Anselmi defiende el juego, pero además de la falta de puntería, el Elche acusó la baja de Lemar y el apagón de Villar y Buonanotte

Deportes

Martín Anselmi defiende el juego del Elche CF pese a la derrota ante el Valencia CF, pero la lesión de Lemar y la falta de inspiración de Villar y Buonanotte lastran a los franjiverdes. El equipo sigue sin ganar en el Martínez Valero y cierra la jornada 11 al borde del descenso, empatado a diez puntos con el Levante UD

  • Anselmi durante el recibimiento al Elche CF por los aficionados
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ALICANTE. Martín Anselmi no escondía su frustración tras la derrota del Elche CF a manos del Valencia CF en el derbi de la 'germanor'. El técnico ítalo-argentino comparecía ante los medios con el convencimiento de que su equipo había hecho méritos para obtener un resultado bien distinto, pero también con cierta resignación ante el hecho de que el buen fútbol de los suyos no encuentre recompensa en el estadio Martínez Valero. Y es que el Elche continúa siendo el peor local de LaLiga EA Sports, tras sumar un punto de 15 posibles, después de haber perdido ante FC Barcelona, Real Sociedad, Real Madrid y ahora Valencia, y empatado con el Real Celta. Un balance que contrasta con sus prestaciones lejos de casa y que empieza a pesar como una losa, especialmente porque la derrota de este domingo no solo impidió a los franjiverdes estrenar su casillero de victorias ante su afición, también puso fin a una racha de cuatro jornadas sin perder y tres consecutivas sin encajar, iniciada precisamente con aquel empate a nada frente a los celestes. Para más inri, el equipo volvió a quedarse sin marcar, algo que ya le ha sucedido en cuatro de los once encuentros ligueros disputados, si bien en dos de ellos puntuaron.

"Estoy con sensaciones encontradas. En el campo, el equipo hizo lo que tenía que hacer. Ser protagonista, jugar en campo rival casi todo el partido", explicaba el preparador rosarino, quien insistía en que los suyos habían buscado la victoria en todo momento, aunque nuevamente terminaran marchándose "con las manos vacías".

Anselmi se resistía a cuestionar el rendimiento colectivo por el resultado, pero admitía implícitamente que el Elche sigue teniendo un problema de eficacia cuando le toca ejercer de anfitrión: "Los rivales vienen al Martínez Valero, tratan de ser precavidos y nos respetan mucho. Sabemos que hay pocas ocasiones y hay que concretar. Porque sabemos que ellos pueden tener una", argumentaba el entrenador, poniendo el dedo en una de las llagas del equipo: su dificultad para transformar el dominio territorial y la posesión en goles. Este domingo, el Elche volvió a comprobarlo en sus propias carnes. Mandó durante todo el encuentro, monopolizando el balón y llevando la iniciativa, especialmente en una primera mitad en la que Lucas Cepeda se topó con la madera, pero terminó castigado por un contragolpe que Umar Sadiq convirtió en el único tanto del choque.

"No sé si el resultado es justo o injusto, pero este es el resultado", se resignaba Anselmi, quien tampoco quiso convertir la derrota en un drama ni interpretar el tropiezo como un frenazo a la progresión de su equipo. El argentino defendía que su análisis no depende exclusivamente del marcador, sino del rendimiento y de la capacidad de sus futbolistas para llevar al terreno de juego aquello que se trabaja durante la semana. Una filosofía que explica su satisfacción con determinados aspectos del encuentro, aunque no resuelva la contradicción entre las buenas sensaciones y los pobres números como local. Porque, por mucho que el rendimiento invite al optimismo, la clasificación se construye con puntos y no con merecimientos.

La lesión de Lemar, un contratiempo que terminó pasando factura

  • Thomas Lemas ante Stole Dimitrievsk
 

Si el resultado ya era suficientemente amargo, el derbi dejó además una noticia preocupante para los intereses franjiverdes: la lesión de Thomas Lemar. El internacional francés, que había vuelto a ser titular y estaba adquiriendo un protagonismo creciente en el engranaje ofensivo del Elche, tuvo que abandonar el terreno de juego mediada la primera mitad después de sufrir un problema muscular en el aductor. "Es una baja difícil de sustituir", reconocía Anselmi, quien lamentaba no solo la pérdida de un futbolista diferencial por su capacidad para asociarse y dar continuidad al juego, también el hecho de que su lesión obligara a consumir una ventana de cambios antes de lo previsto.

Y lo cierto es que el desarrollo del encuentro terminó dando la razón al entrenador en cuanto a la dificultad de suplir al francés. Puede que su ausencia no se dejara sentir demasiado en lo que restaba de primer acto, durante el que el Elche siguió llevando la iniciativa y acumulando acercamientos a la portería de Stole Dimitrievski, pero sí comenzó a pesar tras el descanso. Los franjiverdes monopolizaron la posesión prácticamente de principio a fin, aunque fueron perdiendo claridad y profundidad con el paso de los minutos. La falta de ritmo en la circulación, que el propio Anselmi reconocía y que ya había asomado antes del descanso, se hizo cada vez más evidente en el segundo acto, hasta el punto de que el dominio territorial dejó de traducirse con la misma frecuencia en situaciones de peligro: los franjiverdes tenían la pelota, pero les costaba cada vez más encontrar qué hacer con ella.

Y ahí fue donde se echó especialmente de menos el empuje y la calidad de Lemar. Porque el internacional francés no solo aporta criterio en la asociación y capacidad para conectar líneas, también tiene personalidad para asumir responsabilidades, conducir hacia posiciones avanzadas y acelerar las jugadas cuando el desarrollo del encuentro lo exige. Sin ese plus, el Elche fue perdiendo capacidad para desordenar al Valencia, que se encontraba cada vez más cómodo defendiendo cerca de su área y esperando la oportunidad de hacer daño al contragolpe. La posesión continuó siendo mayoritariamente franjiverde, pero cada vez resultó menos incisiva.

Tampoco ayudó que 'Facu' Buonanotte, el elegido para sustituir a Lemar, no tuviera precisamente su tarde. El argentino, llamado a aportar imaginación, desequilibrio y ese último pase que tanto necesitaba el Elche, estuvo lejos de ofrecer su mejor versión. No consiguió compensar con su talento la pérdida de empuje y calidad que había supuesto la salida del francés ni aportar la profundidad que demandaba un encuentro cada vez más cerrado. Para colmo, el único gol del partido nació de una falta mal ejecutada por el propio Buonanotte en campo contrario. Su envío terminó mansamente en las manos de Dimitrievski, quien activó rápidamente el contragolpe que culminaría Sadiq. Un error de ejecución que el Valencia castigó con una contundencia que contrastó con la falta de acierto local.

Un Gonzalo Villar demasiado apagado

  • Gonzalo Villar y Umar Sadiq disputan un balón

Y es que sería injusto cargar exclusivamente sobre Buonanotte la responsabilidad de esa progresiva pérdida de claridad. Gonzalo Villar, quien había destacado en el arranque del curso por su personalidad para asumir el mando y había conseguido hacer olvidar en buena medida la salida de Aleix Febas, tampoco ofreció su versión más reconocible. El mediocentro murciano estuvo menos inspirado e influyente de lo habitual, precisamente cuando el equipo más necesitaba que alguien gobernara los tiempos de las posesiones y encontrara soluciones ante el entramado defensivo valencianista.

No hay que olvidar que Villar había asumido con naturalidad el reto de recoger el testigo de Febas, un futbolista cuya importancia en la construcción del juego franjiverde había sido capital. El murciano se había ganado el reconocimiento por su capacidad para ofrecerse constantemente, dar continuidad a las posesiones y asumir responsabilidades incluso en los momentos más comprometidos. Sin embargo, ante el Valencia estuvo un tanto apagado, menos participativo y determinante de lo que acostumbra, especialmente cuando el equipo necesitaba que alguien tomara las riendas y encontrara soluciones ante un rival cada vez más cómodo defendiendo su ventaja.

Eso sí, no todo fueron sombras en la sala de máquinas. Javier Morcillo cumplió con su cometido de aportar equilibrio, sostener al equipo y facilitar las coberturas necesarias para que sus compañeros pudieran desplegarse en ataque. El problema es que, en la propuesta futbolística de Anselmi, no basta con mantener el orden: también resulta imprescindible que quienes están llamados a dirigir las operaciones con el balón marquen diferencias... y ahí fue donde el Elche echó especialmente de menos una versión más reconocible de Villar.

Tener el balón no constituye un fin en sí mismo, sino el medio para someter al contrario y generar ocasiones, viene a ser en esencia la filosofía de Anselmi. El Elche cumplió con lo primero, pero fue perdiendo argumentos para conseguir lo segundo. No dejó de mandar en la posesión, pero sí de hacerlo con la autoridad ofensiva que había exhibido en sus mejores actuaciones. Y cuando quiso recurrir a soluciones más directas, con centros laterales y buscando la cabeza de 'Fer' Niño, ya se encontraba por detrás en el marcador y con el tiempo jugando en su contra.

El propio Anselmi reconocía que durante el primer acto había faltado "velocidad" en la circulación de la pelota, una circunstancia que dificultó encontrar espacios ante un Valencia replegado y dispuesto a esperar su oportunidad. Una carencia que, lejos de corregirse, se hizo más evidente tras el descanso y terminó llevando al Elche a buscar soluciones por caminos menos elaborados. El equipo acabó fiando buena parte de sus opciones de empatar a los centros laterales y al juego aéreo de 'Fer' Niño, quien rozó el gol en dos remates de cabeza, y de 'Fede' Redondo, que estuvo a punto de igualar en el añadido.

La buena noticia para el preparador ítalo-argentino es que, salvo contratiempos en su recuperación, Marc Aguado debería estar ya disponible para la visita al Levante UD en el Ciutat de València, prevista para después del compromiso con el Real Betis y del segundo parón de selecciones de la temporada. El regreso del centrocampista, que ha permanecido de baja por un esguince de tobillo, ampliaría las alternativas de Anselmi en una demarcación especialmente exigente dentro de su modelo de juego.

La permanencia, a tiro de una derrota

  • Morcillo este domingo

Los franjiverdes cierran la undécima jornada como cuartos por la cola, es decir, marcando la frontera de la permanencia, con diez puntos, los mismos que un Levante UD que queda por detrás por la diferencia de goles y que, por tanto, ocupa ya una de las tres plazas de descenso. Precisamente los 'granotas' serán los rivales del conjunto de Anselmi dentro de dos jornadas, en un derbi autonómico que empieza a adquirir una importancia considerable.

Antes, los franjiverdes recibirán el próximo domingo, desde las 14 horas, al Real Betis en el Martínez Valero, en una nueva oportunidad para estrenar su casillero de victorias como locales, y posteriormente llegará el paréntesis competitivo provocado por la segunda 'ventana FIFA' de la temporada. Un calendario que convierte los dos próximos compromisos en citas de especial trascendencia para un Elche que, después de haber conseguido escapar de la zona roja, necesita evitar que su incapacidad para ganar en casa termine devolviéndolo a ella.

Pese a todo, Anselmi se mostró convencido de que el camino pasa por insistir en la idea y no dejarse arrastrar por la frustración de los resultados: "Hay que trabajar pensando en el siguiente rival, con una revancha rápida en casa", señalaba el preparador rosarino, quien prefería mirar hacia delante antes que recrearse en una derrota que suponía un doble frenazo para los suyos: el primero en cuatro jornadas y el fin de una serie de tres encuentros manteniendo la portería a cero.

"Cuando ganas, todo subraya. Y cuando no, tienes que seguir trabajando para volver a ganar", apostillaba el entrenador. Una reflexión comprensible, aunque el derbi también dejó una advertencia que convendría no pasar por alto: el Elche puede permitirse no ganar siempre que juega bien, pero difícilmente podrá sostener su propuesta futbolística si quienes están llamados a darle sentido al balón dejan de marcar diferencias. Porque Anselmi puede tener razón cuando defiende que el rendimiento importa tanto o más que el resultado a la hora de evaluar el trabajo de su equipo, pero la clasificación no entiende de sensaciones.

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