ELCHE.- La pesadilla del cierre de clínicas dentales se repite. Se dio con IDental, o con Dentix, recientemente. Y ahora vuelve con Oralis, que ha cerrado esta semana dos clínicas en Elche y Almoradí. No es un episodio aislado ni responde necesariamente a la evolución económica de estos dos establecimientos. Ambos centros forman parte de una crisis empresarial de mayor dimensión que afecta al grupo Aestes, propietario de distintas sociedades y marcas del sector odontológico, entre ellas Oralis y Vivanta.Y el análisis de su trayectoria económica de los últimos años permiten desvelar las razones de estos cierres.
La falta de liquidez, las dificultades para sostener la actividad y el fracaso de una operación de venta que podía haber mantenido abiertos parte de los centros han terminado por precipitar el cierre de la red dental. Una situación que ha tenido consecuencias directas en el mercado local y, sobre todo, en los pacientes que tenían tratamientos en curso.
La crisis venía de lejos. Aestes llevaba varios años intentando reestructurar su negocio, en un proceso que incluyó la venta de parte de sus clínicas de estética, el abandono de determinadas actividades, cierres de establecimientos y ajustes de plantilla. En enero de 2024, el grupo ya había cerrado 18 clínicas dentales y afrontado un nuevo expediente de regulación de empleo. En 2026, la compañía señaló también el endurecimiento de las condiciones de financiación al consumo como uno de los factores que habían agravado sus dificultades.
El deterioro terminó trasladándose a los tribunales. El Juzgado de lo Mercantil número 12 de Madrid aceptó en septiembre de 2026 el concurso voluntario de acreedores. La compañía se enfrentaba a una situación de tesorería muy comprometida, con dificultades para atender sus obligaciones más inmediatas, entre ellas el pago de salarios y cotizaciones sociales.

- Instalaciones de la clínica en Elche.
Una venta frustrada que no logró salvar la red
En los últimos meses, una de las principales opciones para evitar el cierre generalizado era la oferta presentada por Orion Bidco, vinculada a Donte Group, propietario de Vitaldent. La propuesta contemplaba la adquisición de 61 clínicas, el mantenimiento de 656 puestos de trabajo y la continuidad de unos 30.000 tratamientos pendientes.
El plan incluía una financiación-puente de hasta 16,5 millones de euros y un desembolso inicial de 3,35 millones. Sin embargo, la operación quedó atrapada en la controversia sobre el rescate público de 40 millones de euros concedido a Vivanta por la SEPI. La discusión se centró en las condiciones de devolución de esa ayuda y en las obligaciones que tendría que asumir el eventual comprador.
La intervención de la Comisión Europea, cuyo pronunciamiento fue solicitado en el marco de este conflicto, terminó convirtiéndose en un obstáculo para cerrar la operación dentro del plazo previsto. La oferta expiró el 21 de octubre sin que se materializara la compra. Pocos días después se comunicó el cierre de las clínicas dentales de Vivanta, en un escenario de falta de liquidez y liquidación ordenada.
El fracaso de la operación dejó sin efecto la posibilidad de mantener en funcionamiento esos 61 centros bajo un nuevo propietario. También dejó en el aire la continuidad de miles de tratamientos y de cientos de puestos de trabajo.
El impacto en Elche y Almoradí
En Elche, el cierre de la clínica Gab-O Oralis, situada en la calle Blas Valero, ha situado a los pacientes en el centro de las consecuencias de la crisis. Algunos tenían tratamientos sin finalizar y otros habían abonado por adelantado parte o la totalidad de los servicios contratados. Entre los casos afectados figuran tratamientos de ortodoncia, que requieren seguimiento y continuidad clínica.
La dimensión del problema quedó reflejada en la movilización de los afectados. Según la información difundida por Cadena SER, más de 660 personas se han organizado ya para reclamar información y buscar soluciones ante el cierre del centro.
La situación de Almoradí se enmarca en el mismo proceso empresarial. El doctor Mariano Follana ha explicado públicamente que dejó de ser propietario de las clínicas de Elche y Almoradí tras su integración en el grupo Aestes y que la decisión de cerrar los centros correspondió a la administración concursal. También manifestó que había intentado evitar el cierre y defender la continuidad de la atención a los pacientes.
Por el momento, no se han publicado datos de explotación individual que permitan determinar si las clínicas de Elche o Almoradí eran rentables o deficitarias. Por ello, no puede atribuirse su cierre a un mal resultado económico específico de cada establecimiento. La información disponible apunta a una decisión vinculada a la situación financiera general del grupo y a las actuaciones adoptadas dentro del procedimiento concursal.
Unas cuentas que reflejan la complejidad del grupo
Las cuentas anuales de Aestes Dental correspondientes a 2024 ayudan a entender la estructura financiera de una parte del entramado empresarial, aunque no ofrecen una fotografía consolidada de todas las clínicas.
La sociedad declaró un activo de 118,6 millones de euros y una deuda bancaria a largo plazo de unos 43,6 millones. Su tesorería al cierre del ejercicio era de apenas 112.788 euros. También registró un beneficio de 5,6 millones de euros, pero esa cifra debe interpretarse teniendo en cuenta su condición de sociedad holding y la existencia de ingresos financieros y operaciones con empresas del grupo.

- Instalaciones de la clínica de Almoradí.
Aestes Dental acumulaba, además, resultados negativos de ejercicios anteriores por más de 134 millones de euros y mantenía importantes créditos e inversiones en sociedades vinculadas. Estas partidas muestran el peso de las relaciones financieras internas en la estructura del grupo.
Las cuentas de Grupo Oralis, por su parte, reflejan una sociedad de carácter holding, sin cifra de negocios ni empleados en los ejercicios analizados. En 2025 declaró activos por 43,3 millones de euros, prácticamente todos vinculados a inversiones en empresas del grupo, y unas pérdidas de 15.304 euros.
Estos datos no permiten conocer la rentabilidad de cada clínica ni establecer por sí solos las causas concretas de su cierre. Sí muestran que las sociedades analizadas no deben confundirse con los establecimientos que atienden directamente a los pacientes: son piezas de una estructura empresarial más amplia, con participaciones, créditos y relaciones financieras entre compañías.
Un mercado local pendiente de los pacientes afectados
La desaparición de Oralis de Elche y Almoradí modifica el mapa de la oferta odontológica en ambas localidades. Los pacientes que necesitan continuar sus tratamientos tendrán que buscar alternativas y, en muchos casos, solicitar una nueva valoración clínica antes de retomar los procedimientos que habían iniciado.
La Organización de Consumidores y Usuarios ha recomendado a los afectados conservar contratos, presupuestos, facturas y justificantes de pago, reclamar por escrito y solicitar sus historiales clínicos. En los tratamientos financiados, también aconseja dirigirse a la entidad financiera para conocer las opciones de cancelación o regularización de los pagos.