Manuel Catalán Pérez-Urquiola: la estela contemporánea de Jorge Juan

Cultura

  • Manuel Catalán en la Antártida, 1988
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ALICANTE. Recientemente, un amigo me presentó a Manuel Catalán Pérez-Urquiola en el transcurso de un evento celebrado en Dénia. Tras los saludos de rigor, entablamos una animada conversación. Rompí el hielo poniéndole al tanto, brevemente, de mi vida personal y profesional, y luego pasó él a hacer lo propio. Me contó que nació en Madrid en 1934 y que estaba vinculado a la ciudad porque su padre era dianense.

Continuó explicándome que falleció durante la guerra y que, al acabar esta, vino con su madre y sus hermanos a Dénia, donde estudió en los maristas. Unos años después regresaron a la capital, aunque volvían todos los veranos de vacaciones. “Desde mi niñez me siento dianense, por eso cuando murió mi esposa decidí echar anclas en Dénia”, me confesó. “Qué expresión más bonita”, repuse; a lo que me contestó: “Es que soy marino militar”.

  • Manuel Catalán en Dénia, 2026 -

A continuación me desgranó su biografía, y a medida que avanzaba en el relato, la atención educada con que lo escuchaba dio paso, gradualmente, a un asombro absoluto. Al terminar el evento, le propuse hacerle una entrevista. Él aceptó con una sonrisa, nos dimos los números de teléfono y acordamos llamarnos para concretar el día.

Nos encontramos en una terraza de la Dénia marinera. Manuel Catalán, nada más sentarse, se queda embelesado contemplando el mar, como si fuera la primera vez que lo ve. Pasados unos instantes, se vuelve hacia mí con una mirada que dice: “¿Soltamos amarras?”. Le sonrío y paso a formularle la primera pregunta.

  • Manuel Catalán en la Antártida, 2005 -

— ¿Por qué quiso ser marino militar? ¿Era su vocación?

— Un día de verano, estando sentado en la escollera, vi entrar un extraño barco: era un dragaminas. Me acerqué a verlo y, entonces, un oficial me animó a que pasara para enseñármelo. Subí a bordo y me explicó para qué servía cada equipo. Al bajar del barco, yo sabía lo que quería ser: oficial de la Armada. Como ves, es muy curioso cómo se decide el futuro de las personas. 

— ¿Dónde se formó?

— En la Escuela Naval de Marín, en Pontevedra. Al acabar los estudios, estuve embarcado durante varios años y al final alcancé el empleo de teniente de navío.

— Pero luego cursó estudios en diversas disciplinas científicas. ¿Es que le atraían también las ciencias?

— Siempre sentí el deseo de profundizar en mi campo de actividad. Por aquellos años, se me presentó la oportunidad de embarcar en un buque que la ayuda americana de entonces había modernizado al límite de lo que entonces se conocía. En aquel barco llevaba el mantenimiento operativo de sus instalaciones electrónicas. Trabajar en ese ambiente me creó inquietudes, pero para saber más y hacer mejor tu trabajo uno tiene que estudiar. Ese fue mi dilema con veinticinco años: decidir entre seguir en la operatividad o mejorar mi formación en el campo científico para progresar.

  • Recepción en la Zarzuela de Manuel Catalán, 1988 -

— Así que se puso a estudiar.

— Sí, me matriculé en la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Físico-Matemáticas del Real Instituto y Observatorio de la Armada de San Fernando, que fundó Jorge Juan en 1749 y que entonces se llamaba Real Observatorio de Cádiz porque estaba en la capital. Allí estudié matemáticas, física, astronomía y geofísica. Y también hice la Licenciatura en Ciencias Físicas en la Universidad Complutense de Madrid. Posteriormente, completé mi formación en la Junta de Energía Nuclear, donde me especialicé en Física de las Partículas Elementales.

— Me contó el otro día que después fue a la Universidad de Berkeley. ¿Cómo fue eso?

— En el campo de la física y de la ingeniería nuclear, Berkeley en aquellos tiempos, y también ahora, es la número uno. La dificultad está en que te acepten, porque hay un gran número de candidatos. Yo tuve la suerte de ser admitido y así pude cursar mis estudios de posgrado en ingeniería en la mejor universidad que a nivel mundial existía.

  • Juan Carlos I condecorando a Manuel Catalán. 1994 -

— ¿Y qué hizo cuando se graduó?

— Regresé a España y fui destinado a la Escuela de San Fernando donde estudié. Allí ejercí como profesor de Física, el mismo puesto que un siglo antes había ocupado el teniente de navío Isaac Peral y donde desarrolló su submarino. Fue un gran honor que nunca olvidaré. Mientras tanto me doctoré en la Complutense presentando mi tesis sobre el tema: ”La utilización de las resonancias nucleares para la medida del campo geomagnético”. Posteriormente, me nombraron Director del Real Observatorio…

— Disculpé que lo interrumpa. Accedió al cargo que ocupó Jorge Juan...

— Sí, la verdad es que para mí fue otro gran honor.

— También me dijo que lo nombraron Director Científico y Comandante de las expediciones a la Antártida del Ministerio de Defensa. ¿Por qué lo eligieron? 

— Supongo que por mi currículum: una mezcla de marino y científico… Me gustaría añadir un apunte histórico. Si revisamos la historia de la ciencia de España, podemos comprobar la importancia que tuvieron los oficiales de la Armada: Jorge Juan, Antonio de Ulloa, Malaspina, Isaac Peral… Sus investigaciones y exploraciones dieron un formidable impulso a la ciencia española. La Armada es un organismo más del Estado, pero sus integrantes tienen una preparación técnica y científica de altísimo nivel.

  • Acto institucional en la Escuela Diplomática, 1997 -

— ¿Qué labor de investigación desarrollaron en la Antártida?

— En el polo sur se generan las grandes masas de agua profunda que recorren los fondos abisales de todos los océanos. Estudiamos su dinámica y su interacción con los mares que allí confluyen, así como el efecto sobre los flujos de calor entre el océano austral o boreal con los trópicos. Esto es crucial para conocer las bases del equilibrio climático.

— ¿Y que hizo cuándo acabó la misión antártica?

— Me ascendieron a almirante, y en ese empleo asumí también otras funciones. Luego, pasé a la reserva y fui profesor de la Universidad de Cádiz impartiendo geofísica, satélites, teledetección y tratamiento de datos. También desempeñé el puesto de Secretario Técnico del Comité Polar Español y me eligieron Coordinador (Chairman) de Actividades Marítimas en el Océano Antártico del Comité de los Programas Antárticos Nacionales, que es un prestigioso organismo de ámbito internacional. 

  • Manuel Catalán en la Antártida, 2005 -

— Por curiosidad, ¿cuántos países ha visitado?

— No los he contado, pero más de medio centenar seguro. En la mayoría he estado tan solo unos días, pero en otros he residido durante varias semanas como India, China, Canadá, Argentina, Chile, Rusia, Australia, Nueva Zelanda…

— Y para terminar quisiera saber su opinión sobre la energía nuclear.

— Es una cuestión compleja. Las naciones desarrolladas tienen un nivel de consumo energético elevado que debe ser continuamente suministrado para mantener sus necesidades industriales, el nivel de vida confortable, los transportes... Por ello, es necesario disponer de una potencia suficiente en la red eléctrica; pero también hemos de considerar el precio a que se ofrece el kilovatio, que el suministro esté siempre garantizado y que su producción se haga por procesos razonablemente seguros evitando la desestabilización de la red con apagones. En mi opinión, la energía del futuro estará suministrada por una mezcla de centrales de fisión nuclear, hidrógeno verde y combustibles fósiles (entre el 20% y 30%) y energías renovables (entre el 70 y 80%).

  • Manuel Catalán en el Comité de Protección del Medio Ambiente, Australia, 2012 -

Manuel Catalán, un Jorge Juan contemporáneo 

Las vidas de Jorge Juan y Manuel Catalán guardan un paralelismo asombroso. En primer lugar, son marinos de la Armada y científicos polímatas, es decir, con conocimientos profundos en diversas materias. Sabemos las de Manuel Catalán, porque que las refirió en la entrevista; y en el caso de Jorge Juan está documentado que fue matemático, hidrógrafo, geodesta, astrónomo e ingeniero naval.

Además, ambos emprendieron expediciones científicas a tierras inhóspitas. Manuel Catalán nos explicó sucintamente la que realizó al polo sur; y con respecto a la de Jorge Juan se impone recordarla brevemente. Formó parte, junto con Antonio de Ulloa, de la histórica misión al Virreinato de Perú de la Corona de España para tratar de resolver definitivamente la forma de la Tierra, pues por aquel entonces había dos teorías contrapuestas: unos científicos afirmaban que era un elipsoide achatado por los polos y otros que era un esferoide alargado por los polos. La aportación científica de Jorge Juan fue decisiva al emplear por primera vez un método de triangulación geodésica.

También los une el hecho de haber ejercido la docencia. Conocemos la andadura de Manuel Catalán; y en el caso de Jorge Juan sabemos que impartió clases en diversas instituciones de enseñanza superior

Y, por último, cabe destacar otro vínculo común: ambos desempeñaron cargos institucionales en representación de España a nivel internacional: Manuel Catalán en los organismos que mencionó y Jorge Juan como diplomático en nombre de la Corona.

Es sorprendente constatar cómo Manuel Catalán encarnó en los siglos XX y XXI el mismo rol y espíritu ilustrado que Jorge Juan representó en el siglo XVIII.

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