ELCHE. La conversación sobre emprendimiento tiene varias vertientes, desde el nacimiento de las firmas hasta su crecimiento y búsqueda de financiación. Este mayo, el edificio Quorum I del Parque Científico de la Universidad Miguel Hernández (PCUMH) giró alrededor de cómo se financia el crecimiento. ¿Quién asume el riesgo cuando una startup todavía no ha demostrado que puede escalar? ¿Qué obstáculos siguen frenando el paso de proyecto emergente a empresa consolidada?. Esas fueron algunas de las cuestiones que marcaron la mesa redonda sobre tendencias de inversión estratégica celebrada dentro del Scale-up Investors Day, encuentro organizado por Smart Meeting para reunir a emprendedores, inversores y agentes del ecosistema empresarial alrededor de compañías en fase de crecimiento. La jornada nació con el objetivo de conectar empresas con tracción, capital inversor y socios estratégicos, combinando análisis del ecosistema, foros de inversión y espacios de networking.
Moderada por el analista financiero e inversor Juan Carlos Sanchís, la mesa reunió a Jesús Ortigueira, CEO de Smart Meeting; Cosme Bernabé, inversor y presidente del fondo Lemon Venture; Richard Edo, socio de Diversity Law Consulting; y José María Pérez Carmona, de Dianoa Capital.
La conversación arrancaba con una cuestión recurrente en el ecosistema inversor, la de la distancia entre los incentivos públicos y la realidad de quienes financian las primeras fases de los proyectos. Richard Edo apuntó que la normativa española sigue favoreciendo principalmente al inversor particular, mientras que buena parte de las operaciones actuales tienden hacia fórmulas colectivas de coinversión, family offices o vehículos especializados. A su juicio, existe una contradicción entre el impulso a tickets de inversión más elevados y la falta de incentivos equivalentes para quienes participan a través de estas estructuras.
La comparación con otros mercados apareció también en el debate. Estados Unidos fue citado de forma recurrente como referencia por la facilidad para movilizar capital privado y por el tamaño de las operaciones que se manejan en fases tempranas. Más allá de la diferencia de volumen, los participantes señalaron que el factor determinante es la existencia de un entorno que favorece la inversión en innovación y crecimiento empresarial.
Pero si hubo una figura que apareció de forma constante durante la mesa fue la del business angel. Cosme Bernabé defendió el papel de estos inversores como primer eslabón de la cadena financiera de las startups. Utilizando una metáfora ajedrecística, definió al business angel como el "peón" que abre camino y asume los mayores riesgos cuando el proyecto todavía no dispone de métricas consolidadas ni validación suficiente para atraer a fondos de inversión o venture capital.
Según explicó, la evaluación de una startup sigue apoyándose en elementos clásicos, que pasan por el equipo promotor, la capacidad de ejecución, el mercado al que se dirige y las posibilidades futuras de salida para el inversor. Sin embargo, añadió otro elemento cada vez más presente. Identificar qué sectores y mercados presentan mayores oportunidades de crecimiento en cada momento.
Jesús Ortigueira aportó una visión más ligada a la experiencia empresarial. En su caso, explicó que una de las variables que más pesa a la hora de participar en un proyecto es la capacidad real de generar negocio. Su criterio pasa por analizar si dispone de acceso al mercado o a potenciales clientes que permitan acelerar la tracción de la iniciativa.
La discusión avanzó después hacia la diferencia entre crear startups y convertirlas en scale-ups. Así, llegaron a la conclusión de que España no tiene un problema de generación de proyectos empresariales, sino de crecimiento.
Ortigueira atribuyó parte de esa dificultad a una cuestión cultural. A su juicio, muchos emprendedores siguen construyendo compañías con una visión limitada al mercado nacional, cuando la escalabilidad exige planteamientos internacionales desde etapas tempranas. En ese sentido defendió estructuras empresariales capaces de operar en distintos países y señaló América como una vía natural de expansión para las empresas españolas por afinidad cultural y lingüística.
La internacionalización se convirtió así en otro de los grandes temas del encuentro. Miami apareció varias veces en la conversación como uno de los polos emergentes para la inversión y el emprendimiento latinoamericano. Los participantes destacaron el crecimiento del ecosistema empresarial en Florida y la llegada de capital atraído por condiciones regulatorias y fiscales diferentes a las de otros estados norteamericanos.
Junto a la expansión internacional surgió la diversificación. José María Pérez Carmona advirtió de que buena parte del patrimonio privado español continúa concentrado en activos inmobiliarios. Desde su perspectiva, el reto pasa por ampliar el abanico de inversiones y acercar a patrimonios medios instrumentos ligados al capital privado, la innovación o el crecimiento empresarial.
En ese punto, los participantes coincidieron en que la inversión en startups exige una lógica distinta a la de otros activos. Sanchís recordó que la construcción de una cartera diversificada obliga a repartir el riesgo entre numerosos proyectos y sectores. Los vehículos de inversión colectiva, señalaron varios ponentes, permiten precisamente reducir parte de esa exposición individual mediante procesos de selección y análisis más amplios.
La idea de la inteligencia colectiva aplicada a la inversión apareció también durante el debate. Ortigueira defendió modelos colaborativos capaces de reunir conocimiento sectorial, experiencia empresarial y capacidad financiera para evaluar oportunidades. Según explicó, el análisis compartido de proyectos permite incorporar visiones complementarias sobre aspectos comerciales, fiscales, legales o estratégicos antes de tomar decisiones de inversión.
La mesa concluyó con una ronda de recomendaciones para quienes quieren iniciarse en este ámbito. El mensaje variado. Pasó por evitar las inversiones en solitario, apoyarse en redes especializadas, entrar de forma gradual y diversificar. Bernabé aconsejó comenzar con importes reducidos para conservar capacidad de acompañar futuras rondas de financiación. Edo insistió en la importancia de contar con asesoramiento profesional y de integrarse en ecosistemas donde otros inversores ya hayan recorrido ese camino. Ortigueira, por su parte, defendió el valor de participar en comunidades capaces de compartir conocimiento y oportunidades.
Más allá de las diferencias de enfoque, la mesa dejó la conclusión de que el crecimiento empresarial requiere algo más que financiación. Necesita redes, conocimiento especializado, acceso a mercado y capacidad para pensar en escalas superiores a las del entorno inmediato.