INNOVACIÓN

BioBloodChip, desde el PCUMH, busca adelantar la detección de la metástasis con un análisis de sangre

La investigadora Yolanda Giménez trabaja en el desarrollo de un dispositivo de diagnóstico in vitro para detectar de forma temprana la metástasis mediante un análisis de sangre; su primer prototipo está centrado en cáncer de mama

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ELCHE. La investigadora Yolanda Giménez ha dado el paso al emprendimiento para desarrollar una tecnología con la que llevaba tiempo trabajando desde el ámbito científico. Su proyecto, BioBloodChip, se ha incorporado al Parque Científico de la Universidad Miguel Hernández (PCUMH), en Elche, y trabaja en el desarrollo de un dispositivo de diagnóstico in vitro para detectar de forma temprana la metástasis mediante un análisis de sangre. La iniciativa comenzó a ganar visibilidad tras su paso por la 14ª Maratón de Creación de Start-ups de la UMH, donde recibió uno de los premios especiales, y posteriormente fue distinguida como Startup Universitaria 2025 en los Santander X Spain Awards. Más recientemente, la empresa ha participado en el programa Misiones Comerciales en Femenino, que le ha permitido presentar su proyecto ante investigadores y entidades del ámbito biomédico en Santiago de Compostela. En una entrevista con Alicante Plaza, Giménez repasa el origen de BioBloodChip, el reto de convertir una investigación en una empresa y los próximos pasos para llevar esta tecnología al entorno clínico.

 BioBloodChip nace con una clara vocación científica y clínica. ¿En qué momento detectasteis esa necesidad en oncología y qué os impulsó a convertirla en una solución empresarial?

Hay una parte personal y otra profesional. En mi entorno familiar viví de cerca un diagnóstico de cáncer que probablemente habría sido más fácil de tratar si no hubiera llegado en una fase de metástasis. Ahí ves que existe un vacío. Cuando el paciente ya ha sido diagnosticado, llega un momento en el que las herramientas disponibles son limitadas y la monitorización de la metástasis todavía está lejos de ser realmente efectiva. Muchas veces llegamos con las pruebas de imagen cuando ya es tarde.

A eso se suma mi trayectoria investigadora. Me he especializado en patología molecular y eso me ha permitido comprobar que existen muchas posibilidades que todavía no han llegado a la práctica clínica. Lo que no vemos y todavía no podemos detectar es, en cierta forma, el futuro. Al unir esa experiencia personal con la profesional surgió la idea de desarrollar un prototipo que pudiera dar respuesta a esa necesidad. Creo que la ciencia y la investigación tienen que tener una aplicación práctica.

Existen diferentes líneas de investigación en diagnóstico precoz del cáncer. ¿Qué diferencia a BioBloodChip de otras tecnologías?

Hoy en día, lo que llega a la clínica para monitorizar a muchos pacientes sigue siendo la imagen: mamografías, TAC y otras pruebas similares. Esas herramientas permiten detectar una parte del problema, pero muchas veces cuando la enfermedad ya es visible. Nosotros hablamos de ir más allá de la imagen. También queremos que la tecnología pueda llegar al mayor número posible de pacientes. Hay hospitales que disponen de técnicas muy avanzadas, como determinadas herramientas de biopsia líquida, pero muchos otros no tienen acceso a ellas. Eso genera una diferencia importante en la monitorización de los pacientes. Nuestra idea no pasa por desarrollar una tecnología reservada únicamente para unos pocos centros. Queremos crear un kit que pueda estar al alcance de muchos hospitales, que sea viable desde el punto de vista económico y que permita ampliar el acceso a este tipo de monitorización.

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Habláis de ganar tiempo para los pacientes. ¿Cómo puede cambiar BioBloodChip la práctica clínica?

Nuestro objetivo es detectar la enfermedad mínima residual. No solo buscamos identificar el tumor, sino también detectar el avance hacia la metástasis antes de que sea visible mediante pruebas de imagen. Si conseguimos detectar esa evolución antes, se abre una ventana de actuación para los especialistas. La idea es que la enfermedad pueda abordarse antes de que llegue a hacerse visible y que esa información sirva como apoyo en la toma de decisiones clínicas.

Convertir una investigación en una empresa no suele ser un proceso sencillo. ¿Qué retos os habéis encontrado?

El primero ha sido precisamente ese: pasar de un proyecto científico a una empresa. La ciencia ya supone un reto por sí misma y crear una spin-off añade otra dimensión completamente distinta. Actualmente soy la fundadora, CEO y directora científica del proyecto. Desde el principio hemos incorporado perfiles especializados en regulación farmacéutica para que el producto pueda cumplir todas las certificaciones y acreditaciones necesarias. También contamos con asesoramiento en la parte de negocio y estamos trabajando para incorporar perfiles relacionados con el procesamiento de datos y, más adelante, con el área de marketing. Después aparece todo lo relacionado con la empresa: desarrollar una estrategia comercial, definir cómo acceder a los hospitales o entender el mercado. Emprender supone aprender muchas cosas que van más allá de la investigación.

La Universidad Miguel Hernández y su parque científico han acompañado ese proceso. ¿Qué ha supuesto ese entorno para vosotros?

Ha sido un pilar importante. Siempre he pensado que cuanto más te formes, más preparada estás para afrontar los retos. Gracias a la Maratón de Creación de Start-ups de la UMH pude transformar mi perfil científico en un perfil que también entiende el emprendimiento. Ese programa me permitió adquirir conocimientos que van más allá de la investigación y empezar a construir el proyecto desde una perspectiva empresarial. Además, el Parque Científico ofrece una red de contactos muy importante. Allí encuentras espacios de trabajo, oportunidades para generar sinergias, reuniones con inversores y con otras empresas. Todo eso ayuda a crecer y a entender mejor cómo desarrollar una startup. Después han llegado otras oportunidades, como participar en el programa Misiones Comerciales en Femenino, que nos permitió presentar BioBloodChip en la Fundación Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago de Compostela, compartir el proyecto con grupos especializados en oncología y biopsia líquida y mantener reuniones con posibles entidades colaboradoras e inversores. Todo suma para seguir avanzando.

Tras la constitución de la empresa, ¿cuáles son los próximos objetivos de BioBloodChip?

Ahora mismo tenemos una hoja de ruta bastante clara. El siguiente paso consiste en recoger evidencia con muestras reales y demostrar la utilidad del sistema en un entorno clínico. Necesitamos trabajar con distintos tipos de tumores, recopilar datos y validar el producto junto a hospitales. Ese trabajo clínico tiene que avanzar al mismo tiempo que seguimos desarrollando la empresa y estableciendo colaboraciones. Nuestro primer prototipo está centrado en cáncer de mama, pero lo importante en esta fase es generar evidencia que permita poner en valor la tecnología y seguir avanzando de la mano del ámbito clínico. Ese es el camino que queremos recorrer a partir de ahora.

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