Elche

El CEU Elche activa un sistema para prevenir el uso de dispositivos electrónicos en los exámenes

La Universidad ha empezado a utilizar esta semana esta tecnología durante la convocatoria ordinaria y la mantendrá también en la extraordinaria de junio

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ELCHE. La Universidad CEU Cardenal Herrera ha comenzado a utilizar esta semana en su campus de Elche un sistema tecnológico de supervisión para prevenir el uso de dispositivos electrónicos no autorizados durante los exámenes. La iniciativa se aplica ya en el periodo de pruebas de la convocatoria ordinaria y se mantendrá también en la convocatoria extraordinaria de junio, con el objetivo de reforzar el rigor académico y garantizar que todos los estudiantes se examinen en igualdad de condiciones.

La medida responde a una realidad cada vez más presente en el ámbito universitario: las herramientas tecnológicas que pueden utilizarse para copiar en un examen son hoy más pequeñas, discretas y difíciles de detectar que hace unos años. Teléfonos móviles, dispositivos bluetooth, sistemas wifi, auriculares ocultos o los llamados pinganillos han obligado a las instituciones académicas a actualizar también sus mecanismos de prevención.

El sistema implantado en el CEU de Elche ha sido desarrollado e implementado por Casva Seguridad, empresa especializada en este tipo de actuaciones. Luis Iglesias, técnico de la compañía, explica que el origen de esta tecnología está directamente relacionado con la evolución de los dispositivos que algunos estudiantes pueden intentar utilizar de forma fraudulenta. “Existen herramientas como los famosos pinganillos, que existen desde hace 20 años, pero que cada vez son más pequeños y más imperceptibles”, señala.

Una herramienta preventiva

Desde Casva subrayan que la finalidad principal de la medida es preventiva. No se trata de convertir el examen en un espacio de sospecha, sino de disuadir el uso de tecnología no permitida y proteger el valor del trabajo de los estudiantes que afrontan las pruebas de forma honesta. “Realmente, que el alumnado sepa que esto existe, que todas esas herramientas que se pueden utilizar para copiar pueden ser detectadas y que en cualquier momento podemos aparecer, es importante”, apunta Iglesias.

El sistema empleado combina distintos equipos y técnicas de detección. Según explican desde Casva, no se limita a localizar pinganillos, sino que permite identificar diferentes dispositivos electrónicos o señales que puedan emplearse durante una prueba. “Tenemos varios equipos que detectan de manera diferente distintas tecnologías para poder cubrir todo el espectro”, añade Iglesias.

Entre los elementos que pueden detectarse se encuentran dispositivos bluetooth, conexiones wifi, teléfonos móviles, intrauriculares y otros equipos electrónicos. La intervención se realiza durante el desarrollo de los exámenes, procurando alterar lo menos posible la concentración del alumnado. Cuando se detecta una señal o un elemento sospechoso, se comunica al profesor responsable para que actúe conforme al protocolo establecido por la Universidad.

El móvil, incluso en modo avión, no desaparece del problema

Uno de los aspectos en los que más inciden los técnicos es la importancia de que los estudiantes comprendan qué significa realmente no llevar tecnología activa durante una prueba. Un teléfono en modo avión, por ejemplo, puede seguir manteniendo determinadas posibilidades de conexión si tiene activado el wifi o si se comunica con otros dispositivos mediante bluetooth.

Por eso, desde Casva recuerdan que la indicación debe ser clara: los dispositivos electrónicos no autorizados no deben estar disponibles durante el examen. “Apagado es apagado; no es modo avión ni en suspensión, es apagado totalmente”, explica Iglesias. El sistema también puede detectar impulsos o señales asociados a determinados equipos, incluso cuando aparentemente no están siendo utilizados. En esos casos, la actuación permite diferenciar entre situaciones sin relevancia académica y posibles usos indebidos. Para la Universidad, esa capacidad de prevención contribuye a evitar dudas, proteger al profesorado y dar seguridad a los propios estudiantes.

La iniciativa forma parte de una estrategia más amplia de la CEU UCH para adaptar sus procedimientos de evaluación a un contexto tecnológico en rápida transformación. La inteligencia artificial, los dispositivos conectados y las nuevas formas de comunicación obligan a repensar cómo se preserva la integridad de las pruebas académicas.

Igualdad, rigor y garantías

Además de la dimensión tecnológica, Casva destaca el componente de garantía del sistema. Las actuaciones se realizan por profesionales habilitados, lo que permite documentar las incidencias detectadas si fuera necesario. “Hay un profesional que da fe de lo que ha sucedido y ha recogido las pruebas necesarias”, indica Iglesias.

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