La guía para 'explorar' el skyline de Benidorm: los más altos, los 'rooftops' y los que se quedaron por construir

marinabaixa

  • Fran Pérez, con el póster del skyline de Benidorm.
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BENIDORM.  El modelo urbanístico de Benidorm siempre ha generado debate. En los últimos años, menos, pero sigue. Quizás ahora ya no es el urbanismo, pero sí ese despertar transversal de si el veraneante debe aportar a las arcas públicas para que el impacto no recaiga solo en el contribuyente habitual. Pero más allá de eso, Benidorm es Benidorm, para lo bueno y para el debate que pueden generar sus posibles defectos. Y por eso, para los amantes y curiosos de Benidorm, un vecino de la ciudad, Fran Pérez, que además es diseñador gráfico, ha lanzado una guía sobre el skyline de la urbe turística, Los rascacielos de Benidorm, una especie de vademécum para curiosos y fetichistas de la ciudad, que los hay, para hacer pedagogía para aquellos que todavía desdeñan, desde la distancia, el modelo.

¿Qué se puede encontrar en esta guía? Pues todo lo construido entre las jorobas con pendiente que hay entre las rieras de L'Aigüera, Xixo, Barceló, Derramador, Murtal o Foietes, todo aquello que supera los 80 metros de altura, hasta los 230 que alcanzará su nuevo hito, The Tower en la fértil tierra de Poniente. Pero además del ADN de cada estructura (arquitecto, año de construcción, altura, etc.), en aquellos en los que se puede comer o cenar en altura, ahora denominados rooftops, y otros que se proyectaron, pero que nunca vieron la luz. Es decir, el Benidorm de ahora, y el que pudo ser.

Huelga decirlo, pero Fran Pérez es un benidormí de tota la vida. Nació en la novel Clínica de Benidorm, se crió en la ribera de L'Aigüera, estudió Historia y Geografía y trabajó para el departamento de diseño de la Concejalía de Turismo, todo un ministerio del buen hacer de la administración local en ese campo. De ese mismo despacho nació el anterior proyecto que recogió el alzado del skyline de la ciudad, que data desde 2011 y que también pasó por sus manos mientras se dedicaba a esos menesteres, años atrás. Después la vida le llevaría por el sinuoso mundo de los medios de comunicación. Ya se sabe (con porcentajes de estabilidad titubeantes y muchas veces, dependiendo del viento -y necesidad- reinante).

Con esa experiencia, la del facsímil que fue esa primigenia guía, más turística que urbanística, Pérez se lanza ahora, por su riesgo y ventura, a editar Los rascacielos de Benidorm, y que presenta este 8 de octubre en el Torrejó de Benidorm, lugar vigía que fue del crecimiento de una urbe, que él mismo relata con datos y fotografías, pero que en una década pasó de villa de pescadores a meca del turismo, PGOU de Pedro Zaragoza mediante.

El inquieto Fran Pérez no solo presenta una guía al uso, con los datos de cada construcción. No. En la misma iniciativa, el lector podrá tener toda esa información a golpe de vista, con un póster donde se observa el perfil del San Gimignano mediterráneo del siglo XX. Si en la villa medieval de la Toscana italiana la altura del edificio representaba poder y capacidad económica, cada planta de más de Benidorm suponía un avance en ese modelo del turismo social autorizado por el franquismo, que con el tiempo tanto bienestar reportó a la clase media española (y británica), como democracia al turismo en general (pese a que entonces no se podía votar). Seguro que el arquitecto Óscar Tusquets comparte esta apreciación.

¿Y qué se puede consultar en la guía más allá de los datos de cada edificio? Pues casi todo. La guía presenta su ubicación en el mapa para aquellos que algún día lo quieran recorrer a pie. Hay 39 edificios que superan los 100 metros. Pocas ciudades peninsulares pueden sacar a relucir este dato. Pero además del SIP de cada uno de ellos, la guía tiene una versión interactiva, con una aplicación, que además permite juegos malabares con los datos. Presenta un mapa interactivo con alturas, pero también aquellos en los que se puede cenar en su azotea y tener, además, una visión global de la urbe, a Levante y a Poniente. Es decir, el In Tempo, el Bali, la Torre Lugano, o el Gran Delfín, que está por hacer. Todo por décadas, alturas, etc.

 

Pero si el curioso quiere hurgar más en el desplegable urbanístico de Benidorm, lo tiene a vista de satélite. También ver dónde están instaladas las webcams de la ciudad y lo que desde ellas se divisa; lo dicho, las utopías, lo que se ideó y nunca cristalizó, y, por último, el arte urbano localizado en las calles de la ciudad. Es decir, el desatado fan de Benidorm, por la vertiente que sea, gozará de tener tanto caudal documental a un clic; a golpe de vista, con el póster, o con una lectura reposada, si opta por la guía de papel. ¿Y cómo se ha hecho esto Fran Pérez? La sabiduría gráfica profesional acumulada en varias décadas le ha ayudado, y bastante. Por supuesto.

Y a nivel tecnológico, pues también metiendo los datos a mano, pero auxiliado por esa herramienta tan contemporánea como ya es la Inteligencia Artificial. Eso sí. Sin tener que recurrir a ninguna empresa del sector. Prueba, error, prueba, error, todo ha sido made in Fran Pérez. Quien quiera tenerlo a mano, pues ya sabe. La guía Los rascacielos de Benidorm estará a la venta tras su presentación, y gracias en parte a dos cadenas hoteleras que han creído en el proyecto y han anunciado una compra previa de ejemplares. El resto, es riesgo, como asomarse a uno de sus puntos que unen la línea mareante del horizonte desigual de Benidorm. 

 

  • Fran Pérez, con la guía. 

 

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