ALICANTE. El Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert ha reforzado su apuesta por la investigación artística y lo ha hecho doblando su financiación a iniciativas para este fin desde los 20.000 euros del presupuesto del año pasado hasta los 49.000 euros que destina en la actualidad. Una de las principales novedades en este sentido es la implantación de sus primeras residencias artísticas en la isla alicantina de Tabarca, donde se acaban de llevar a cabo dos proyectos de investigación en diversas disciplinas y con el objetivo de incidir en la puesta en valor del patrimonio natural y cultural de la provincia.
Petricor, que es el nombre que recibe ese característico olor que produce la lluvia cuando cae en tierra seca, es el nombre que se ha adoptado para bautizar este proyecto que se basa en la valorización de la naturaleza y el patrimonio histórico. Unas residencias de investigación en artes escénicas que cuentan con 9.000 euros para el desarrollo de dos proyectos distintos en quince días y ante el aislamiento que favorece la isla y su Centro de Educación Ambiental (CEAM), cedido por la concejalía de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Alicante. Sede de trabajo de estos dos equipos de cinco personas cada uno que han desarrollado los proyectos Vida y Airaferma.
“Ha sido una experiencia muy importante, porque cualquier residencia es un regalo en sí misma ya que te permite dedicarte solo a lo que tienes que dedicarte, pero en este caso el entorno nos ha dejado sin palabras; ha sido inabarcable”, explicaba este lunes Jesica Martínez, quien forma parte del proyecto de investigación sonora Vida: seis sentidos entre vientre y cartílago, compuesto por tres intérpretes y un compositor/editor de sonido, quienes se han encargado de registrar el espacio sonoro de la isla: abejas, pasos, aire, agua, etcétera. Un trabajo sobre el duelo puesto en marcha hace dos años por varios artistas valencianos y que ahora ha dado un paso más en Alicante, a través de esta residencia.
“Desde Valencia, a veces vemos la provincia de Alicante cercana y otras muy lejana, pero esto ha sido toda una oportunidad para comprobar ese potencial que hay que explotar”, describía Martínez. “Teníamos claro que la naturaleza era importante para nuestro proyecto, pero ha sido más inabarcable de lo que esperábamos; harían falta muchos años para registrar todo lo que hemos visto y hemos tenido que acotar”, añadía sobre las virtudes de esta experiencia que les ha servido para completar ese proyecto que presentarán en noviembre en la sala La Mutant de València.