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Testea Sport Lab, el laboratorio valenciano que pone a prueba palas de pádel para Decathlon, Nox o Siux

Vinculado a la UPV, ofrece a las marcas datos científicos sobre el comportamiento de sus palas

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VALÈNCIA. Hace cerca de una década, un empresario de Ontinyent vinculado a un club de pádel acudió al Instituto de Automática e Informática Industrial de la Universitat Politècnica de Valencia (UPV) con una idea concreta: encontrar una forma objetiva de analizar las palas de pádel. En aquel momento, según recuerda el actual director científico de Testea Sport LabToni Correcher,el mercado se movía principalmente por percepciones y argumentos comerciales. "Cada marca decía que su pala era la mejor y los jugadores no tenían una manera real de compararlas", explica. El profesor Martín Mellado, ya jubilado y entonces investigador del centro, vio la posibilidad de aplicar al deporte la experiencia acumulada por el instituto en análisis de vibraciones, sensores y robótica industrial. A partir de ahí comenzó el desarrollo de una metodología científica para medir el comportamiento de las palas.

De aquella colaboración surgió Sport Thinkers, empresa impulsada por Jordi Piedra y Alicia Navarro, que comercializa los ensayos desarrollados junto a la universidad. Desde la parte universitaria, el trabajo se centra en el diseño experimental y el desarrollo científico. "Nosotros no trabajábamos específicamente en pádel, pero sí teníamos experiencia en señales de aceleración, vibraciones y automatización", señala Correcher. Con el paso de los años, el laboratorio ha ido ampliando su actividad y se ha convertido en un centro de referencia para marcas nacionales e internacionales del sector.

Actualmente, por sus instalaciones han pasado firmas como Nox, Head, Kuikma, Babolat o Siux. Algunas compañías buscan validar la calidad y homogeneidad de fabricación de sus productos y otras acuden para comprobar técnicamente innovaciones incorporadas en nuevos modelos. Incluso Decathlon visitó recientemente el laboratorio con responsables internacionales procedentes de Francia para explorar colaboraciones también en el ámbito del tenis. 

Cómo se mide una pala

Una de las particularidades del sector es que la fabricación de las palas sigue siendo en gran medida artesanal. "Aunque han mejorado algunos procesos, sigue habiendo mucho trabajo manual y eso genera variaciones entre unas palas y otras", explica Pablo Beltrán, responsable técnico del laboratorio. El objetivo de Testea es medir precisamente esas diferencias y verificar que los modelos mantengan unas características constantes.

El proceso comienza con la medición de propiedades físicas básicas. El laboratorio analiza el peso, el balance, el punto de equilibrio, la rigidez del marco y los momentos de inercia de la pala en los tres ejes. Después se realizan los ensayos dinámicos. Uno de los más importantes es el análisis robotizado del punto dulce. Mediante impactos controlados y sensores instalados en la pala, el sistema mide las vibraciones que recibiría la muñeca del jugador en cada zona de golpeo. "El punto dulce es donde menos reacción llega a la muñeca", apunta Correcher. Además de localizarlo, el laboratorio también mide la amplitud de esa zona. Cuanto más amplio es el punto dulce, más cómoda y permisiva resulta habitualmente la pala para el jugador.

Otro de los sistemas utilizados son los ensayos con péndulos, destinados a medir la salida de bola y la transferencia de energía tanto en golpes defensivos como en remates. El procedimiento permite repetir exactamente el mismo impacto en condiciones controladas, algo imposible de conseguir en una pista. "Las marcas suelen hablar de salida de bola o potencia, pero aquí podemos medir si realmente existe esa diferencia y compararla con otros modelos", explica Correcher. El ensayo consiste en dejar caer la pala para impactar siempre con la misma energía sobre la pelota y registrar el ángulo de rebote. Cuanto mayor es ese ángulo, mayor transferencia de energía genera la pala.

Más de 1.000 modelos analizados

A partir de todos estos datos, Testea elabora una clasificación propia basada en el comportamiento medio del mercado. El laboratorio ha probado ya más de 1.000 palas desde que se pusiera en marcha y este año prepara una guía técnica con modelos de 2026 clasificados según características y nivel de juego. "La pregunta de cuál es la mejor pala no tiene una única respuesta", señala Correcher. "Depende completamente del tipo de jugador y de lo que necesite".

Además de las pruebas principales, el laboratorio también analiza otros elementos relacionados con el rendimiento y la seguridad. Entre ellos se encuentran los sistemas de pesos para modificar el balance, la rugosidad de las superficies para generar efecto, la adherencia de pinturas y materiales o la resistencia de los cordones de seguridad. Precisamente esta última línea de trabajo surgió después de que jugadores como Franco Stupaczuk perdieran la pala durante partidos profesionales tras desprenderse el cordón. "A raíz de eso empezamos a hablar con las marcas para hacer ensayos específicos de resistencia", explica.

Con el crecimiento del pádel, las prioridades de las marcas también han cambiado. Según Correcher, hace cinco o seis años el principal problema era aumentar la producción porque la demanda superaba ampliamente la oferta. "Las marcas vendían todo lo que fabricaban y no había tanta preocupación por medir", recuerda. Con un mercado más estabilizado y competitivo, el control de calidad y la validación técnica han ganado peso. Algunas compañías incluso han incorporado internamente ciertos ensayos inspirados en los desarrollados por Testea. "En el laboratorio apostamos por la ciencia abierta y publicamos lo que hacemos. No tenemos problema en que otros lo reproduzcan", afirma.

Nuevos deportes y certificaciones

El laboratorio también ha comenzado a trabajar en pickleball, un deporte en pleno crecimiento y que tiene una gran presencia en Estados Unidos. Allí las palas necesitan certificación obligatoria para poder comercializarse y Testea participa ahora junto al clúster de pickleball en el desarrollo de un estándar europeo. "En Estados Unidos, si la pala no está certificada, no se vende", explica Correcher. El objetivo ahora es desarrollar una homologación compatible para Europa.

Correcher asegura que actualmente no existe otro laboratorio multimarca dedicado específicamente a este tipo de ensayos sobre palas de pádel. "Las marcas tienen sus propios laboratorios, pero no hacen todos los ensayos que hacemos aquí", señala. Para la Universitat Politècnica de València, el proyecto representa además una vía de transferencia tecnológica aplicada al deporte y a la industria. Para Sport Thinkers, el objetivo pasa por acercar esos procesos al consumidor y dar valor a las certificaciones técnicas. Algunas marcas ya incorporan referencias a los ensayos realizados junto a la universidad en sus propios productos. "Queremos que el jugador entienda qué se hace aquí y qué significa que una pala esté certificada", señala Correcher. 

Una de las compañías que más ha apostado por este tipo de validaciones es compañía catalana Nox, que certifica la calidad de sus palas con el sello desarrollado por Testea Sports Lab. El certificado de calidad se basa en una batería de ensayos diseñada para garantizar que todas las unidades de un mismo modelo mantienen un comportamiento homogéneo, comprobar la resistencia a la fatiga para verificar que la pala no pierde prestaciones de forma acelerada con el uso y analizar la resistencia estructural tanto del marco como de la cara de la pala frente a posibles roturas.

Según explica el director de Testea Sports Lab, uno de los retos pendientes sigue siendo trasladar al consumidor y al conjunto del sector la importancia de este tipo de ensayos científicos. Aunque cada vez más marcas trabajan la validación técnica y el control de calidad de sus productos, considera que todavía se comunica poco todo el trabajo que hay detrás del desarrollo de una pala y que se presente como una medición objetiva.

  • Fotos: KIKE TABERNER
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