Campuzano (CNMC): "Antes los cárteles se pactaban en una sala y ahora los algoritmos pueden acordar precios"

Entrevista

Empresas

Directora de Competencia de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC)
  • Susana Campuzano (CNMC) en una entrevista a ValenciaPlaza.
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VALÈNCIA. La inteligencia artificial no sólo supone una nueva herramienta de crecimiento para múltiples compañías, sino que trae consigo riesgos asociados a la competencia del mercado. Muchos de ellos todavía ni se conocen. Sin embargo, para Susana Campuzano Fernández, directora de Competencia de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), se ha convertido ya en una prioridad anticiparse a posibles abusos y asimetrías en el tejido económico que puedan derivarse de su uso. En una entrevista concedida a Plaza desentraña algunas cuestiones clave sobre las oportunidades y retos que supone la IA en el ámbito de la competencia en España.

—¿Crees que la inteligencia artificial puede generar un problema de competencia de mercado o si lo está generando ya?

—Prácticamente cualquier cosa es susceptible de generar un problema de cualquier tipo si se utiliza mal y de una manera muy abusiva. La inteligencia artificial, como cualquier otra cosa, puede suponer un riesgo de competencia y también un beneficio. Desde la CNMC, por ejemplo, no se quiere demonizar a la inteligencia artificial, no es algo malo per se. De hecho, tiene muchísimas ventajas para las empresas, fundamentalmente más pequeñas y medianas, ya que favorece la productividad, las eficiencias y puede permitir a empresas adquirir ciertas capacidades que a lo mejor no tenían.

—Justamente esto enlaza muy bien con la siguiente pregunta, porque en caso de generar esos desequilibrios, ¿puede dar lugar a una desigualdad económica? Hablando a nivel macro de economía, ¿podemos ver desigualdades generadas por la IA?

—Podría ser. Es verdad que por mucho miedo que tengamos ahora mismo a todo lo que tiene inteligencia artificial, acaba de salir un estudio de la OCDE en el año 2026 que precisamente dice que de momento no se está viendo que se generen grandes desequilibrios, sino que se están compensando los beneficios en términos generales.

Ahora bien, la IA va mucho más rápido que otras modificaciones de mercado. Esto va mucho más rápido de lo que fue la industrialización, por ejemplo. Pero para eso están organismos como la Comisión de Competencia, la regulación o la Comisión Europea en el caso de que queramos regularlo a nivel transnacional; los poderes públicos y las políticas públicas deben velar para que no se llegue a estas situaciones.

  • Susana Campuzano (CNMC) en una entrevista a ValenciaPlaza. -

—¿La diferencia está en si la IA está al alcance de esas pequeñas empresas y por tanto pueden tener más recursos para competir con las grandes, o si por el contrario, para aplicar o implementar una IA adecuada a una estrategia empresarial requieren de una infraestructura que a lo mejor por ser pequeña empresa no lo tienen tan fácil?

—Exacto. La inteligencia artificial en cierta medida democratiza muchos recursos, pero en según qué niveles también puede ser peligrosa. Por ejemplo, el acceso a los datos (muchas veces la inteligencia artificial no funciona sin datos), el acceso a hardware o software, el acceso económico para pagar mejoras, o el acceso a especialistas. Imagínate que eres una empresa y quieres aprovecharte de la IA para desarrollar algo propio: tienes que tener un especialista de eso. Cada vez van a estar más demandados y por tanto tendrás que pagar más, lo que puede generar un desequilibrio estructural, desde luego.

Más allá de otros desequilibrios como. Imagínate que solo hubiera dos empresas que desarrollan inteligencia artificial generativa, los ChatGPT de turno. Esa empresa que tiene la inteligencia artificial generativa te puede imponer a ti, pequeña empresa, determinados estándares o cosas que a lo mejor tú no quieres porque tienen una posición de dominio muy grande en el mercado. Eso puede ahogar a las empresas aguas abajo; insumos pueden hacer que se modifiquen las estructuras de poder entre los mercados.

—¿Hay sobre la mesa ahora una regulación que pueda controlar ese tipo de asimetrías?

—La regulación en cualquier mercado suele ser casi a posteriori; muchas veces se regula cuando ves que hay un problema, como pasa con la vivienda. El problema que tenemos con los mercados digitales y con la inteligencia artificial en concreto es que esto no da tiempo casi ni a regularlo. Por ejemplo, la directiva de inteligencia artificial a nivel europeo casi queda obsoleta cuando sale. Ahí está el balance entre regular (que hay cosas que creo que está bien regular) y que la regulación tenga una flexibilidad suficiente como para permitir modificaciones del propio mercado. Todo evoluciona muy rápido en los mercados, pero la inteligencia artificial evoluciona a días. Entonces da muy poco margen a tener una regulación muy afinada.

A nivel europeo tenemos la Digital Markets Act (DMA) y la Ley de Servicios Digitales (DSA), que desde hace unos 3 o 4 años han establecido los llamados gatekeepers (guardianes de acceso). Con eso, empresas como Google o Meta tienen que cumplir determinadas cuestiones que la Unión Europea considera obligatorias de base. Europa sí ha dado un paso decidido con respecto a la regulación, no perfecta porque nunca va a ser perfecta, pero son los primeros mimbres con los que operan. Teniendo en cuenta que es muy difícil regular esto que va tan rápido, Europa lo está haciendo y ha impuesto ya procedimientos sancionadores para los casos que incumplen sus determinaciones.

—¿Crees que hay un oligopolio en los poderes de IA y que pueden condicionar el mercado?

—La IA es muy grande, depende en qué segmento de la cadena de valor lo pongamos. Es verdad que hay segmentos en los que hay menos competencia y segmentos en los que hay más; conforme vas aguas abajo, hay más. Quizás en empresas de inteligencia artificial generativa hay menos, no un oligopolio pero sí menos competencia, pero conforme bajas aguas abajo tienes muchísimas más empresas de desarrolladores que a partir de una determinada inteligencia artificial desarrollan otra. Depende un poco en qué estado de la cadena de valor te sitúes.

El problema puede venir sobre todo en lo que se refiere a los modelos fundacionales. Si las bases de la inteligencia artificial se detentan por parte de unas pocas empresas y estas tienen unas capacidades que perjudican a otras es cuando la Comisión de Competencia tiene que velar porque las reglas del juego permanezcan justas. Todo esto sin que ello signifique que tengamos que limitar el crecimiento de estas empresas o la utilización de la inteligencia artificial. 

  • Susana Campuzano (CNMC) en una entrevista a ValenciaPlaza. -

—Y aunque estamos todavía en una fase incipiente, ¿qué señales vigiláis para evitar o anticiparos a posibles abusos de mercado?

—Desde el punto de vista de una comisión de competencia como la nuestra es muy complicado. Nosotros vigilamos los cárteles, que tradicionalmente eran una habitación llena de humo de empresarios fijando precios. Eso ha evolucionado y en modelos teóricos ya existn máquinas que hablan entre sí. Si la empresa A y la empresa B contratan un algoritmo independiente para fijar sus precios en función del otro, se ha visto cómo las máquinas, con una estrategia inteligente, se dan cuenta de que lo más conveniente es pactar entre ellas. Eso está en la teoría; en la práctica todavía no se ha dado o no lo hemos descubierto.

Eso, para nuestro modus operandi, nos condiciona la forma de trabajar. Antes era entrar en la habitación llena de humo y atraparlos, y ahora mi trabajo es saber cuándo una máquina está haciendo eso. Por otro lado, sin decir que hemos encontrado la solución definitiva, desde la CNMC se lleva muchos años invirtiendo en herramientas de inteligencia artificial desarrolladas por funcionarios de la casa (desde 2018 con más fuerza) para buscar patrones en el mercado y saber cuándo puede haber colusión o algún acuerdo entre empresas determinado por un algoritmo.

—O sea que se está trabajando ya en una herramienta para detectar este tipo de acuerdos.

—Sí, en lo que se refiere a inteligencia artificial lo más avanzado que tenemos es una herramienta de aprendizaje automático supervisado en contratación pública. Tenemos una base de datos gigante de todos los contratos del Estado y de las comunidades autónomas; pones a correr la máquina y te detecta irregularidades entre contratos. Eso es inteligencia artificial.

En eso somos pioneros a nivel mundial. España es pionera en la detección de irregularidades en contratación pública, y no es solo mérito nuestro, sino también porque España es de los pocos países que tiene casi todos los datos de los contratos públicos centralizados. En otros países no tienen nada de esto.

—A veces miramos al resto con ese complejo de inferioridad.

—No sabes la cantidad de veces que he visto ese complejo de inferioridad mientras que desde otros países nos miran con envidia por tener los contratos centralizados desde hace tanto tiempo. Datos sobre el tipo de contrato, volumen de dinero, ofertas, bajas y empresas participantes; con la inteligencia artificial se buscan patrones fáciles de reconocer. España es pionera porque la CNMC invirtió en esto y porque teníamos esa base de datos.

En contratación pública ya utilizamos inteligencia artificial ahí, y la prueba de concepto que estamos haciendo ahora como inversión a futuro es buscar una herramienta capaz de hacer análisis de precios para detectar si detrás hay un algoritmo fijando y pactando precios. Ojo, esto no implica una sanción directa.

—¿No implica sanción?

—No. Esto implica que si lo vemos, solicito un auto a un juez para entrar en la empresa si lo considero necesario. Con el auto del juez entro en la empresa y tengo que encontrar pruebas para montar un procedimiento administrativo. No es jugar a Minority Report, todo está bajo un procedimiento muy reglado con una gran seguridad jurídica. Si no encuentro pruebas, no puedo sancionar a nadie. No obstante, la IA es una herramienta potente para dar el primer pistoletazo de salida.

  • Susana Campuzano (CNMC) en una entrevista a ValenciaPlaza. -

—Estuviste en la unidad de inteligencia económica. ¿Has visto que la IA os ha permitido detectar cosas que antes eran mucho más difíciles de detectar?

—Eso sí, ver cosas mucho más difíciles o que antes era complicado de percibir. Sobre todo en la primera fase nos ha permitido tener mayor certidumbre. Por ejemplo, cuando recibimos una denuncia en nuestro buzón anónimo sobre un acuerdo de precios entre empresas, antes teníamos muy poco recorrido para verificar si la información era verdad. Ahora nos sirve para cruzar esos datos con la base de datos y ver si lo denunciado concuerda con lo que vemos. Mover una inspección es muy costoso y causa un perjuicio grande a las empresas, por lo que tiene que estar muy justificado. Estas herramientas nos ayudan a tener una mayor certidumbre e indicios sólidos antes de pedir un auto judicial.

—En cuanto a recursos en vuestra institución, ¿dirías que hacen falta más inspectores?

—Siempre hacen falta más profesionales, aunque vaya por delante que tenemos una plantilla muy buena. Me siento muy orgullosa del equipo que tengo, es gente súper trabajadora y brillante. Somos más de 100 personas en competencia. Llevo más de dos años con las plazas totalmente cubiertas y hay gente queriendo entrar, pero no podemos ampliar más.

—¿Hay sectores más proclives que otros a cometer abusos de mercado?

—Sí. Tradicionalmente hay sectores que han sido sancionados varias veces, aunque no quiero que parezca que tenemos fijación con ninguno. Por ejemplo, la semana pasada hicimos una inspección grande en el sector del papel y cartón en seis ciudades, un sector en gran crecimiento por el comercio electrónico. Este sector ya había sido sancionado en Italia y en España anteriormente; incluso las empresas fabricantes del papel de las papeletas electorales estuvieron más de 25 años pactando precios. También suele haber reincidencia en cementos, hormigones, transporte escolar, transporte por carretera o agencias de viajes. En el ámbito digital, más que acuerdos anticompetitivos, investigamos por abuso de posición de dominio a las grandes multinacionales.

—¿Podéis pelear contra esos mastodontes digitales desde España?

—Claro que sí. Por ejemplo, a Booking se le impuso la mayor multa en España por competencia, de unos 403 millones de euros, y tenemos un procedimiento abierto contra Apple California. Somos tres funcionarios contra un gigante que cotiza en bolsa más de dos veces el PIB de España, pero da mucha satisfacción sacar estos casos adelante. Tenemos un equipo del que sentirse muy orgulloso.

—Como conclusión, aunque la inteligencia artificial supone desafíos y retos para detectar nuevos abusos y desequilibrios de mercado, ¿también os está sirviendo como una herramienta clave para llegar más lejos en vuestras investigaciones?

—Totalmente, ese es el mensaje. Hay que ver qué podemos hacer con esto que viene y combatirlo con sus mismas armas. Cuando tienes un buen equipo y motivas a la gente, se consiguen grandes cosas. Nuestro trabajo busca que las reglas sean justas para todos y que gane el mejor, sin engaños, especialmente en sectores sensibles como la sanidad o los medicamentos.

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