VILLENA. El municipio alicantino de Villena ha homenajeado al escultor local, Antonio Navarro Santafé, en su 120 aniversario con una reinterpretación de su obra más famosa, El oso y el madroño, que se ha situado en el céntrico paseo Chapí de la ciudad. La pieza del artista local Anyel Martínez lleva el nombre de Raíces del alma, y pretende convertirse en un nuevo reclamo turístico y símbolo de la ciudad.
La obra reinterpreta de forma contemporánea el conjunto escultórico El oso y el madroño, símbolo de la ciudad de Madrid, utilizando un lenguaje artístico basado en la geometría, la luz y la fuerza expresiva del acero. Con esta creación, Martínez establece un diálogo entre la tradición escultórica y una visión actual de la escultura monumental contemporánea.
El alcalde de Villena, Fulgencio Cerdán, está convencido de que la obra va a ser un reclamo turístico y un símbolo cultural de la ciudad. En su intervención, ante más de un centenar de personas, destacó que Villena reconoce a sus artistas, muchos y de diversas disciplinas, que están triunfando en todo el mundo, como ocurre con Anyel Martínez y su equipo. “El homenaje a nuestro artista, Antonio Navarro Santafé, por parte de otro artista, Anyel Martínez, también de nuestra ciudad, le da un significado especial a este acto”, ha añadido.
En las intervenciones también participaron la edil de Turismo, Paula García, que señaló la importancia de este tipo de apuestas; el concejal, Javier Martínez, que apuntó a la idea de que “en Villena se puede ser profeta en su tierra”; y al director de Cultura, José Ayelo, que considera que se debe poner en valor la obra original ubicada en el Museo Escultor Navarro Santafé, gracias a la mirada contemporánea de esta nueva escultura.
El creador, Anyel Martínez, señaló que la escultura “envejecerá con todos nosotros” como respuesta de los materiales utilizados en su creación, que ha requerido casi un año de elaboración artesanal. El artista ha deseado que Raíces del alma se constituya en un punto de encuentro de visitantes y vecinos de toda la ciudad, en un lugar fotografiable para amigos y vecinos, en una referencia de la ciudad y para la ciudad.
Un oso de acero y un árbol con 4.444 hojas
La pieza tiene una altura total de 4,5 metros, que alcanza casi los seis metros con su pedestal, y un peso superior a las seis toneladas en su conjunto, con sus 1.200 kilos de la figura. La obra está construida sobre una estructura interna metálica revestida con chapa de acero de 3 milímetros, trabajada artesanalmente mediante técnicas de conformado, soldadura y acabado. El proceso de oxidación ha sido diseñado específicamente para la obra, generando una amplia riqueza de tonos, matices y texturas que evolucionarán con el paso del tiempo, convirtiendo la superficie en una “piel viva”.
Además, la escultura incorpora detalles en acero inoxidable en elementos como garras, colmillos y ojos, creando un intenso contraste visual entre la calidez del acero corten y el brillo del acero pulido. Uno de los elementos más destacados de la obra es la copa del árbol, formada por 28 ramas y un total de 4.444 hojas metálicas, elaboradas, conformadas, soldadas y pulidas manualmente una a una.
El conjunto se completa con un pedestal escultórico de hormigón impreso inspirado en formas naturales rocosas, concebido para integrarse visualmente con la pieza y potenciar su monumentalidad.