Verónica Rivière (GasIndustrial): "Penalizar hoy el gas reduce el margen económico de una fábrica para invertir en nuevas tecnologías"

Entrevista

PLAZA CERÁMICA

La presidenta de la asociación de los consumidores industriales gasintensivos expone en una entrevista con el grupo Plaza los retos del sector y el impacto de la crisis de Oriente Medio

  • Verónica Rivière, presidenta ejecutiva de GasIndustrial.
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CASTELLÓ. Verónica Rivière es presidenta ejecutiva de Gasindustrial, la asociación de los consumidores industriales gasintensivos, entre los que se encuentra la industria cerámica. Es responsable de Gasindustrial desde 2020 y en una entrevista con Castellón Plaza expone su preocupación por la escalada del precio del gas por la crisis en Oriente Medio. Este viernes, la cotización gasística alcanzó un nuevo récord, hasta los 104 euros el megavatio. Un alza que está encareciendo los costes energéticos en las industrias que se abastecen con gas, y que además está empujando el valor del transporte marítimo y de las materias primas. 

-¿Cómo está afectando la guerra en Oriente Medio al precio del gas?
-
El impacto está siendo muy importante. En pocos meses hemos pasado de un gas en el entorno de 35-40 €/MWh a cotizaciones que se acercan a los 100 €/MWh. MIBGAS Day Ahead estaba la semana pasada en alrededor de 96 €/MWh. Y para una industria gasintensiva duplicar el coste de la principal materia energética tiene un efecto inmediato sobre sus márgenes y su competitividad.

Pero el problema no es solo el precio alcanzado, sino la enorme incertidumbre. Oriente Medio y el estrecho de Ormuz se suman a una guerra en Ucrania todavía abierta y a un mercado europeo cada vez más dependiente del GNL internacional. Además, desde enero de 2027 dejará de llegar a Europa el GNL ruso contratado a largo plazo.

No sabemos hasta dónde llegarán los precios, pero sí sabemos algo: la industria afronta esta nueva crisis mucho más debilitada que en 2022, después de varios años de pérdida de producción y competitividad.

La industria está afectando la nueva crisis mucho más debilitada que en 2022

 

-¿Qué impacto tienen estos precios en la demanda de un sector gasintensivo como la cerámica?
-En la cerámica el impacto es especialmente directo porque el gas sigue siendo esencial para los procesos térmicos, fundamentalmente hornos y secaderos. Cuando el precio del gas se dispara no estamos hablando de un coste marginal, hablamos de uno de los elementos que determina si producir en Castellón sigue siendo competitivo frente a una baldosa fabricada en otro país.

Los datos lo reflejan. En septiembre la demanda industrial de gas cayó un 9,4% interanual y todos los grandes sectores gasintensivos redujeron su consumo. Si nos centramos en el sector de Construcción que incluye a la cerámica, la caída en estos 9 meses respecto a años “pre-crisis” es del 24%, y una caída interanual del 8%.

Y conviene insistir en algo: esa caída no puede interpretarse automáticamente como eficiencia o descarbonización. Cuando una fábrica cerámica produce menos, consume menos gas. Este es el riesgo que debemos evitar, que el encarecimiento energético termine provocando una pérdida estructural de producción, inversión y empleo en España.

-Ante los retos de descarbonización marcados por la UE, ¿qué futuro tiene el gas?
-Durante bastantes años seguirá teniendo un papel relevante en determinadas industrias porque hay procesos para los que hoy no existe una alternativa que sea al mismo tiempo técnicamente viable, disponible a escala y competitiva.

La transición industrial no consiste en sustituir mañana todo el gas por una única tecnología. En una misma fábrica pueden convivir eficiencia energética, recuperación de calor, electrificación de determinados procesos, autoconsumo renovable, biogás, biometano o, en el futuro, hidrógeno. Por eso defendemos la neutralidad tecnológica. Hay que reducir emisiones, pero permitiendo a cada industria utilizar la solución que mejor se adapte a su proceso y a su ritmo de inversión.

Penalizar hoy el gas que una fábrica todavía necesita no acelera necesariamente su descarbonización. Puede reducir precisamente el margen económico que necesita para invertir en nuevas tecnologías.

Defendemos la neutralidad tecnológica. Hay que reducir emisiones, pero permitiendo a cada industria utilizar la solución que mejor se adapte a su proceso y a su ritmo de inversión

 

-¿Ven posible una sustitución total del gas por otras alternativas en la industria cerámica?
-A día de hoy, no. Al menos no de forma generalizada y competitiva para todo el sector. La industria cerámica necesita temperaturas muy elevadas, continuidad de proceso, control preciso de la combustión y una calidad de producto muy exigente. Electrificar determinados consumos es posible y se está avanzando, pero sustituir completamente el gas de hornos y secaderos plantea todavía importantes retos tecnológicos, de infraestructura eléctrica y, sobre todo, de coste.

Eso no significa que el sector no vaya a descarbonizarse. Significa que debe hacerlo de forma gradual y utilizando distintas soluciones. La eficiencia seguirá siendo fundamental; habrá electrificación donde tenga sentido; podrán incorporarse gases renovables; y surgirán nuevas tecnologías.

El error sería fijar desde la regulación una solución única antes de que esa solución pueda competir técnica y económicamente con la que pretende sustituir.

-¿El biometano sería una opción viable al conservar la misma red de gas?
-El biometano tiene una ventaja evidente: puede utilizar buena parte de la infraestructura gasista existente y puede contribuir a descarbonizar procesos que son difíciles de electrificar. Por tanto, sí tiene un papel que jugar.

Pero una cosa es impulsar su desarrollo y otra afirmar que hoy puede sustituir masivamente al gas natural en la industria. Tenemos tres cuestiones que resolver. La primera es el precio. Actualmente el biometano es sensiblemente más caro que el gas natural. La segunda es la oferta disponible. El mercado español sigue siendo muy pequeño para plantear obligaciones crecientes de consumo sin tensionar los precios. Y la tercera es la calidad del gas. Determinados procesos industriales son sensibles a variaciones de oxígeno, CO₂ o compuestos traza, y necesitan garantías de que la incorporación creciente de gases renovables no afectará a sus equipos, emisiones o producto final.

Apoyamos el biometano, pero mediante oferta, incentivos y competitividad; no trasladando un sobrecoste obligatorio a una industria que ya está perdiendo producción.

La pérdida de cogeneración significa también perder una tecnología que produce simultáneamente electricidad y calor con alta eficiencia y que está integrada en sectores como cerámica, papel, química, alimentación o refino

 

-¿La cogeneración lidera los últimos descensos del consumo? ¿A qué se debe?
-Sí, la cogeneración está registrando algunos de los descensos más acusados. En septiembre, su consumo de gas cayó alrededor de un 26% interanual. Pero es importante entender qué hay detrás. La cogeneración está íntimamente ligada a la actividad de la fábrica: si no hay producción industrial, tampoco hay cogeneración. Cuando disminuyen los pedidos, se reducen turnos o una planta baja su producción, cae también la necesidad de calor y electricidad cogenerados.  

A ello se suma un problema regulatorio estructural. Muchas instalaciones están llegando al final de su vida útil regulatoria sin que se haya completado todavía el relevo mediante nuevas inversiones. Acogen estima que el 1 de enero de 2027 podrían parar otros 503 MW, correspondientes a 41 plantas, y calcula una caída adicional de unos 5 TWh de demanda de gas en 2027 solo por este efecto regulatorio, si no se adoptan medidas.

La pérdida de cogeneración significa también perder una tecnología que produce simultáneamente electricidad y calor con alta eficiencia y que está integrada en sectores como cerámica, papel, química, alimentación o refino. El reto ahora es evitar que sigan cerrando instalaciones viables y dar certidumbre a las nuevas inversiones, mediante la extensión de vida útil de las plantas y la puesta en marcha efectiva de las subastas previstas.

-¿Cómo se puede garantizar la competitividad de la industria cerámica y española en general?
-En la situación actual necesitamos, en primer lugar, una respuesta europea. Cuando una crisis energética provoca incrementos extraordinarios del precio del gas, la industria manufacturera gasintensiva debe poder contar con instrumentos de apoyo similares a los que Europa habilitó en crisis anteriores. Por eso estamos pidiendo que el marco europeo de ayudas -el METSAF o el instrumento que lo sustituya- contemple expresamente a estas industrias.

Pero el problema de competitividad va más allá del precio de la molécula. Una fábrica española compra gas en un mercado europeo, pero después a ese precio se añaden peajes, cargos, obligaciones regulatorias y fiscalidad que dependen de cada país. Y ahí sí tenemos capacidad para actuar desde España.

Necesitamos un Estatuto del Consumidor Gasintensivo que permita competir en condiciones comparables con nuestra industria europea: peajes competitivos, un tratamiento adecuado de las obligaciones del FNEE, evitar que las futuras cuotas de biometano introduzcan un nuevo sobrecoste diferencial, una fiscalidad competitiva y mecanismos que reconozcan la flexibilidad y las características de los grandes consumidores industriales.

Para una industria como la cerámica de Castellón, que compite directamente en mercados internacionales, unos pocos euros adicionales por MWh pueden marcar una diferencia importante. Podemos no controlar el precio internacional del gas, pero sí podemos evitar añadir sobre él costes que nuestra competencia no soporta en los mismos términos. La industria quiere invertir y descarbonizarse, pero para hacerlo necesita seguir produciendo y siendo competitiva en España.

 

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