OrAIsi, la startup de Elche que usa IA para reducir los tiempos de seguridad cosmética

Empresas

La compañía, integrada en el ecosistema del Parque Científico de la UMH, desarrolla una plataforma que automatiza parte del expediente de seguridad y prepara su crecimiento en Europa y Estados Unidos

  • Gonzalo Canales, fundador de OrAIsi.
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

ELCHE. Una fórmula cosmética no termina cuando el laboratorio consigue el producto que buscaba. Antes de llegar al mercado hay detrás documentación, cálculos, búsquedas de información toxicológica y un expediente de seguridad que debe mantenerse actualizado. Gonzalo Canales conocía ese trabajo desde dentro. Farmacéutico y con 14 años de experiencia en el sector cosmético, encontró ahí el punto de partida de OrAIsi, un proyecto que trata de trasladar parte de ese proceso a la inteligencia artificial sin sacar al evaluador de seguridad de la ecuación. La compañía ha desarrollado una plataforma que automatiza la creación de PIF -el expediente de información del producto- y, según explica su fundador, permite reducir hasta un 90% el tiempo destinado al expediente de seguridad. El proyecto ha pasado en alrededor de dos años de una idea de alguien que, como reconoce el propio Canales, "no sabía nada de programar", a contar con una versión multilingüe preparada para el mercado europeo y realizar pilotos con empresas del sector.

Por el camino, OrAIsi ha entrado en el ecosistema del Parque Científico de la Universidad Miguel Hernández (PCUMH) de Elche después de participar en la 15ª Maratón de Creación de Start-ups de la UMH. También ha recibido el segundo premio a la mejor startup con solución tecnológica en los Digital Beauty Awards 2026, entre otros galardones. Ahora, la empresa trabaja para convertir las pruebas realizadas con compañías en sus primeros clientes y mira hacia Europa y Estados Unidos. Canales habla con Alicante Plaza sobre cómo nació el proyecto, hasta dónde puede llegar la IA en un ámbito regulado y toxicológico, la necesidad de mantener el criterio humano y los planes de una compañía que ya piensa en llevar su tecnología más allá de la cosmética.

¿Cómo nace OrAIsi y qué problema detectó para decidir poner en marcha el proyecto?

El expediente PIF es obligatorio y, cuantos más ingredientes tiene una fórmula, más complejo es y más horas tienes que dedicarle. Además, no deja de ser un documento vivo. Está en constante evolución. Cualquier cambio normativo, cualquier cambio en la fórmula o incluso entrar en otro mercado obliga a rehacerlo o ajustarlo a unos requisitos diferentes. Hasta ahora era un proceso muy manual, complejo, basado en búsquedas y cálculos manuales. Era poco escalable y consumía mucho tiempo y, por tanto, recursos económicos. A partir de identificar ese problema y con todo el contexto que estaba apareciendo alrededor de la inteligencia artificial surgió la idea.

Yo siempre he sido una persona muy técnica, muy química y poco tecnológica. Hace dos años no sabía nada de programar. Por mi experiencia en el sector y por haber colaborado y liderado proyectos con centros de investigación, decidí moverme y buscar a gente que pudiera enseñarme esa parte tecnológica. Yo dominaba la parte cosmética y farmacéutica, pero necesitaba que alguien me acompañara en tecnología.

Desde el principio, el equipo llegamos a fijar un presupuesto para desarrollar un prototipo, un producto mínimo que después había que validar. Desde el inicio hasta tener ese primer producto pasaron tres o cuatro meses. Al mismo tiempo, yo estaba participando en la Maratón de la UMH. Ganamos la primera etapa y coincidió con que vino a España parte de mi familia de Estados Unidos. Les conté el proyecto y Tom Jankowski, que había trabajado en Silicon Valley, me dijo: "A partir de ahora soy el CTO de la empresa". A partir de ahí empezamos a escalar tecnológicamente. Después llegó un proceso de validaciones con consultoras y laboratorios hasta que en mayo teníamos ya una quinta versión validada, multilingüe y preparada para el mercado europeo. 

Para quien no conozca el sector, ¿qué hace exactamente OrAIsi y cuánto trabajo puede ahorrar?

Lo que hacemos es comprimir todo ese trabajo previo y entregárselo al evaluador de seguridad para que pueda reproducirlo. En todos los pasos críticos tiene que autorizar y validar. Nosotros le decimos de dónde viene el dato, cuál es su grado de fiabilidad y puede ir a la fuente donde aparece. Si procede de bibliografía, le aportamos el documento y la parte concreta donde puede justificarlo. Lo complejo está antes, es buscar la información, localizar el dato y, cuando es necesario, hacer las conversiones. Nosotros hacemos toda esa trazabilidad y permitimos que el proceso sea escalable. Podemos reducir hasta un 90% el tiempo dedicado al expediente de seguridad, sobre todo en la parte toxicológica.

  • Gonzalo Canales, fundador de OrAIsi. -

Si ponemos como ejemplo una fórmula de unos 40 ingredientes y sin ingredientes especialmente complejos, puede suponer unas 60 horas de trabajo experto. Con nosotros se puede reducir a tres horas y me atrevería a decir que, dependiendo de la agilidad y de cuánto quieras comprobar el sistema, a dos o incluso una. Al principio todo el mundo va con los ojos muy abiertos porque hablamos de profesionales con mucha experiencia. Pero, cuando comprueban que los datos coinciden, cada vez el proceso va más rápido. Eso no es únicamente ahorro de costes. También supone poder lanzar antes un producto al mercado y, si lanzas antes, facturas antes.

Además del expediente inicial, el producto tiene que adaptarse después a los cambios normativos. ¿También entra ahí la plataforma?

Sí. Hemos creado un agente normativo. Hay cambios de alérgenos, concentraciones máximas o ingredientes que antes estaban permitidos en una concentración y después cambian. Nosotros mantenemos un radar regulatorio y vamos actualizando qué fórmulas del usuario se ven afectadas. Podemos decir qué ajuste tienes que hacer, cuál es la fecha límite e incluso ayudar desde el punto de vista galénico. Si tienes que reducir, por ejemplo, un filtro solar del 8% al 6,5%, podemos plantear otro filtro UV que pueda compensarlo para no perder el factor de protección solar. Cuando tienes un portfolio de cientos de productos, un cambio normativo obliga a comprobar cuáles pueden estar afectados. Ahí también hay mucho trabajo detrás. Además, estamos automatizando nuevas partes del proceso y ampliando las prestaciones para facilitar todavía más el trabajo del evaluador. 

En un ámbito regulatorio y toxicológico, un error puede tener consecuencias. ¿Dónde termina el trabajo de la IA y dónde tiene que intervenir necesariamente el experto?

La inteligencia artificial tiene que estar muy sostenida y limitada por el criterio del evaluador de seguridad. Al final, quien firma es una persona y tiene que saber defender lo que firma. Nosotros ahorramos todo el trabajo tedioso, pero en cada una de las etapas críticas el profesional tiene que comprobarlo. Y además está el criterio. Cuando buscas un dato toxicológico puedes encontrar diferentes estudios de una misma fuente y con el mismo grado de fiabilidad, pero con resultados distintos. Ahí se tiene que imponer el criterio del evaluador según el producto que está analizando. Yo le puedo entregar las distintas opciones, pero es él quien decide qué criterio quiere aplicar. Puede cambiar dependiendo de si hablamos de un producto pediátrico, de un adulto o incluso de la zona de aplicación. Ese criterio se tiene que mantener.

Yo no desplazo a nadie, lo potencio. Lo he dicho en varias ponencias, la inteligencia artificial en el sector regulatorio nunca va a quitar al evaluador, pero el evaluador que la utilice va a desplazar al que no la use. 

¿En qué fase empresarial se encuentra ahora OrAIsi? ¿Ya hay empresas probando la plataforma?

Hemos tenido muchos pilotos con empresas grandes y de todo tipo, desde laboratorios fabricantes hasta consultoras medianas y algunas muy grandes. La propuesta económica la tienen. El problema es que la toma de decisiones dentro del sector se retrasa bastante. Antes del verano hicimos propuestas a raíz de las ponencias que sirvieron para presentar el producto al mercado y ahora hemos retomado esos contactos para intentar empezar a confirmar clientes. Estamos también planteando estrategias para estar en ferias y eventos y seguir haciendo ponencias. Han venido diferentes grupos inversores, pero no tenemos una necesidad imperiosa de financiación inmediata. Puede que para escalar posteriormente sí la tengamos si la tracción no llega suficientemente rápido. Mientras tanto seguimos ampliando módulos. Y estamos pensando en el futuro no solamente como un software, sino como una infraestructura toxicológica con modelos propios. Eso también podría servir de puente hacia la industria farmacéutica. 

La empresa tiene su sede en Elche. ¿Qué equipo hay actualmente detrás de OrAIsi?

Ahora formamos parte de la incubadora del Parque Científico de la UMH. El equipo lo estamos compaginando con nuestros trabajos por cuenta ajena un alumno en prácticas, nuestro compañero, que trabaja en el desarrollo de la IA. Está Tom Jankowski, nuestro CTO, que ha trabajado en Silicon Valley. También está Alba Serrano, ingeniera mecánica, que ha trabajado en Rolls-Royce y ha montado startups en Estados Unidos. Por la parte técnica y regulatoria estoy yo, con mis 14 años de experiencia en el sector cosmético, y José Vicente Calomarde, que lleva más de 30 años en el sector y ha sido maestro mío en evaluación de seguridad cosmética.

Es curioso porque mientras yo empezaba con el proyecto hablábamos de inteligencia artificial y Calormarde daba charlas explicando por qué no había que utilizarla dentro del expediente de seguridad. Tiempo después está dentro del proyecto. Él está en Madrid, pero viene, vemos los avances y trabaja con el equipo tecnológico para trasladar los conceptos toxicológicos y regulatorios a programación. También tenemos a Estefanía en la parte de diseño. Para seguir dando pasos necesitamos reforzar especialmente la parte comercial, pero queremos esperar a tener esa primera tracción para incorporar nuevos perfiles.

Han recibido varios reconocimientos, entre ellos el segundo premio a la mejor startup con solución tecnológica en los Digital Beauty Awards. ¿Qué aportan estos premios en esta fase?

También ganamos la cuarta edición del Foro de Innovación Cosmética en Valencia y la Maratón, y hemos aparecido en Forbes como solución tecnológica. ¿Qué supone? El reconocimiento de que estás haciendo las cosas bien, al menos, pero esto no se tiene que subir a la cabeza. Tiene que ser un empujón para seguir dando pasos y construyendo. También son empujones de autoridad que intentamos aprovechar desde el punto de vista comercial. Los premios se agradecen, claro, pero el objetivo al final son los clientes. Los reconocimientos ayudan, al menos, a que te abran puertas. 

¿Y qué papel ha tenido la Maratón de Creación de Start-ups de la UMH en ese recorrido?

—Antes estábamos dentro de un programa, que era la Maratón, y ahora ya estamos dentro de la incubadora y somos miembros del Parque Científico de la UMH. El Parque ya forma parte societaria de OrAIsi. Ahora su papel está centrado en la mentorización para el lanzamiento del producto al mercado. Estamos todavía en ese punto de iniciación y nos acompañan en ese proceso. 

¿Dónde quieren que esté OrAIsi dentro de unos años?

Queremos convertirnos en una referencia europea y mundial en infraestructura toxicológica. Y, por otra parte, estamos trabajando en la parte de formulación. Ahí estamos haciendo un proceso de fine tuning, educando el modelo con mi portfolio de 14 años de fórmulas y trasladándole un criterio galénico. La formulación tiene una parte empírica. Hay datos de solubilidad, puntos de fusión y otra información técnica, pero trasladar eso a una cuestión sensorial o de textura es diferente. Es como un cocinero: aprendes a base de cocinar. Esa evolución que yo he tenido formulando durante años también se la estamos introduciendo al programa.

Pero no queremos que tenga únicamente mi sesgo. El objetivo es trabajar con diferentes briefings y formulistas para buscar patrones comunes y darle una mayor universalidad. Primero necesitamos construir esa base y después avanzar. Queremos escalar, estar posicionados en Europa y también en Estados Unidos, que es un mercado al que queremos ir en enero. Y la expectativa a tres, cuatro o cinco años es no estar centrados únicamente en cosmética. Queremos entrar también en el mundo alimentario y sanitario y tener un núcleo tecnológico que podamos aplicar en distintos sectores regulados. 

No estamos construyendo la empresa con la intención de venderla y desprendernos de ella. La intención es que perdure y dejar un legado. El objetivo es crecer. Yo siempre digo que no hay que ir poco a poco, sino paso a paso, porque paso a paso significa que vamos avanzando.

Recibe toda la actualidad
Alicante Plaza

Recibe toda la actualidad de Alicante Plaza en tu correo