ALICANTE. Por segundo curso consecutivo, el Hércules CF dimite no ya de la pelea por regresar al fútbol profesional, renuncia a optar a luchar por disputar el 'play-off' de ascenso a LaLiga Hypermotion. Si la Santa Faz no media, la 2026/27 será la decimotercera campaña consecutiva del primer conjunto blanquiazul en el fútbol aficionado.
A mediados de abril, tras no pocos fichajes tanto durante la ventana de verano como la de invierno e incluso incorporaciones de temporeros, al tiempo que un cambio en el banquillo, el Hércules 2025/26 se ha confirmado como incapaz de pelar por la quinta plaza y se ve abocado a tratar de arañar los puntos necesarios en las seis jornadas que restan para lograr la permanencia matemática.
Ni Rubén Torrecilla estaba al volante del ferrari que dijo en su momento que habían puesto a su disposición, algo que le terminó costando el puesto, ni 'Beto' Company puede decir lo mismo, no obstante contar con una plantilla que para sí hubiese querido su antecesor en el cargo.

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Este domingo el Hércules venía de hacer el ridículo en Alcorcón, de caer por cuatro goles a cero en un encuentro en el que no había tirado a puerta, pero fue incapaz no ya de derrotar al penúltimo clasificado en el Rico Pérez, también de dar la sensación de poder hacerlo. La pregunta que no pocos se hacen es cómo lo anterior, que el equipo blanquiazul haga el ridículo una temporada más, puede no tener consecuencias a todos los niveles. Y es que en el Hércules ya no escandaliza el fracaso… escandaliza la indiferencia con la que se gestiona, todos se han acostumbrado a hacer el papelón sin que pase nada porque el que manda lo consiente.
La lista de pecados cometidos desde los despachos de Foguerer Romeu Zarandieta, en los más de 20 años con Enrique Ortiz a los mandos, sonrojaría hasta en la época del emperador Calígula y tienen como consecuencia directa que los aficionados de una entidad centenaria, con 20 temporadas en Primera División y 43 en Segunda a sus espaldas, tengan que conformarse con ver la próxima campaña a su equipo en el tercer escalón del fútbol español por tercera consecutiva y tras haberse tragado ya el sapo que supuso verlo jugar en el cuarto, después de que una pandemia evitase que lo hiciera un año antes.

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Cuando el ridículo se convierte en rutina, el problema ya no está solo en el césped, ya no se trata solo de "hablar menos y hacer más", como dice Company, tampoco de abrir la puerta de par en par a aquellos jugadores que no quieran compartir espacio con este, siquiera desdecirse de la decisión de renovar al entrenador cuando no eres capaz de jugar ni el 'play-off'... se trata de darle la vuelta a todo como un calcetín. De no hacerlo, el próximo ridículo ya tiene fecha... aunque todavía no tenga rival.