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Yrsa Sigurðardóttir: "En una sociedad pequeña como Islandia, la reputación lo es todo"

  • Yrisa Sigurdardottir.
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VALÈNCIA. El nordic noir sigue marcando el pulso de la novela negra a nivel mundial e Yrsa Sigurðardóttir es una de sus actuales referentes. La escritora islandesa está dando la vuelta al mundo con Los casos de Freyja, una serie protagonizada por una psicóloga infantil y un detective policial. Tanto en El grito como en El castigo, la escritora utiliza la infancia para hablar de la pérdida de la inocencia, el peso del trauma y las grietas de una sociedad pequeña donde la reputación puede resultar decisiva. “La sensación de que algo malo está a punto de pasar es lo esencial del suspense”, señala la autora sobre su estilo de escritura.

Sigurðardóttir, que estuvo presente en el pasado festival VLCNegra, contesta las preguntas de Culturplaza.

— Aunque tus novelas no están completamente atravesadas por la violencia, hay una sensación constante de amenaza, incluso en escenas aparentemente cotidianas. ¿Cómo trabajas esa tensión?
— Desde muy joven he sido una gran fan del terror y, para mí, una de las partes más importantes de escribir suspense es la construcción previa, la atmósfera que conduce al acontecimiento. En realidad, es mucho más importante que el propio acontecimiento. Esa sensación para el lector de que algo malo está a punto de pasar, de preguntarse si va a ocurrir o no… creo que ahí está lo esencial. Y supongo que, como soy una fan del terror, entiendo bien esa dinámica.

— A través de Freyja exploras el mundo de los niños dentro de las historias criminales. ¿Cómo cambia la presencia de los niños una historia, tanto en la escritura como en la lectura?
— Creo que normalmente los niños no suelen estar muy presentes en las novelas de crimen o, si lo están, ocupan un lugar muy pequeño. Evidentemente hay libros en los que tienen un papel importante, pero en Islandia, por ejemplo, la mayoría de los asesinatos ocurren dentro del círculo cercano de la víctima: amigos, familiares… No suele ser alguien desconocido quien mata. Y dentro de ese círculo afectado por el crimen hay niños que también sufren las consecuencias. Está esa pérdida de la inocencia, porque creo que ellos están menos preparados para afrontar acontecimientos tan traumáticos.

Me parece más realista incluirlos, porque si no estuvieran presentes no sería creíble en una novela ambientada en Islandia. Y además es interesante —o más bien un reto— intentar describir las cosas desde la mirada de un niño. Yo ya no soy una niña, aunque lo fui, así que supone un desafío a la hora de escribir sus puntos de vista o sus reacciones.

— Hablando de niños, el trauma también está muy presente en tus novelas. ¿El pasado desaparece alguna vez del todo?
— Creo que forma parte de todos los personajes. Una de las cosas de escribir personajes es entender, al menos en tu cabeza aunque no siempre aparezca en la página, quiénes son realmente esas personas. La gente reacciona de maneras distintas y quieres ser fiel al personaje que estás escribiendo. Para eso necesitas comprender su pasado.

Parte de eso aparece en el libro y otra parte se queda solo en mi cabeza. Y creo que, más allá de la literatura, todos somos en cierta manera una construcción de lo que nos ha ocurrido antes. Si yo hubiera nacido en otro país distinto de Islandia y en otras circunstancias, sería una persona completamente diferente.

— También a través de los niños revelas ciertas dinámicas familiares y sociales. ¿Crees que lo que ocurre con ellos puede reflejar dinámicas de toda una sociedad?
— Sí, estoy segura de que las sociedades difieren en la manera de criar a los niños y de afrontar con ellos situaciones traumáticas. Islandia es bastante relajada en ese sentido. Así que sí, creo que no funciona exactamente como un espejo, pero sí refleja cómo es una sociedad.

  • Yrisa Sigurdardottir. -

— Freyja y Huldar comienzan El castigo marcados por el final de El grito. ¿Qué carga emocional arrastran hacia este nuevo caso?
— En este nuevo caso, por ejemplo, Freyja está muy afectada porque es una persona muy ambiciosa y muy implicada en su trabajo. Está muy molesta por haber perdido su posición dentro de su lugar de trabajo. A Huldar, en cambio, le da bastante igual. Y eso sirve para mostrar hasta qué punto son personajes distintos y qué motivaciones mueven a cada uno. Esa es, en cierto modo, la carga que arrastran: ella está muy dolida, mientras que él está más preocupado por haberla decepcionado que por haber perdido el puesto de jefe.

— ¿Planificaste el arco de los personajes antes de empezar a escribir o lo vas descubriendo a medida que avanzas en la escritura?
— Lo voy descubriendo mientras escribo. La única cosa que tenía clara desde el principio era que no quería que se convirtieran en pareja a mitad de la serie o ya en el segundo libro, porque eso no me parece muy interesante. Entonces se pierde esa dinámica entre ellos si empiezan a ir juntos al supermercado o a meter platos en el lavavajillas. Quiero decir, eso no tiene mucho interés. Así que tendrán una relación turbulenta, de idas y venidas, a lo largo de toda la serie. Y cómo terminará… eso ya veremos.

— Islandia tiene un peso muy importante en tus libros. Están el clima, la oscuridad, el aislamiento. Quería preguntarte si todo eso es realmente esencial para desplegar estas historias o si somos los lectores de otros países quienes lo percibimos así.
— Creo que cuando escribo lo hago de manera inconsciente. No es una decisión deliberada de “voy a incluir el paisaje islandés” o “voy a incluir el clima”. Es simplemente que son factores tan importantes en la sociedad y en la vida cotidiana que no tendría sentido dejarlos fuera. En Islandia puede hacer sol por la mañana, llover al mediodía y nevar por la noche. El tiempo es un tema constante de conversación.

La naturaleza es una parte fundamental de lo que hace habitable el país y tiene un peso enorme en la vida diaria. Ves el océano prácticamente desde cualquier lugar donde vivas, están las montañas, los inviernos oscuros… Todo eso forma parte de la cotidianeidad.

La cuestión es que he escrito creo que 21 novelas de crimen y terror y solo dos, si acaso, transcurren en verano. Y es porque siento que no encaja situar este tipo de historias oscuras en la luminosidad del verano.

— Muchos de tus personajes cargan con culpas, secretos o heridas difíciles de expresar. ¿De qué manera la personalidad y las costumbres de la sociedad islandesa moldean esos casos?
— No lo sé. Supongo que sí influye porque los lectores islandeses reconocen la sociedad que describo. Pero las descripciones del clima y esas cosas no creo que las perciban como una representación explícita de Islandia; para ellos es más bien una manera de situar la escena. Probablemente sea algo más perceptible para un lector extranjero que para uno islandés.

Y creo que depende de cada persona. No me parece buena idea intentar esconder el trauma, reprimirlo y olvidarlo. Pienso que la gente necesita afrontarlo. Pero una de las cosas que sí pueden influir en Islandia para guardar secretos es que se trata de una comunidad muy pequeña. No diría que todo el mundo conoce a todo el mundo, pero las distancias entre las personas son muy cortas. En una sociedad así, la reputación es muy importante, porque si la pierdes es muy difícil recuperarla. Así que mucha gente puede ocultar cosas simplemente para proteger esa reputación.

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— ¿Cómo suele comenzar una de tus novelas: con una imagen perturbadora, un crimen, un personaje o una pregunta moral?
— Es muy diferente en cada libro. A veces es un concepto, otras veces un lugar. Pero nunca ocurre que toda la historia aparezca de golpe en mi cabeza. Normalmente empieza con una pequeña semilla.

En el caso de esta novela, una de esas semillas fue que le regalé a mi sobrino una cápsula del tiempo por Navidad para que guardara cosas dentro. Y eso me hizo pensar en lo interesante que es una cápsula del tiempo como concepto para traer algo del pasado al presente. ¿Por qué un objeto antiguo reaparecería de repente? Una cápsula del tiempo era una buena manera de plantearlo.

La otra semilla fue un caso real de cuando yo era adolescente, sobre cómo el sistema le falló completamente a una niña pequeña. Era algo más joven que yo y vivía en la misma zona. Así que esas dos ideas fueron el punto de partida. Y luego viene mucho trabajo de pensar cómo hacer que funcione la historia, cómo se desarrollaría… Normalmente empieza con una semilla, luego otra, y poco a poco voy construyendo la trama.

— Fuera de Islandia y de los países nórdicos, lo que más nos llega de vuestra literatura son novelas negras. Háblame un poco del panorama literario de tu país y, si quieres, recomiéndanos algún autor que creas que debería llegar a España.
— En Islandia los libros más vendidos son las novelas de crimen, todos los años. Los tres nombres más importantes serían probablemente Ragnar Jónasson, Arnaldur Indriðason y yo misma, y creo que todos estamos traducidos al español.

Luego hay algunos autores jóvenes que están empezando, aunque no muchos. Y también tenemos escritores de literatura más “alta” o más literaria, algunos de ellos traducidos, aunque no sé si al español. Está Jón Kalman Stefánsson, Hallgrímur Helgason, Auður Ava Ólafsdóttir… Pero esos libros no viajan tanto como la novela negra.

Y creo que eso se debe a que formamos parte de esa etiqueta llamada Nordic Noir. Eso le da al lector español una idea bastante clara del tipo de libro que va a encontrarse. Aunque todos los autores escribimos de manera diferente y las novelas son distintas entre sí, hay ciertos rasgos comunes que el lector espera encontrar.

— ¿Crees que nos estamos perdiendo una parte importante de vuestra literatura?
— Sí, claro. Estoy segura de que en España tenéis autores de gran literatura que conectan más directamente con el público español. Pero sí, escritores como Jón Kalman Stefánsson o Auður Ava Ólafsdóttir están escribiendo historias muy bellas que podrían funcionar perfectamente en España, aunque normalmente describan atmósferas muy islandesas.

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