarca.
La EDAR: depuración, protección del entorno y economía circular del agua
Una vez que el agua ha sido utilizada —en los hogares, en los hoteles, en los comercios y en las actividades productivas—, comienza una parte crucial del ciclo del agua: la depuración. La EDAR de Benidorm recibe las aguas residuales urbanas y las somete a un proceso de tratamiento cuyo objetivo es devolverlas al medio natural en condiciones que no comprometan el equilibrio ecológico del entorno receptor.
La EDAR trabaja también bajo un enfoque de circularidad: el agua no es simplemente un residuo que hay que gestionar, sino un recurso que puede recuperarse y ponerse de nuevo en valor. En la actualidad, el 35 % del agua que llega a la depuradora se reutiliza, destinándose principalmente a riego agrícola. Además, Benidorm está desarrollando un Plan Director de Agua Regenerada para usos urbanos, cuyo objetivo final es poder aprovechar hasta 2 Hm3 adicionales mediante agua regenerada. Este dato refleja el potencial real de las infraestructuras de depuración como herramientas de generación de recursos en un territorio donde el agua escasea.
Esta reutilización contribuye a aliviar la presión sobre las fuentes de agua convencionales, reduce la dependencia de recursos naturales limitados y refuerza la resiliencia del sistema hídrico de la comarca frente a periodos de sequía o de alta demanda.
Pero no sólo se reutiliza el agua, cualquier subproducto del proceso (fangos, biogas, etc) se intenta aprovechar para generar electricidad. El objetivo final es claro: que al final la planta sea una instalación autosostenible.

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"Una depuradora consume una cantidad importante de energía, y eso es algo que no podemos ignorar. Por eso trabajamos para que la propia instalación genere parte de esa energía a partir de los subproductos del tratamiento. El objetivo es claro: que la planta sea cada vez más autosuficiente y que su huella ambiental sea la menor posible", afirma María José Martínez, jefa de planta de la EDAR.
Un ciclo completo al servicio de las personas y del territorio
La ETAP y la EDAR no son instalaciones aisladas: forman parte de un ciclo integral que comienza en la captación y termina —o más bien, recomienza— en la reutilización. Veolia gestiona ambas infraestructuras con el objetivo de ofrecer un servicio esencial de calidad, contribuir a la sostenibilidad ambiental de la comarca y apoyar el desarrollo económico y turístico de Benidorm.