El Consell, entre el Hércules CF y el Rico Pérez

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  • Luis Barcala y Juanfran Pérez
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ALICANTE. El estadio Rico Pérez cumple este lunes 3 de agosto 52 años. La cochambrosa instalación de la calle Foguerer Romeu Zarandieta, en la que juega sus encuentros como local el Hércules CF, sopla unas velas que parecen más cirios de funeral. Desfasado y maltratado, casi abandonado, por propios y extraños (nunca mejor dicho), el Rico Pérez pide a gritos una solución definitiva que compromete sobremanera al Consell, su propietario a través de su brazo económico, el Instituto Valenciano de Finanzas (IVF). 

Por enésima ocasión el interés público está en juego, toda vez que restan apenas seis años para que la Administración recupere el pleno dominio sobre el estadio (en 2032 vence el contrato de arrendamiento suscrito con el Hércules), pero también la imagen de Alicante y no digamos la seguridad de los contribuyentes (valientes) que asisten a los partidos que se disputan en el mismo.

  • El Rico Pérez durante las obras de urgencia inacabadas de hace cuatro años

Y es que Enrique Ortiz, como propietario (con permiso de la Fundación Hércules CF) del club blanquiazul, aspira a que este se haga con la propiedad del mismo en el marco de una operación de compraventa con un precio bonificado a cambio de realizar mejoras. Las cantidades que se plantean no son ni de lejos las de 2007 (son infinitamente menores), pero sí la fórmula que llevó entonces a Aligestión Integral (sociedad de Ortiz, entre otros) a adquirirle el Rico Pérez al Ayuntamiento de Alicante, en aquel momento el propietario. Ahora es el IVF el titular del derecho de propiedad, tras quedarse el mismo en 2017 en subasta pública por 3,7 millones de euros, en el marco del proceso de liquidación de bienes y derechos de la citada Aligestión. Esta mercantil se declaró insolvente judicialmente para afrontar sus deudas, en especial de la contraída en 2010 como avalista del Hércules al no pagar este una sola cuota del préstamo de 18 millones concedido por la desaparecida Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) con el aval del banco del Consell. Aligestión contraavaló el aval del IVF y como el club, para sorpresa de nadie, no pagó nada a la CAM... salieron perdiendo las arcas públicas.

La citada ruinosa operación de aval, como también la venta del estadio a Aligestión, estuvieron apadrinadas por un PPCV que ahora vuelve a gobernar la Generalitat y sigue teniendo una patata caliente sobre la mesa en la forma de estadio también ruinoso. Lo anterior es así porque en más de tres años no ha sido capaz de encontrar una solución (tampoco gastar un solo euro, por ejemplo para dar continuidad a las obras de urgencia que se iniciaron en la primavera de 2023 y que se quedaron sin dotación presupuestaria, u obligar al Hércules a realizarlas): bien siguiendo los pasos del anterior gobierno autonómico (el Botànic II, coalición formada por PSPV-PSOECompromís y Unides Podem-EUPV) que abogaba por reconvertir el Rico Pérez en una instalación multiusos, en un Arena; bien construyendo una alternativa en otro emplazamiento (y promoviendo la necesaria vivienda de protección pública en el espacio que hoy ocupa el estadio); bien deshaciéndose del mismo, vendiéndoselo al mejor postor y que este se busque la vida. Y aquí estamos ahora, con los contribuyentes y visitantes que acuden al estadio clamando por un solución y el Consell emulando a la vaca que sobre la vía ve venir el tren o, peor, al conejo de ojos asustados por las luces de los coches que huye por el arcén de la carretera.

  • La afición del Hércules CF muestra pancartas de #SOSRicoPérez

Reeditar la operación de 2007 (de aquellos polvos estos lodos) o buscar una solución basada en la colaboración público-privada, que permita dar seguridad a corto plazo y que Alicante deje de hacer el ridículo a medio (renunció de antemano a participar en la carrera del Mundial 2030 porque ya se sabe que lo nuestro es la industria pesada y no el turismo), con un nuevo estadio Rico Pérez (en el actual emplazamiento o en otro alternativo) cuyo valor sería bien distinto del actual, sin despatrimonializar a la Comunitat en general y a la ciudad en particular, al tiempo que reduciendo la carga para las arcas públicas que supondría la anterior inversión. Esas son las dos opciones a considerar, fundamentalmente.

El Consell puede vivir de espaldas a la incómoda evidencia, ignorar el elefante en la habitación, pero además de las Elecciones Municipales y Autonómicas de la próxima primavera (lo que acostumbra a mover a los políticos), la realidad es que los informes técnicos encargados por el Botànic en su ánimo de reconvertir el Rico Pérez en una instalación multiusos advertían en 2022 de que la falta de mantenimiento del mismo afectaba ya a la estructura. El Hércules, el único responsable de esa falta de mantenimiento, niega hoy que la estructura esté afectada, pero se supone que tampoco tenían ningún problema las torres de iluminación en 2010, cuando se apostó por darles solo una mano de pintura, y en 2013 el cabezal de una de ellas se vino abajo. La suerte quiso que lo anterior ocurriera horas después de un encuentro y no durante el mismo, evitándose una tragedia. Nadie garantiza que algo análogo no pueda suceder, pues lejos de haber mejorado, el estadio está aún peor que hace 13 años... y el Consell, entre la espada y la pared.

A sus 52 años, el Rico Pérez ya no necesita una reforma, necesita un milagro con licencia de obras. Y Alicante, por su parte, que no se sigan riendo de ella. Que no le pase nada a nadie.

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