La industria valenciana se prepara para el nuevo reglamento de envases: más trazabilidad, costes y dudas para las pymes

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El PPWR empieza a aplicarse el 12 de agosto y obliga a las empresas a reforzar el control sobre materiales, proveedores y composición de los envases | Las asociaciones alertan de la complejidad de una norma que todavía deja cuestiones por concretar

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VALÈNCIA. El sector valenciano del plástico y la cadena de distribución encara el 12 de agosto con una mezcla de trabajo adelantado, incertidumbre y deberes pendientes. Ese día comienza la aplicación general del nuevo Reglamento Europeo de Envases y Residuos de Envases (PPWR), una norma que introduce nuevas exigencias sobre los envases que se comercializan en la Unión Europea y que, para las empresas, no se traduce únicamente en cambiar materiales o rediseñar productos. También obliga a saber mucho mejor qué lleva cada envase, quién lo ha fabricado, de dónde procede y con qué documentación se puede demostrar que cumple.

La entrada en aplicación no supone que el 12 de agosto todos los envases tengan que haber completado de golpe su transformación. El reglamento establece distintos calendarios para sus obligaciones y algunos aspectos técnicos todavía están pendientes de concreción. Pero sí marca un cambio de escenario para fabricantes, transformadores, envasadores, importadores y marcas, que tendrán que reforzar sus sistemas de control y trazabilidad.

La magnitud de las dudas que está generando ya se refleja en la actividad de Aimplas. El Instituto Tecnológico del Plástico ha atendido más de 200 consultas sobre el PPWR en lo que va de año, prácticamente el doble que en el mismo periodo de 2025. Entre el 50% y el 60% de las consultas que recibe actualmente su departamento de Food Contact & Packaging están relacionadas con el reglamento.

«Reglamentariamente es todo muy nuevo y las empresas necesitan tiempo», explica José Guaita, socio director de Heura y administrador de AEVAE. En su opinión, una de las primeras consecuencias prácticas de la norma será que las compañías tengan que empezar a construir sistemas capaces de controlar y recopilar información sobre los envases que utilizan.

Por ejemplo, una empresa agroalimentaria que comercializa leche o cualquier otro producto deberá conocer quién ha fabricado su envase, qué porcentaje de material reciclado contiene y cómo se garantiza su recogida y reciclaje. «Ahora el reglamento europeo lo lleva a obligado cumplimiento», señala Guaita.

De conocer el residuo a conocer el envase

El cambio afecta a una cadena mucho más amplia que la gestión del residuo una vez que el consumidor se deshace del envase. El modelo europeo pretende actuar también sobre la fase previa: conocer el origen de los materiales, reducir la cantidad de envase utilizada, facilitar su reciclaje y avanzar hacia modelos de reutilización.

En este punto, Guaita considera que la industria española parte de una situación particular por el peso del turismo y el consiguiente aumento del consumo y la generación de residuos. Al mismo tiempo, señala que los sistemas de recogida y reciclaje están relativamente desarrollados en la fase final del proceso, mientras que ahora el reglamento desplaza parte del foco hacia el principio de la cadena.

La consecuencia para las empresas será más información y más control. «Tienes que tener identificado quién es el responsable de cada flujo y cada material», apunta Guaita. La cadena de suministro, además, incorpora nuevas exigencias relacionadas con los componentes químicos y con la trazabilidad de los materiales.

Es un cambio que ya está obligando a algunas compañías a buscar herramientas específicas. Guaita pone como ejemplo el caso de una empresa que comercializa productos de cosmética coreana y que necesita una herramienta digital capaz de procesar grandes cantidades de información para poder gestionar los datos exigidos.

Las dudas llegan hasta el último minuto

La Asociación Valenciana de Empresarios de Plásticos (Avep) pone el acento precisamente en la incertidumbre que está acompañando la entrada en aplicación. Cristina Monge advierte de que la propia Comisión Europea ha tenido que publicar documentos de preguntas frecuentes para aclarar cómo interpretar diferentes aspectos del reglamento.

Entre las cuestiones que siguen generando dudas está qué ocurre con los stocks fabricados antes del 12 de agosto, especialmente en productos intermedios como films o preformas que posteriormente se convertirán en envases. «La norma habla de que el envase no se puede comercializar», explica Monge, que apunta a la dificultad de determinar cómo se aplica ese criterio a los productos que ya estaban fabricados antes de la entrada en aplicación.

La asociación también destaca el esfuerzo económico y humano que está suponiendo para las empresas una regulación que, según denuncia, se va desplegando por capítulos y mantiene abierto durante meses el proceso de adaptación. «Nunca se termina de saber cuál es con firmeza la legislación», resume Monge.

La preocupación es especialmente relevante para un sector formado mayoritariamente por pequeñas y medianas empresas. Guaita considera que las pymes son las que afrontan mayores dificultades para adaptarse, aunque apunta que el reglamento contempla determinadas consideraciones para ellas. El problema, en muchos casos, no será tanto una sanción inmediata como la presión de sus propios clientes. «Cuando su posición es la de proveedor, la empresa más grande puede apretar las tuercas porque le está pidiendo una solución rápida», explica.

PFAS, documentación y cambios en algunos envases

Entre las obligaciones que empiezan a resultar relevantes desde el 12 de agosto están los nuevos requisitos sobre sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS) en envases destinados al contacto con alimentos, así como determinadas exigencias de contenido reciclado y la declaración de conformidad para los envases puestos en el mercado comunitario.

Aimplas señala que fabricantes, transformadores, envasadores, importadores y marcas deberán demostrar el cumplimiento de los nuevos requisitos mediante documentación técnica y, cuando sea necesario, ensayos sobre el producto final.

El impacto no se limita además a los envases fabricados íntegramente en plástico. Uno de los principales retos se concentra en materiales utilizados para alimentos grasos, húmedos o preparados para llevar, como determinados papeles y cartones, envases de celulosa moldeada y estructuras multicapa o con recubrimientos funcionales. En algunos casos, la sustitución de determinadas sustancias puede requerir nuevos recubrimientos barrera, modificaciones de espesor o cambios en las capas de protección.

Para las empresas del plástico, esto puede abrir también oportunidades como proveedor de nuevas soluciones. Pero la adaptación tiene un coste: reformulación, ensayos, homologación de proveedores y rediseño de envases. Aimplas advierte de que algunos de estos cambios podrían acabar teniendo impacto en el precio, aunque todavía no es posible cuantificarlo.

De hecho, el propio instituto tecnológico constata que las empresas valencianas están llegando al 12 de agosto a velocidades diferentes. Algunas ya revisan los envases que ponen en el mercado, identifican materiales y componentes, recopilan documentación técnica y trabajan con proveedores para validar nuevas soluciones. El proceso está obligando a dedicar recursos a análisis de responsabilidades, ensayos, ecodiseño, reducción de materiales y validación de nuevas estructuras.

Una adaptación que irá mucho más allá del 12 de agosto

La fecha de agosto es, por tanto, más un punto de partida que una meta final. El Reglamento entró en vigor en febrero de 2025 y estableció un periodo transitorio de 18 meses, de modo que el 12 de agosto comienza su aplicación general. Sin embargo, algunas obligaciones se exigirán más adelante y otras dependen todavía de actos de la Comisión Europea que deben concretar aspectos técnicos.

La industria también tendrá que prepararse para inversiones de mayor calado. Guaita apunta a la necesidad de reforzar los sistemas de recogida, trazabilidad y reciclaje para poder cumplir con las futuras exigencias de contenido reciclado. En paralelo, algunas empresas de mayor tamaño ya están estudiando inversiones en nuevos procesos de reciclaje, incluida la vía química para recuperar el polímero y volver a utilizarlo en nuevos productos.

El objetivo último de la regulación es que el envase deje de ser una cuestión que comienza y termina en el contenedor. El nuevo modelo pretende intervenir desde su diseño y fabricación hasta su reutilización o reciclaje. Pero para las empresas, especialmente para las de menor tamaño, el primer reto es mucho más inmediato: ser capaces de demostrar, con datos y documentación, qué han fabricado y que cumple las nuevas reglas.

En Aimplas reconocen que todavía existe incertidumbre sobre criterios técnicos como la reciclabilidad, la capacidad de reciclaje a escala o la disponibilidad de materiales reciclados. Pero advierten de que esa falta de definición no puede detener la adaptación, porque desarrollar, ensayar y homologar un nuevo envase requiere tiempo.

La industria, en definitiva, no espera un cambio de un día para otro. Pero sí afronta a partir del 12 de agosto una nueva etapa en la que el cumplimiento dejará de depender solo de cómo se gestione el residuo al final de su vida útil y empezará mucho antes: en el diseño del envase, sus materiales, sus proveedores y la capacidad de demostrar de dónde viene cada componente.

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