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SOCIALMENTE INQUIETO

DANA e inundaciones de ayer y, menos, de hoy

  • El exalcalde  José Luis Lassaleta en Aguamarga en las inundaciones de 1982. Foto: Archivo Municipal

La temida gota fría del pasado mes de septiembre – llamada ahora DANA (depresión aislada en niveles altos) –, cíclica y siempre abundante, pasó por la ciudad de Alicante sin pena ni gloria. Que corra, que pase de largo, diría aquél temeroso de sus efectos dañinos, que cuando deja huella produce mucha pena. Que, para esa gloria, mejor ni nombrarla. ¿No le parece?

Las fuertes lluvias de las DANA han dejado mucha agua a lo largo de los siglos. Ya sabe que por estas tierras llueve poco pero cuando lo hace, el cielo descarga mucha lluvia con mucha fuerza. Suele ocurrir al finalizar el verano y empezar el otoño, principalmente en los meses de septiembre y octubre.

Alicante y su provincia saben mucho de este fenómeno de la naturaleza por sufrir sus consecuencias, con muchos estragos, daños materiales, incluso a veces el fallecimiento de vidas humanas. Seguidamente le contaré algunos de esos acontecimientos. Conviene que no se nos olvide que pueden volver a ocurrir, aunque la ciudad de Alicante parece que actualmente está preparada para aguantar tormentas tan grandes.

Si tuviera que elegir alguno de estos sucesos desde un año en concreto, permita que este sea 1552, nada menos. Ya el cronista Viravens contó que en esa fecha "hubo grandes lluvias que produjeron caudalosas avenidas por las vertientes del Benacantil; las aguas desembocaron en la puerta Ferrisa, e invadieron las casas de la calle Mayor". Alicante se construyó sobre varias colinas, algunos presuntuosos dicen que sobre siete como las de Roma, y en cada vaguada se abría una rambla por donde el agua corría cuesta abajo para encontrarse con el mar. Así ha ocurrido siempre.

Imagine eso ahora, todas esas ramblas discurren con toda esa zona urbanizada y algunas edificadas. El agua busca su camino natural se encuentre lo que se encuentre a su paso. La riada del 15 de octubre de 1879 fue muy dañina con varios centenares de muertos. Así también las inundaciones del 4 de noviembre de 1972 con más de 330 litros de lluvia caídos en una hora.

Una de las más espectaculares para mí, y vivida en primera persona, fue la del 20 de octubre de 1982. Llovió con ganas en la ciudad de Alicante. En esa ocasión cayeron 233 litros en muy poco tiempo. Algunas calles se convirtieron en caudalosos ríos. Muchos barrios quedaron incomunicados. Los daños personales y materiales fueron abundantes. El alcalde José Luis Lassaleta dijo que "la ciudad ha sufrido la mayor tromba de agua que se recuerda". El barrio de San Gabriel fue la zona cero, al ser el más afectado por las inundaciones.

Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado prestaron un extraordinario servicio al ciudadano que la ciudad de Alicante nunca olvidará. Es de justicia reconocerlo. Lo recuerdo bien. Los tenía cerca para ver su implicación. Entonces estaba haciendo el servicio militar, voluntario. Sí, fui un maquinorro, como se nos llamaba entonces por hacer dos años de mili. Esa mili, voluntaria o por quinta, que muchos añoran y que tan bien vendría a los ni-ni, ni estudian ni trabajan, aunque fuese reducida de tres meses, donde aprendieran disciplina y valores, seguro que les sería de provecho. Pero permita que vuelva al asunto de la crónica de hoy que el tema de la mili da para otro artículo. Recuerdo que salimos de casa mi hermano Pablo y yo para ir a nuestros destinos, él en la Cruz Roja (es donde hizo la mili) y yo al Regimiento de Infantería de San Fernando. Era nuestro deber y nuestro servicio a la patria en ese momento. A pesar de las dificultades para llegar al acuartelamiento, ayudamos en lo que pudimos y en lo que nos dejaron. Éramos unos críos, pero estábamos donde queríamos estar.

Hay otras fechas. Así, el 30 de septiembre de 1997 las lluvias torrenciales dejaron huella en Alicante. Cayeron 270 litros por metro cuadrado en menos de cinco horas produciendo cuatro muertos y cuantiosos daños materiales. Como en otras ocasiones, desapareció la playa de la Albufereta al recibir las aguas desde el interior y la fuerza de las olas y de la marea desde el mar. Ante hechos tan graves, Eduardo Zaplana – entonces presidente de la Generalitat Valenciana – suspendió su viaje oficial a México para estar cuanto antes en Alicante y valorar sobre el terreno las ayudas que pudiera aportar desde la Generalitat valenciana. Los Reyes de España, Don Juan Carlos y Doña Sofía también quisieron sumarse a esos apoyos y lo hicieron de la mejor manera posible, visitando las zonas afectadas en Alicante, valorar los daños y alentar a las autoridades en la aplicación de las soluciones.

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